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Opinión

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Sentido y razón

Por
  • Luisa Miñana
ACTUALIZADA 05/10/2019 A LAS 02:00
El viejo cementerio de Villanueva de Jalón.
El viejo cementerio de Villanueva de Jalón.
Jesús Macipe / HERALDO

El pasado fin de semana participé en el II Encuentro en torno a la Celtiberia literaria, celebrado al buen amparo de la hospitalidad de Gotor, la Comarca del Aranda y la Asociación de Amigos de la Celtiberia. Se habló mucho de lo ocurrido en esta España interior, abandonada y sola. Últimamente en los medios de comunicación, en los libros, en las charlas y en las calles se habla mucho de estos pueblos despoblados, de esta vida que se sigue escapando por la herida de un silencio previo que, por connivencia, interés o ignorancia, ha durado demasiado como para que pueda ser completamente cauterizada. Provengo de esa centrifugación, que no ha dejado de agitarme con los años. Soy una antigua charnega, hija de la emigración aragonesa a Barcelona, donde se conocieron mis padres. Mis abuelos, Francisco y Carolina, cerraron la última puerta de Villanueva de Jalón, que se derrumbó tras ellos. Si recuerdo mi infancia, viajo de uno a otro lugar, tan distantes, ya por aquel entonces, en sus tiempos históricos.

Asistimos a una cierta multiplicación de la melancolía por la naturaleza, del sentimiento de regreso a la ‘vida de aldea’. No hay síntoma más claro que este, en cualquier época, de una profunda crisis social y política. Y, quizás, no se trate sólo de volver, quien quiera. Los territorios locales ‘gentifugados’ contienen instrumentos para el sentido y razón de ser, que deberían penetrar y rehumanizar la laminadora uniformidad global. Somos demasiado pequeños para sobrevivir sin ellos.

Luisa Miñana es escritora. Acaba de publicar #el poemario ‘Este es mi cuerpo’ (Lastura Ediciones)

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