Opinión

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Conversar

ACTUALIZADA 29/08/2019 A LAS 02:00
UNIVERSITARIOS PREPARAN LOS EXAMENES EN LAS BIBLIOTECAS TESTIMONIOS / 04-01-2012 / FOTO: ARANZAZU NAVARRO
Sala de lectura en una bibliteoca.
Aránzazu Navarro

Hace un par de días estuve hablando con uno de mis vecinos, el señor Eugenio. Este verano nos hemos visto menos que en años anteriores cuando, por lo general, ambos coincidíamos comprando el pan, en la calle o paseando. Esta vez nos hemos encontrado en uno de los actos de las fiestas. En medio del barullo nos saludamos y, aprovechando la oportunidad, nos sentamos en una de las mesas del bar donde estuvimos conversando un buen rato. Entre unas cosas y otras, nos dio para repasar lo humano y lo divino. 

Primero empezamos por los temas de salud. Está claro que cuando la maquinaria cruje, el mundo ya no se ve de la misma manera. Somos y tenemos un cuerpo que no se nota que existe, hasta que falla. Está ahí, pero nunca es buen momento para cuidarlo. En los últimos meses ha tenido que ir de médicos como nunca antes. Por eso, como me decía, hasta la primera semana de agosto no se animaron a subir al pueblo. Los achaques de él y de su esposa le han frenado. Siente que ya no tienen las mismas energías ni se encuentran en la mismas condiciones. Sobre todo, le apura la salud de su mujer. No tiene la misma autonomía. Ella no se puede quedar sola sin que alguien esté al tanto, porque puede pasar cualquier disgusto. Aunque físicamente está fuerte, su cabeza ya no es la que era. Y precisamente esto le está produciendo al señor Eugenio muchos quebraderos y cansancio general. 

Es muy consciente de que cuando se cuida a un ser querido, también se ha de aprender a cuidarse a sí mismo. Pero esto no es nada fácil. No es sencillo encontrar los tiempos para despejarse, para respirar, ni el momento preciso para desconectar. Por mucho que se sepa la teoría, la cabeza de uno también se satura. Es difícil salir de la inercia de la entrega y del desgaste. Esta es una experiencia común en muchas familias. Incluso contando con ayuda, es fácil caer en el síndrome del cuidador. En este caso, el señor Eugenio, con ayuda de su hijo y de su hija se ha organizado para contar con apoyos y tener un rato diario para pasear. Sabe que si no hace por caminar, se quedará apalancado en casa y no irán a mejor. Pese a todo, cuenta con buen humor. Ha decidido volver a fumar, como dice: "Con ochenta y cinco años el tabaco ya no me va a engañar más".

Después cambiamos de tercio. Nos pusimos a conversar de las dos cosas que más le apasionan: religión y política. Las dos cree que tienen que ver con la educación y la formación de la gente. Si las personas piensan y están formadas, la vida en sociedad es necesariamente distinta. Y eso hace que cambie todo. Aunque hemos avanzado mucho en oportunidades y condiciones de vida, los cachivaches tecnológicos cree que están haciendo estragos entre los críos y jóvenes. No los ve leer, solo mirando pantallas. Y eso le preocupa porque la gente se embrutece y es más fácil de domesticar. 

Al abordar la cuestión religiosa sacó con coraje de su memoria todo aquello que no puede olvidar de su infancia y juventud. Los efectos de la guerra civil y los años de posguerra le dejaron un imborrable recuerdo de injusticia. Recordó los malos tragos de una época que estamos obligados a no repetir. Repasó los siete pecados capitales para mostrar cómo la Iglesia, en tanto que institución, los tiene todos menos la pereza para hacerse con los bienes de este mundo. Sin embargo, al tocar los elementos sustanciales que tienen que ver con cuidar a quien es débil, con distribuir justamente la riqueza, con no dejar en la estacada a nadie que necesite ayuda, terminamos llegando a más de un consenso. 

Como con la cosa política, ahí coincidimos en el diagnóstico. Le escandalizan los votos que pueden resucitar problemas del pasado; lo que nos quedaba claro es que sin un pueblo que no sea chusma, sin unas gentes que no sean populacho, no puede mejorar nada. O dicho de otra manera, desde su experiencia hace falta leer para pensar y pensar para vivir. Sin esas dos condiciones el sistema seguirá produciendo los mismos problemas e injusticias de siempre. 

Chaime Marcuello Servós es #profesor de la Universidad de Zaragoza

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