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Opinión

Una grave infección

ACTUALIZADA 14/07/2019 A LAS 02:00
Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Reunión de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
Efe

Sánchez exige gobernar por ser la lista más votada, pero no consiente que otras candidaturas ganadoras gobiernen allí donde vencieron, como sucede en Badalona o en Navarra. 

En Badalona, si bien García Albiol ganó dos veces las elecciones, para que no gobernase, el PSC pactó en 2015 y 2019 con ERC, PDeCAT y la CUP. En 2015, el PSC votó a una desastrosa alcaldesa de la CUP. En 2018, con solo 3 ediles, pidió al PP sus 10 votos y así fue alcalde un socialista. Albiol en 2019 tuvo 11 ediles, pero el PSC, con solo 6, ha vuelto a pactar en su contra con los separatistas. Conclusión: si el separatismo tiene bastantes escaños, el PSOE de Sánchez pacta con él. Lo mismo en el País Vasco y en Navarra.

La ministra Celaá, bilbaína, ha dicho (día 5) que el PSN «no ha negociado nada con los independentistas». Falso, porque Geroa Bai (PNV) lo es. Y ha suscrito un programa con puntos muy del gusto de Bildu. Navarra será regida por el PSN, pero con la venia separatista, pues el complejo Ferraz/Moncloa no ha querido pactar nada con Esparza (candidato de Navarra Suma, la lista más votada). De sobra lo sabe Celaá.

Sánchez, que dice compartir la defensa de la Constitución y el perfil foral de Navarra, en realidad se amista con quienes piden su anexión a Euskadi, primer paso para uncirla al carro separatista. Tampoco el PSN denuncia el lema ‘Nafarroa Euskadi da’ (Navarra es Euskadi). Frase tramposa, pues significa en realidad que Navarra ‘sólo’ es Euskadi. Navarra se esfuma así como matriz de los reinos de Aragón y Castilla, pues navarros fueron Ramiro I de Aragón y Fernando I, rey de León y conde de Castilla, la cual legó como reino a su hijo Sancho II. ‘Nafarroa Aragoi eta Gaztela da ere’, debería decirse: también es Aragón y Castilla. Pero Ferraz prefiere no tocar estos asuntos.

La asombrosa Dolores Delgado, émula de Celaá, ha hecho (22 de junio) esta reflexión: «Hasta ahora, todos los partidos políticos hemos aceptado la Constitución en nuestra forma de ser. Todos los que están en el arco parlamentario, en el Congreso y en el Senado. Ha irrumpido un partido [Vox] que en su ideario rechaza partes de la Constitución y esto es lo que tenemos que analizar. No los que tenemos, que son partidos plenamente constitucionales».

Según ella, pues, los partidos de Puigdemont-Torra, Otegi y Junqueras han asumido en su ‘forma de ser’ (¡?) la Constitución de 1978. Qué grosería. En diciembre, el bildutarra Matute (oriundo de IU), soltó esta perla: «A ver, ministra del PSOE. EH Bildu no avala ni le gusta la Constitución. Porque defendemos los derechos de los pueblos y la dignidad de las personas estamos en contra». Ningún Gobierno de España, ninguno, debe sonreír a quienes postulan un supuesto derecho a decidir propio de colonias. Esa barrera es (debiera ser) tan importante que incluso el gran fingidor Pablo Iglesias está presto a renunciar a su posición favorable a la autodeterminación («Estoy dispuesto a ser leal y disciplinado», prodigioso, día 12), a cambio de sentarse en el Consejo de Ministros. (Aplicación del axioma grouchomarxiano ‘Si no le gustan mis principios, tengo otros’).

En cuanto a Vox, en Murcia y en Madrid, los enfatizados ‘intereses superiores de España’ se esfuman si alguien les irrita la epidermis. Ya caerán en la cuenta.

El modelo de conducta del PSC-Iceta en Badalona lo ha repetido en Pamplona el PSN-Chivite, como hizo en Vitoria el PSE -Mendia. Es más que una tendencia, es una lamentable pauta de Ferraz. (Que los separatistas catalanes se detesten entre sí alivia un tanto la situación).

Para gobernar establemente en España hacen falta 175 diputados. PSOE y Cs suman 180 y si no pactan será porque no quieren, pues en 2016 fueron capaces de acordar nada menos que 200 medidas de gobierno. Rivera no se atreve con Sánchez, en un caso de cobardía política que se suma al error de sacar a Arrimadas de Cataluña y llevarla a Madrid, donde sufrirá una lisis. En Aragón tampoco hay avenencia entre Lambán y Pérez, no queda claro por qué, quizá porque la respuesta está en otras latitudes.

La regla del PSOE

La regla ahora es esta: en las regiones donde la hegemonía (en escaños, no tanto en votos) es nacionalista, el PS se ofrece como socio preferente y rechaza pactos de gobierno o legislatura con nadie más. Aparenta que está en una pugna contra la derecha, pero la realidad es que se alía con gente tan conservadora como aranistas y pospujolistas, fuerzas locales partidarias de fracturar España, que reclaman la emancipación nacional como si Cataluña y las provincias vascas fueran colonias. El derecho de autodeterminación debiera ser causa de repudio para el PSOE. Pero, no lo es. Si fuera cierto que esta actitud tiene el apoyo de sus bases (lo apunta el CIS de junio), España tiene en el actual PSOE una grave infección, cuyo vector principal es Sánchez. Este sesgado NeoPSOE, creado por Zapatero, tras purgas inclementes, pacta gobiernos con el separatismo y los urde de modo que CUP y Bildu (cuya matriz es el Sortu de Otegi) no los repudien. «El gobierno PSOE-Podemos es el mejor de los posibles. El independentismo tiene que jugar esta partida». Lo dijo Otegi el día 8. En castellano, que se entiende bien.

Sánchez se mofaba de Rajoy en 2016 por solicitar la investidura sin tener apoyos. Él se esfuerza en no lograrlos, acaso para esparcir un cierto olor a elecciones y ganar unos meses en su agenda.

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