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Opinión

Golda Meir

ACTUALIZADA 24/06/2019 A LAS 02:00
Signo reivindicativo durante una concentración feminista.
Signo reivindicativo durante una concentración feminista.
Kiko Huesca / Efe

Hay días que empiezan mal, enredados entre viejas sillas armario; sin que te arranque el ordenador y pisando una bolsita de vinagre que te deja frita la alpargata. Hay días que salen raro, porque vuelve Josu Ternera en un pimpón policiaco-judicial; o salta el horror de dos hijos capaces de matar a una madre incapacitada y tenerla dos años emparedada en su casa de Pozondón. No alcanzo ni a imaginar cómo es su mente, con lo que yo daría por volver a sentir un abrazo, uno de esos besos apretados de mi madre.

Hay días buenos, que te recuerdan que la vida acaba siempre por colocarnos y ves al Tribunal Supremo ajusticiar al fin a la Manada en lo que es un antes y un después para la Justicia y para la mujer. Y, como ironía, desencaja a la vez piezas del pasado con el recuerdo a las niñas de Alcàsser, el secuestro, violación, tortura y asesinato de Míriam, Toñi y Desirée que nos desgarró a todos en los noventa, en una primera Manada. Su terrible historia y todo lo que siguió se recoge en un documental basado en el libro de Nerea Barjola ‘Microfísica sexista del poder’ donde se rescata del olvido una anécdota de Golda Meir, primera ministra de Israel: en una reunión de su Gobierno, sus colegas varones proponían un toque de queda a las diez de la noche, ante el incremento de violaciones en el país en los años setenta. Golda les preguntó: "Pero, ¿quién viola a quién?". "Los hombres a las mujeres", respondieron. "Pues entonces que se decrete toque de queda solo para los hombres a partir de las diez", propuso ella. Chapó.

(Desde los Sanfermines de 2016 se han registrado 104 casos de ‘manadas’, con 356 agresores sexuales en grupo)

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