Despliega el menú
Opinión

Copia

Por
  • Pedro Rújula
ACTUALIZADA 30/07/2019 A LAS 02:00
Calle estebanez, 27 Libro que va a salir a subasta en Paris / 24-03-2014 / FOTO: GUILLERMO MESTRE
Copiar era la manera de difundir las obras antes de la imprenta.
Guillermo Mestre

Tiene algo de revelador que un estudioso de las humanidades clásicas como Luciano Canfora dedique un reciente ensayo a la copia. Pudiera pensarse que copiar está ligado a la tecnología y a la facilidad con la que hoy nos apropiamos de contenidos ajenos que de forma sencilla pueden ser reenviados, recortados, manipulados, almacenados… Después de dos o tres de estas transacciones, el autor ha dejado de existir, el producto intelectual se ha convertido en patrimonio colectivo y un texto, o una imagen, pueden ser ya reapropiados impunemente por cualquiera sin que la acción conlleve grandes reproches. Desde luego no de quien lo hace, pero tampoco de quien contempla el espectáculo del ‘patchwork’ de escasa calidad al que cotidianamente asistimos.

Sin embargo la copia no es algo nuevo. Todo lo contrario, copiar era la manera de difundir los textos antes de la imprenta. El traductor también ha sido siempre un copista, pero alguien que copia en otra lengua. Lo interesante de la obra de Canfora, ‘Il copista come autore’, es que analiza cómo el copista considera suyo lo copiado. Leer, resumir, reproducir, traducir… han sido tradicionalmente procesos que sitúan al artífice al borde del precipicio de la copia, en el lugar donde el vértigo de la originalidad se deja sentir. Y es aquí donde las actitudes del pasado y del presente se confunden. En ese momento intemporal en que quien copia deja de ser consciente de la usurpación para disfrutar, exultante, del sentimiento de autoría.

Pedro Rújula es profesor de Historia Contemporánea (Unizar)

Etiquetas