Opinión

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Homo sapiens sentiens

Carlos López Otín
José Miguel Marco

Es estremecedor el relato de acoso e intento de derribo sufrido por el investigador oscense Carlos López Otín. Da medida de lo que es capaz la condición humana amparada en el anonimato. Y de lo vulnerables que podemos ser las personas, incluso las más fuertes intelectualmente.

Pero sus acosadores, jaleados por un entorno propicio a hundir al que triunfa, no contaban con que el sabio aragonés se aplicaría el cuento de que lo que no te mata te hace más fuerte. Por eso su descenso a los infiernos, plasmado en el libro ‘La vida en cuatro letras’, supone no solo un ejemplo de superación ante la adversidad, sino también una importante aportación para atajar los bajos instintos de los individuos tóxicos y sus cómplices. Su testimonio da fe de cómo una trayectoria jalonada de éxitos fruto del esfuerzo puede quedar paralizada para siempre por artimañas vengativas producto, probablemente, de envidias malsanas.

Para evitar caer sin remedio en el abismo, el propio López Otín da la clave en la que deben incidir las nuevas generaciones: llegar a ser homo sapiens sentiens. Viene a decir que somos tan racionales como emocionales. Y que conseguir controlar los impulsos ancestrales movidos por el odio y el rencor es uno de nuestros retos para construir un mundo mejor.

Después de dedicar la mayor parte de su vida a la investigación para mejorar y prolongar la de los demás, la experiencia de este biólogo de Sabiñánigo apunta a que es tan importante o más extirpar estos tumores del alma de mal aspecto y peor pronóstico.

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