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Opinión

Puesta al día

ACTUALIZADA 08/05/2019 A LAS 02:00
Puesta al día
Puesta al día
POL

Acababa de terminar la lectura del libro de Philippe Sands ‘Calle Este-Oeste’, cuando leí una noticia que me hizo reflexionar y mucho. Dicha noticia contaba lo que se conocía como el ‘Por orden juicio a Judas’, una tradición que data del siglo XVIII, que fue suspendida por la Iglesia hace muchos años, pero que, por alguna razón, alguien decidió rescatarla de nuevo. A tenor de las fotos que aparecieron, se comprueba que lo que sucedió en la ciudad polaca de Pruchnik, cerca de la frontera con Ucrania, no fue una mera celebración folclórica, sino una escenificación, algunos lo llaman una ‘puesta al día’, con inequívocas referencias antisemitas, tan burdas como la confección del monigote en cuestión. Lo que más me impactó es ver las fotos de los niños pateando al monigote, que era caracterizado como un judío ortodoxo. A su vez, el alcalde del pueblo les jalea y lo justifica escudándose en la tradición.

A una ciudad ucraniana, Lviv o Leópolis, que antes fue polaca y antes austrohúngara, acudió a dar una conferencia Philippe Sands. Allí había nacido uno de sus abuelos, pero también los dos fundadores del derecho internacional, los juristas que inventaron los conceptos de ‘crimen contra la humanidad’ y ‘genocidio’. Y también había pasado por ahí Hans Frank, el gobernador nazi de Polonia, responsable de la muerte de las familias de estas tres personas. Aquella invitación se convirtió en un libro. Es a la vez una obra de intriga que trata de responder a viejos misterios familiares, la evocación de un mundo perdido, toda la familia de su abuelo fue asesinada por los nazis, y un retrato de las figuras que lograron algo que parecía imposible entonces: que los gobiernos no tuviesen derecho a hacer lo que quisiesen con sus ciudadanos. Y él conoce muy bien lo que ello significó, pues es uno de los abogados de derechos humanos más reputados del Reino Unido. Ha estado implicado en los principales procesos de los últimos años: Pinochet, Bosnia, Iraq, Ruanda.

El historiador siempre lúcido, Tony Judt, al que solemos acudir para comprender este periodo histórico, nos explica en ‘Postguerra’, obra de referencia para entender lo que ha significado para Europa la II Guerra Mundial, que hubo una Europa multiétnica y multirreligiosa que desapareció con la II Guerra Mundial. Un ejemplo, ente otros, sería Lviv, que en los años treinta vivía un bullicio de intelectuales, escritores, arquitectos, comerciantes, con tensiones entre los diferentes grupos, pero era también una urbe vibrante, con música, cine, teatro… Pensemos cuántas de nuestras ciudades son semejantes a esta. Pero en 15 años todo desapareció. No deberíamos preguntarnos si no es posible que pueda volver a suceder. ¿Acaso no estamos asistiendo a un proceso de demonización de los otros, de los diferentes?

También leía, por los mismos días, cómo en nuestro país se producía otra ‘puesta al día’. El lugar elegido, lleno de simbolismo, era Covadonga, donde se conectan religión, naturaleza e historia. El mensaje, rotundo: "Hay que reconquistar para España su unidad nacional y su libertad". Y el argumento que lo envuelve es un desborde descomunal de símbolos, banderas, gritos y canciones.

Al verlo y leerlo me recordó el ‘Macbeth’ de Shakespeare, cuando con absoluta crudeza considera que la historia, la vida, no solo no tienen propósito alguno, sino que son "un cuento contado por un idiota, todo estruendo y furia, sin ningún sentido".

Por ello, hoy más que nunca es necesario recordar que Europa ha sido y sigue siendo un continente regido por la ley, que nos ha protegido en la expresión de nuestra diversidad. Y también ha garantizado las soberanías nacionales, de tal modo que protege e incluso organiza sus divergencias. Pero lo que me parece más importante es destacar que Europa es un proyecto de solidaridad sin precedentes, sustentado por la voluntad de pueblos que han abolido la guerra entre ellos y que comparten el mismo deseo de libertad. Comprender y confrontar memorias divididas, como realiza F. Sands, nos ayuda a buscar una renovada memoria compartida. Y esta es la historia que debemos contar, para conocerla y poderla defender. Para reconstruir Europa es vital reconstruir su historia.

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