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La vida de todas las mujeres que fue, es y será o el continuo desnudo integral de Annie Ernaux

La escritora francesa, nacida en 1940 y ganadora del Formentor en 2019, explora su biografía más íntima y la sociología de la mujer en la sociedad.

Annie Ernaux en Formentor en 2019, cuando recibió el galardón.
Annie Ernaux en Formentor en 2019, cuando recibió el galardón.
Efe/Cati Cladera.

Es imposible escribir de uno mismo sin escribir de los otros, de la sociedad, de su pensamiento, de sus hábitos, de la política. Quizá por ello, Annie Ernaux (1940, muy conocida en España a través de sus libros en Cabaret Voltaire y Tusquets y por el Premio Formentor que recibió en Mallorca en 2019, suele decir que sus libros no abordan la intimidad. Por supuesto que ella es el tema central de sus novelas y relatos: habla de su autobiografía, de experiencias determinantes (la virginidad, la maternidad, el embarazo no deseado y el aborto, los amores locos, tiránicos, alienantes, la ruptura, el intento de asesinato de su padre a los 12 años), pero también habla de su condición de escritora, de la relación con su cuerpo, de la libertad, la vida de una madre con dos hijos, la vergüenza, el miedo...). Como le dijo a Aloma Rodríguez hace poco, cuando vino a Madrid a participar en ‘La noche de los libros’: “La vida vivida es inagotable, porque la memoria cambia sin parar también. El presente transforma siempre el pasado”. Eso, en el fondo, es una poética inequívoca que también suscribiría Enrique Vila-Matas.

Annie Ernaux: “La vida vivida es inagotable, porque la memoria cambia sin parar también. El presente transforma siempre el pasado”

Su obra hace pensar en algunas revelaciones desgarradoras de Marguerite Duras y de Virginia Woolf, y en la serenidad de la escritora canadiense Alice Munro, que explora la intimidad como a vista de pájaro aunque ve más allá de lo visible y lo oculto. Y a veces, como sucede con los ‘Diarios’ que se acaban de publicar de Patricia Highsmith, Annie Ernaux desdibuja las fronteras del pudor y muestra sus rincones oscuros. “No sé mucho lo que es el pudor en la escritura. El pudor en la vida, sí sé lo que es y lo sufro. Por ejemplo, hablar de mi cuerpo, detesto la televisión, detesto que me miren, eso revela pudor, pero en la escritura no lo conozco porque tengo la impresión de que es otra. La persona que hay en la escritura no es necesariamente la persona de la vida. Antes de que me vieran, nadie sabía quién era Annie Ernaux, no se sabía…”, insistía en ‘Letras Libres’. Esa concepción de la otredad la lleva a otra meditación: “No creo que haga escritura íntima. Me sirvo de mi experiencia, de cosas de mi vida, como un tipo de materia a explorar, es una especie de exploración”. 

"El libro fundamental de Annie Ernaux es 'El lugar', dedicado a su padre, es importante porque es ahí donde da con su estilo, llamado a cuchillo. Con esa prosa directa, libre de sentimentalismos ha ido ofreciendo una especie de auto-socio-biografía; un proyecto que corona con 'Los años', su libro más ambicioso", dice la escritora y periodista Aloma Rodríguez, que la ha entrevistado en varias ocasiones y le ha dedicado bastantes textos, incluso en estás páginas.

Y en esa exploración está la conmoción, que ya era perceptible en ‘Los armarios vacíos’ (1974), su primera novela, donde se arriesgaba a contar las claves de su existencia y sus vivencias hasta los 20 años. La relación con sus padres no fue siempre fácil. Ni tampoco consigo misma. Se pueden seguir minuciosamente sus pasos a través de sus libros: son una crónica que viaja hacia el interior y que abre las ventanas al mundo. Ahí están libros, rara vez largos, de apenas dos centenares de páginas: ‘El acontecimiento’, ‘Los años’, ‘Una mujer’, ‘La mujer helada’, ‘Memoria de chica’ y, por supuesto, ‘Perderse’, una novela impresionante basada en su propia realidad: se enamoró loca y sexualmente, hasta las cachas, como se dice en román paladino, durante más de un año de un funcionario ruso.

"Nunca sabré tampoco qué fui para él. Su deseo de mí es lo único de lo que estoy segura. Era, en todos los sentidos del término, la amante en la sombra”, ha dicho Annie Ernaux a propósito de una de sus mejores novelas: 'Perderse'.

En ese libro, Annie Ernaux define así su viaje al paraíso del sexo y al abismo del abandono, la soledad y el silencio: “Nunca supe nada de sus actividades que, oficialmente, eran de orden cultural. Me sorprende hoy que no le hiciera más preguntas. Nunca sabré tampoco qué fui para él. Su deseo de mí es lo único de lo que estoy segura. Era, en todos los sentidos del término, la amante en la sombra”. La novela se presenta en forma de diario: “Soy consciente de que publico este diario por una especie de prescripción interior, sin preocuparme por lo que él, S., pueda sentir. (…) Concibo que se defienda mediante la risa o el desprecio, ‘no me veía con ella más que para echar un polvo’. Preferiría que aceptara, aunque no lo entienda, haber sido durante meses, sin que él lo supiera, ese principio, maravilloso y terrorífico, de deseo, de muerte y de escritura”.

Parecía que este podía ser el año de Salman Rushdie, de Liudmila Ulítskaya o del ahora silencioso António Lobo Antunes. Ha ganado una autora honesta, intensa, que no teme al desnudo más integral, el suyo con la carne y la sensibilidad hechas memoria erizada en el contexto social, y que también hace de la escritura misma el tema, el problema y la aventura de sus ficciones. Su traductora más constante es la zaragozana Lydia Vázquez Jiménez.

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