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Opinión

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La hora de Zaragoza

ACTUALIZADA 11/10/2019 A LAS 02:00
Vistas aéreas de Zaragoza desde la torre de Nuestra Señora del Pilar, la más próxima al Ayuntamieto y a la plaza / 10-10-2016 / Foto: José Miguel Marco
Zaragoza, junto al Ebro, desde una de las torres del Pilar.
José Miguel Marco

Rebasados los primeros cien días al frente de la alcaldía de Zaragoza, la agenda de Jorge Azcón refleja lo que todos vemos: que desde el primer momento no ha parado de acercarse a los zaragozanos. Suma más de 300 actos, con una media de cinco por día, entre encuentros, recepciones y eventos, en los que se ha reunido con instituciones políticas y sociales, organizaciones empresariales, sindicales o ambientalistas, entidades vecinales, clubes deportivos, colegios profesionales, ciudadanos relevantes o anónimos… Citas que ha celebrado además, en la mayoría de los casos, yendo a casa ajena, con la determinación de escuchar a todo zaragozano que tenga algo que decir e incorporar a su estrategia de gobierno aquello que considere de interés general y pueda contribuir a mejorar la ciudad.

De esos encuentros, Azcón explica que una de las demandas más repetida es la reforma del estadio de la Romareda. Sin duda, los 27.000 socios del Real Zaragoza y sus deseos de volver a Primera son imbatibles.

Pero, con ser importante, ese no es el único reto del alcalde. Tras cuatro años de gestión municipal de bajo perfil, y en tiempos en los que la globalización lo altera todo, Zaragoza necesita despertar hacia dentro y hacia fuera. 

Hacia dentro, además de disponer obviamente de servicios públicos eficaces -seguridad, transporte, limpieza, parques, administración…-, impulsando acciones que mejoren Zaragoza. Como preservar el patrimonio singular, combatir la epidemia de los locales vacíos, actualizar de verdad los barrios consolidados y acometer una política de limpieza de fachadas y rehabilitación de edificios que alivie el aspecto de muchas de nuestras calles, hoy, manifiestamente mejorable.

Hacia fuera, vender las muchas y desconocidas virtudes de una ciudad como Zaragoza. Todo aquel que viaja fuera a menudo o ha tenido que residir en otro sitio puede comparar y apreciar el gran nivel de nuestros hospitales y servicios de salud; la buena y variada oferta educativa en todos los niveles; el plus de tener cerca montañas y playas; el coste medio de la vivienda; la calidad de los productos de nuestra huerta y el sector agroalimentarios en su conjunto; el tamaño tan humano de la ciudad, con una horquilla de desigualdades mucho menor que en las grandes urbes… Sin falsos chovinismos. El déficit es que no se sabe. No solo eso: Zaragoza, salvo el paréntesis de la Expo, ha vuelto al imaginario de los vecinos de otras comunidades como un lugar lleno de tópicos. 

El alcalde tiene pues un gran reto en poner a Zaragoza en el lugar que se merece. Y hacerlo además en un momento en el que la voracidad de las grandes ciudades ya es un fenómeno global. 

Si hasta ahora teníamos en la despoblación de la España interior una lacra de difícil reversión, el siglo XXI trae la perversa dinámica de agigantar las grandes ciudades mientras se vacían las medianas. En España, la movilidad territorial enriquece a Madrid y Barcelona, movimiento del que solo se libran Málaga y el País Vasco. Con el agravante de que se van los jóvenes con formación universitaria, en busca de empleos de alta cualificación. 

Defender estas ciudades donde es posible desplegar el arte de vivir y trabajar, para crear oportunidades que permitan a los jóvenes elegir y atraer a nuevos vecinos bien merece el esfuerzo de todos y el liderazgo del alcalde. 

Con la próxima entrada de más operadores ferroviarios, todo va a estar más cerca. Pero que sea para quedarse, no para salir corriendo y acabar viviendo en amargas periferias, solos y a precios imposibles. 

Podemos empezar por algo tan sencillo como contarles a los viajeros que llegan cada día en el tren de las siete de la mañana a cumplir con su jornada laboral en Zaragoza que aquí da gusto vivir. 

Suerte al alcalde en su recién estrenada misión, porque será la de todos los zaragozanos. ¡Y felices fiestas del Pilar!

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