Opinión

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Nuevos partidos, vieja política

La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio.
La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio.
Efe

El desafío independentista catalán ha desencadenado un choque de identidades que ha reconvertido el nacionalismo español, hasta ahora en manos de una extrema derecha minoritaria, en un proyecto de corte populista-radical muy semejante al que ha surgido en otras democracias consolidadas. Su inspiración es el movimiento neoconservador estadounidense (Steve Bannon) con un ideario muy centrado en los valores y la moral. Alejado, pues, de las dos corrientes del pensamiento derechista hispano desde el siglo XIX: la teológico-política, con una evidente inclinación hacia el autoritarismo que triunfó en la Guerra Civil, y la propiamente liberal-conservadora, que conoció su época de esplendor con la Restauración canovista y que desapareció durante largo tiempo tras el fracaso de Alcalá-Zamora y Maura.

Vox es el nuevo partido de la extrema derecha, como Podemos lo es de la extrema izquierda y Ciudadanos del centro. Todos nuevos, pero todos practican la vieja política. Por eso Santiago Abascal y sus huestes hacen valer sus escaños para arañar parcelas de poder a pesar de Cs. Por ahora mantienen en vilo la gobernanza de las comunidades de Madrid y Murcia, aunque no tensarán demasiado la cuerda porque saben que sus votos, si no van a conformar gobiernos de las tres derechas, facilitan el acceso al poder de partidos de izquierdas. No obstante, parece que Vox comparte con los otros dos nuevos partidos la misma vocación obstruccionista que la del perro del hortelano: ni come ni deja comer.

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