Despliega el menú
Opinión

Opinión

El mundo que queremos

Por
  • Pilar de la Vega
ACTUALIZADA 09/10/2019 A LAS 02:00
Manifestación en Zaragoza por el cambio climático
Manifestación en Zaragoza por el cambio climático
Guillermo Mestre

Hace justamente un año los representantes de los consejos de infancia y adolescencia de Aragón se reunieron en el IV encuentro. La ciudad elegida para realizarlo fue Ejea de los Caballeros, Ciudad Amiga de la Infancia. ‘El mundo que queremos, medio ambiente sostenible’ era el lema del encuentro. Durante todo el año lo habían desarrollado en sus consejos de infancia. A modo de ejemplo, el trabajo realizado en Calatayud ha permitido la presencia de representantes de su Consejo de infancia en foros nacionales y europeos que a lo largo de este año se han desarrollado. Por ello no me sorprende que el día 27 en las calles de toda nuestra Comunidad haya habido una presencia numerosa de jóvenes. No pude estar con ellos. Ese día me encontraba en una de las ciudades, Zúrich, considerada como de las más sostenibles. Como señala John Wilmoth, director de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU: «La gestión de las áreas urbanas se ha convertido en uno de los desafíos más importantes para el desarrollo en el siglo XXI». Los nuevos patrones de consumo y de producción han cambiado el modo de vida urbano. Hoy día la tendencia viene marcada por la concentración de habitantes en ciudades. Tan es así que la población urbana ha pasado de 751 millones en 1950 a 4.200 millones en 2018. Este cambio supone importantes retos de gestión para lograr entornos sostenibles que garanticen el bienestar y, a su vez, cuiden del medio ambiente. Las ciudades se han convertido en espacios en los que hay que fomentar la movilidad mediante modelos de transporte sostenible, que deben apostar por la innovación tecnológica, para convertirse en ciudades conectadas, y que deben ser capaces de cubrir las demandas energéticas, a la vez que garanticen la resiliencia, la calidad ambiental y la gestión adecuada de los recursos. El 27 de septiembre quedará en los calendarios globales como el día en el que empezó todo. Uno de los momentos que no olvidaremos es la presencia de 16 activistas climáticos en la casa de Unicef para expresar al poder que hace 30 años prometieron a los niños del mundo que defenderían sus derechos y les han fallado dado que la crisis climática es una crisis de derechos infantiles. Por ello dieciséis niños solicitantes -además de Greta Thunberg, activista sueca por el clima de 16 años, y Alexandria Villaseñor, activista climática americana de 14 años, los otros 14 solicitantes proceden de Alemania, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Francia, India, Islas Marshall, Nigeria, Palaos, Sudáfrica, Suecia y Túnez- han presentado una histórica queja oficial al Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas para protestar por la falta de acción de los gobiernos frente a la crisis climática. Los firmantes alegan que el fracaso de los Estados miembros a la hora de abordar la crisis climática constituye una violación de los derechos de la infancia. Por eso instan a este organismo independiente a ordenar a los países que tomen medidas para proteger a los niños frente a los efectos devastadores del cambio climático. El cambio debe producirse ahora si queremos evitar las peores consecuencias. La crisis climática no es solo el clima. Implica también falta de alimentos y falta de agua, lugares inhabitables y refugiados. «Hace treinta años, los líderes mundiales hicieron una promesa histórica a los niños del mundo al firmar la Convención sobre los Derechos del Niño. Hoy, los niños del mundo quieren que el mundo se responsabilice de ese compromiso», asegura la directora ejecutiva adjunta de Unicef, Charlotte Petri Gornitzka: «Apoyamos completamente a los niños que ejercen sus derechos y adoptan una actitud firme. El cambio climático afectará a cada uno de ellos. No es de extrañar que se estén uniendo para defenderse». De la misma manera que tras las manifestaciones del 8 de marzo renacía en mí la esperanza y pedía compromiso para que no fuera un solo día, hoy deseo lo mismo. Tengo confianza en que aquellos gobiernos que desarrollan políticas inclusivas, que tienen instituciones sólidas y democráticas, serán capaces de responder a esos cambios de forma social y políticamente sostenible. Los ciudadanos, jóvenes y mayores, han demandado un mundo sostenible. Ahora es el momento de la respuesta para fortalecer los vínculos de los ciudadanos con la política.

Etiquetas