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La Casa del Loco cumple 25 años como sala de conciertos de referencia en el país

El escenario zaragozano celebrará su primer cuarto de siglo con una actuación de Los Enemigos el próximo 18 de noviembre.

Amaral presentó el disco ‘Estrella de mar’ en 2002.
Amaral presentó el disco ‘Estrella de mar’ en 2002.
Aránzazu Peyrotau

Citar La Casa del Loco en el mundillo musical, tanto nacional como internacional, es sinónimo de conciertos y de solera. Y es que la sala zaragozana se hizo desde sus inicios en el otoño de 1997 con un hueco destacado en el circuito de actuaciones en directo, un estadio en el que permanece 25 años después. Un cuarto de siglo en el que han desfilado por su escenario centenares de artistas, desde glorias autóctonas como Amaral, El Niño Gusano o Los Dynamos, hasta nombres tan contundentes como Loquillo, Love of Lesbian, Antonio Vega, Los Secretos, Jarabe de Palo, Leiva, Ilegales, Siniestro Total, La Buena Vida, Gustavo Cerati, Café Tacvba, The Jayhawks, Drive by Truckers o The Wedding Present.

Una nómina de excepción que merece una celebración a su altura en tal especial efeméride. Los Enemigos, otros viejos conocidos del espacio, comparecerán el próximo 18 de noviembre para soplar las velas y dar la enésima lección de rock a los parroquianos.

Chema Fernández, el programador durante todo este tiempo, es el perfecto guía para resumir un legado que no deja de crecer. Un vínculo que nació con el negocio anterior que ocupó el local de la calle Mayor 10, el salón de baile Malvaloca, en el que tocó con diversas orquestas pasodobles, boleros "y lo que se terciara".

"La Casa del Loco es mi casa. Mi vínculo es total. Aunque abrió sus puertas como discoteca en el verano de 1997, en octubre comenzamos con los conciertos. La primera banda en tocar fue La Habitación Roja, que presentaba su disco de debut", rememora.

Fernández, promotor profesional desde 1988, contextualiza los inicios: "En aquel momento no existían prácticamente salas de conciertos en Zaragoza. Las giras nacionales e internacionales rara vez pasaban por aquí. Nuestra voluntad era volver a poner a la ciudad en el mapa. Era un momento musical interesante, con la eclosión de los grupos indies españoles que iban abandonando el ‘underground’, como Australian Blonde, y las giras en Europa de grupos americanos como Gigolo Aunts o The Posies". Una efervescencia que fue alentada y aprovechada para ir creando un público fiel y en constante crecimiento. "Los primeros dos o tres años fueron un exitazo. La mayoría de conciertos eran de entrada gratuita para darnos a conocer y para generar la costumbre entre la gente. El impacto fue muy rápido. No tardamos en ser una sala de referencia en todo el país y en entrar cada año en las listas de mejores escenarios en las revistas especializadas", prosigue el propietario de Antípodas Producciones.

Mayor ambición

Un alcance y una ambición que fueron creciendo de la mano para confeccionar carteles cada vez más sugerentes. "Poco a poco se fueron abriendo nuevas puertas con las promotoras y con los artistas, que se contaban entre ellos la buena experiencia vivida en Zaragoza. Así pudimos comenzar a acoger a grandes bandas del rock americano, del power pop, del revival country alternativo y a un montón de grupos australianos que admirábamos. La lista es interminable: Del Amitri, The Smithereens, Gigolo Aunts, The Posies, Robyn Hitchcock, Kurt Baker, Marc Ford de los Black Crowes...", sintetiza.

Conocer y trabajar con artistas a los que admiraba e incluso idolatraba fue otro de los premios. "Las cosas han cambiado mucho a lo largo de estos años. Antes, acompañaba a los grupos y teníamos mucha relación. Acababa comiendo con ellos y de fiesta cuando terminaba el concierto. He hecho amigos de verdad, como Elliott Murphy. Pero últimamente apenas sucede eso. Es cierto que nos hemos hecho mayores, pero sobre todo es porque el negocio se ha profesionalizado. Ahora está todo más organizado y es más frío el trato", indica.

Curiosamente, una de las actuaciones que más recuerda en su disco duro vital no tiene nada que ver con el rock. "José Antonio Labordeta tocó una vez en La Casa del Loco. Fue uno de los conciertos que más me impresionó. Fue un recital a favor de La Campana de los Perdidos", rescata.

Un cuarto de siglo da para muchas alegrías, pero también para la zozobra. Uno de los golpes más demoledores lo propinó la pandemia de coronavirus, con un cierre interminable por cuestiones sanitarias. "En todas las crisis económicas que se han producido, el primer sector que se ha resentido ha sido obviamente el ocio. Pero siempre hemos sabido capearlas. El coronavirus fue una prueba durísima, de la que hemos logrado sobrevivir uniendo fuerzas con los trabajadores y con los propietarios de la sala", expone.

Sin embargo, de una experiencia tan dramática, se ha extraído una consecuencia positiva: la renovación del público. "Tantos meses de cierre nos sirvieron para reflexionar y para ver que teníamos que ampliar el abanico de propuestas, no programar solo a bandas que nos gustaran a nosotros. Y así hemos organizado conciertos de música urbana que se han llenado de chavales de 20 años, lo cual es la mejor de las noticias. Eso entronca con el espíritu fundacional de la sala: estar atentos a la actualidad. Y así seguiremos", concluye Chema Fernández.

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