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NARRATIVA ARAGONESA. ARTES & LETRAS

Luz Gabás: la pasión navega por el Misisipí

La escritora oscense cuenta en 'Lejos de Luisiana', premio Planeta, una historia de amor, aventura, política, disputas y esclavitud

Luz Gabás en el Gran Hotel, con el emblema de Planeta.
Luz Gabás en el Gran Hotel, con el emblema de Planeta.
Guillermo Mestre.

Más de una vez ha dicho Luz Gabás (Monzón, 1968) que le apasionaba la documentación y que en ella, por lo regular, realizaba la primera exploración literaria. Un encargo de Arturo Pérez-Reverte para un libro coral la llevó a un lugar poco frecuentado por españoles, aunque perteneció a España entre 1763 y 1803: Luisiana, las extensas tierras que van desde Nueva Orleans hasta el golfo de México, un lugar que tuvo héroes como Bernardo de Gálvez, por aludir al más famoso. A Luz Gabás, habituada a indagar por aquí por allá (ya sea en Guinea, en la brujería del Pirineo, en el mundo de los balnearios o en el carlismo), se le reveló todo un universo proceloso y contradictorio, y quiso hincarle el diente.

El repaso a las últimas páginas de ‘Lejos de Luisiana’, la novela con la que ganó la última edición del Planeta, deja bien a las claras cuánto material tuvo que desbrozar para organizar una novela coherente y caudalosa, de calado clásico, decimonónico: un friso de Historia, de personajes díscolos, de aventuras, de guerras y reticencias que no cesan, de países a la greña. «Miles de afluentes han alimentado el río de esta novela. Cada una de las lecturas de la bibliografía consultada ha aportado al menos una pincelada a su creación», confiesa Luz.

En la novela, sin olvidarse de que es una ficción que toma prestados algunos hechos reales, Luz Gabás intenta ordenar, de entrada, el caos. Y su voz omnisciente se pone muy cerca de sus criaturas, que son muy distintas. Narra fracasos, huidas, matrimonios, cuenta historias de mujeres a las que abandona su marido e inician una nueva existencia; esta es una narración sobre la supervivencia.

Se aproxima al universo de la esclavitud, que procede de África, que se despliega en las casas coloniales pero también en el puerto, en los astilleros, y se acerca a esa práctica donde el hombre a veces vale menos aún que un animal. Aborda el trajinar del comercio de pieles o de armas. No le importa hacer una inmersión en la vida de las tribus indias (los quapaw, los kaskaskia, los chickasaw...), con sus rituales, su idiosincrasia y sus inclinaciones hacia las armas y el alcohol. El encono entre ellos, de algún modo está al orden del día, y Luz Gabás, como había hecho en ‘Palmeras en la nieve’, sabe que del conflicto se alimentan las novelas. Dice un nativo: «Detesto a estos extranjeros soberbios que creen que lo saben todo sobre nuestra tierra y no saben nada».

La ternura también es un atributo de una novela que aspira a contar la complejidad de la condición humana con honestidad, con paciencia, con un sólido trabajo de contexto y una cuidada escritura de fondo y de forma.

La política está siempre ahí: primero con la venta de Luisiana, que pertenecía a los colonos franceses, a los españoles, que vivirán ahí con todos los derechos durante 40 años, aunque nada será fácil: los franceses, a la menor oportunidad, ante el estupor de Jérôme Girard y del aventurero Benoît Leroux (dos de los mejores personajes masculinos de la novela), siguen acosando a los españoles. Y a esta tensión, se suman las constantes peleas entre los ingleses y los norteamericanos. Francia vivirá su propia revolución con la fuerza y el carisma de Napoleón, y España acabará cediendo a Francia sus vastísimas tierras, en tiempos de Carlos IV, en concreto en octubre de 1800. El país vecino, por no mediar un documento previo, venderá dos millones de kilómetros cuadrados por quince millones de dólares a Estados Unidos.

En la novela hay episodios de ambición y complicidad, de sordidez, pestes e incendios. La autora hace algunos guiños a Aragón, al incorporar a Pedro Abarca de Bolea, el conde de Aranda, y Antonio Cornel de Benasque, bravo en las batallas.

El amor mueve montañas y es, en la vida y en la mayoría de las novelas, un elemento decisivo: la fuerza motriz de los sueños, el norte imprescindible hacia el que todos deseamos ir. Aquí sucede: hay diferentes historias más o menos previsibles, pero la peripecia amorosa que se impone y que atraviesa toda la novela como el anchuroso Misisipi es la de dos seres de contextos distintos: Ishcate, el indio de la tribu kaskaskia, y Suzette Girard, hija del militar de origen francés. Su padre le dice a ella una frase que bien podría explicar el espíritu de ‘Lejos de Luisiana’: «Recuerda, hija mía, que la vida es una sucesión de movimientos».

Pero también de sueños, de misterio, de esperanza, de firmeza en los sentimientos: la novela comienza con Ishcate solo en medio del bosque, con los ojos vendados, muerto de miedo. No sabe que su padre, como un ángel tutelar, vigila sus pasos y las alimañas que pudieran salir de la espesura. La ternura también es un atributo de una novela que aspira a contar la complejidad de la condición humana con honestidad, con paciencia, con un sólido trabajo de contexto y una cuidada escritura de fondo y de forma.

LA FICHA

NARRATIVA ARAGONESA

'Lejos de Luisiana'. Luz Gabás. Premio Planeta de 2022. Planeta: Autores Españoles e Iberoamericanos. Barcelona, 2022. 765 páginas.

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