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Opinión

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Nuevo curso, nuevas ideas

ACTUALIZADA 16/09/2019 A LAS 02:00
Universidad de Zaragoza
Universidad de Zaragoza
Universidad de Zaragoza

Comenzamos un nuevo curso en la universidad. Volvemos a las aulas como todos los septiembres a formar nuevos y veteranos alumnos. ¿Podemos esperar y ofrecer algo diferente este curso? La respuesta, al menos a nivel universitario, es un rotundo sí.

Académicamente no tenemos grandes retos inmediatos pero, como cada cuatro años, el mandato democrático exige que elijamos a nuestros gobernantes universitarios. Los ajenos a nuestra institución puede que no estén familiarizados con lo que esto supone. Solo quiero darles dos cifras para que se hagan una idea. La Universidad de Zaragoza es una institución que engloba a más de 5.000 personas entre profesorado y personal de administración y servicios, forma a más de 30.000 estudiantes y maneja un presupuesto de varios cientos de millones de euros. Si fuéramos una empresa productiva, estaríamos en el top 20 en nuestra Comunidad.

En este artículo quiero hacer hincapié en dos hechos que considero fundamentales. El primero atañe a la importancia de nuestra institución. Formamos más del 90% de los titulados en Aragón. Esto implica que la calidad de la educación superior es, mayoritariamente, nuestra responsabilidad. Se dice con frecuencia que la economía aragonesa depende en exceso de Opel. Pues en el caso universitario, la dependencia es incluso superior. Si nosotros no lo hacemos bien, muchas promociones verán mermadas sus posibilidades profesionales, con un resultado terrible. Pobreza interior y emigración educativa de los pudientes. Por tanto, la calidad de nuestra enseñanza, su adecuación a nuestro territorio, la sostenibilidad financiera y la utilidad socio-económica de la UZ en Aragón son responsabilidades de primera magnitud. No debemos defender un modelo formativo de sesgo elitista hacia unas determinadas áreas de conocimiento y sin conexión con el territorio. La pretendida excelencia propugnada por sus defensores solo tiene en cuenta uno de los aspectos de nuestra actividad. Los más de 30.000 estudiantes desarrollarán su vida profesional mayoritariamente en actividades que estos ‘expertos’ consideran demasiado prosaicas. Creo que este no es el fin que el contribuyente aragonés quiere financiar con sus impuestos.

La segunda consideración sobre la que quiero llamar la atención es sobre la gobernanza democrática de la institución. Es un mandato legal que seamos nosotros nuestros propios gestores. Tenemos que hacerlo y no por causa de la manida endogamia que dicen que nos caracteriza. Es la mejor manera de responsabilizarnos de nuestros propios actos y decisiones. Y la responsabilidad viene originada por una doble vertiente. La primera es porque debemos dar cuenta del importante, aunque insuficiente, presupuesto público. Pero no debemos olvidar que la universidad tiene competencias exclusivas en educación. Esta responsabilidad, por tanto, es lo que subyace detrás del modelo democrático de gobierno. La elección directa de rectores y decanos, a través de los anteriores, ya la ‘disfrutamos’ en España muchos años y el resultado fue poco edificante.

Los mismos sabios que propugnan una universidad centrada exclusivamente en unas líneas de investigación, que ellos consideran adecuadas, son también los que defienden que la elección universal de cargos de responsabilidad es la causa de los fallos que impiden alcanzar la excelencia. Propugnan el gobierno de los mejores, quedando la definición de ‘mejor’ en unas pocas manos. Las suyas, como era de esperar. La historia ha demostrado que las sociedades democráticas logran un nivel de bienestar y de calidad de vida de sus ciudadanos muy superior a cualquier dictadura.

Desde hace ya un tiempo, un grupo de personas estamos trabajando en la formación de una alternativa para el gobierno de la UZ siguiendo esta línea de pensamiento. La labor es compleja y no se pueden improvisar medidas. Viendo el ejemplo que los políticos están dando en Madrid, estoy convencida de que lo que menos necesitamos son juegos florentinos practicados por aprendices de Maquiavelo. Creemos que podemos y debemos hacerlo, y lo afrontamos con la ilusión de saber que es posible mejorar una universidad a la que hemos dedicado nuestra labor profesional, y con el afán de servir a nuestro territorio. Ahora es el momento de pedir apoyo y colaboración a la comunidad universitaria y a la sociedad aragonesa para que ayuden a conseguir que el nuevo curso venga acompañado de nuevas ideas.

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