Opinión

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Pactos de la lechera

Por
  • David Serrano-Dolader
ACTUALIZADA 09/09/2019 A LAS 02:00
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias al inicio de su reunión este martes.
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la Moncloa.
Efe

El pactómetro calibra cómo va la carrera en el pactódromo para intentar guardar bajo llave un ‘sí quiero’ en la pactoteca. ¡Qué galimatías!

Y ocurrió… que el feroz lobo acordó con la cándida Caperucita no morder ni a la abuela ni a la niña y, en su lugar, irse al bosque a recolectar setas (abrigando bien a la abuela por aquello del reuma).

Y sucedió… que los tres cerditos (¿eran cuatro?) llegaron al acuerdo de compartir una vivienda en multipropiedad en Benidorm con el otro lobo a cambio de que no les derrumbara sus edificaciones de protección oficial.

Y acaeció… que Pulgarcito ofreció gominolas de calimocho a la vaca para que no se lo comiera; y así se pasaron la tarde vaca y niño (niño y vaca) calimocho va, calimocho viene. ¡Y tan felices!

Y aconteció… que, tras un buen tira y afloja, la mala malísima de la bruja-madrastra ofreció a Blancanieves una riquísima manzana envuelta en velo de caramelo carmín a cambio de que la bella moza le zurciera la capa negra negrísima con primorosa delicadeza.

Y resultó… que el patito feo llegó a un acuerdo con sus hermanos para que le cedieran unas cuantas plumas de caña fina mientras que él les dio lecciones de canto (tanto de pato como de cisne).

Y Pedro y Pablo seguían y seguían discutiendo, criticando, usurpando, ministeriando, embarullando… Y llegó la vaca y los pateó, y llegó la bruja y se los asó, y llegó el lobito y se los comió. Y colorín… ¡colorado me he quedado!

Como diría el loco: cuando una puerta se cierra, cada lobo por su senda.

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