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NARRATIVA ESPAÑOLA. OCIO Y CULTURA

Ildefonso Falcones: "Vivimos el apogeo de un nuevo racismo y de la intolerancia"

Nacido en Barcelona en 1959, el autor de 'La catedral del mar' presentó en Zaragoza su novela 'Esclava de la libertad', que sucede en Cuba y Madrid

ILDEFONSO FALCONES ( ESCRITOR ) / 28/09/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
Ildefonso Falcones (Barcelona, 1959) vuelve a abordar un universo de mujer en sus novelas.
Oliver Duch.

El escritor Ildefonso Falcones ha presentado en Zaragoza su novela 'Esclava de la libertad', que sucede en Cuba y Madrid. 

¿Es ‘Esclava de la libertad’ (Grijalbo) una novela contra España?

No. De ninguna manera. Es un libro que intenta ser fiel a la historia, a los hechos sucedieron.

Entonces, ¿sí será un libro contra el colonialismo español?

No escribo contra nadie. Sí le digo que la novela histórica suele ser el lugar donde me siento más cómodo; descubrí que España fue esclavista durante mucho tiempo en las colonias, hace 150 años, y me interesó abordar el tema.

Habla del siglo XIX, en Cuba, en los ingenios azucareros del país, pero luego se viene al siglo XXI, y tampoco es condescendiente.

Creo que soy realista. No hay más que ver lo que está pasando en el mundo y en Europa. Vivimos el apogeo de un nuevo racismo y de la intolerancia. No es necesario dar nombres de partidos.

¿No le parece que ahí, en esa segunda historia, la que sucede en Madrid en 2017 y 2018, es usted un poco panfletario?

¿Panfletario? No. Creo que me quedo corto. El secretario de la ONU acaba de mostrar su preocupación por el incremento del racismo y la xenofobia.

¿No le parece que España es un país que acoge al extranjero, que es solidario?

Desde luego. Es así. Hemos acogido bien al extranjero, lo recibimos, le damos las mejores circunstancias laborales, o nos esforzamos en ellos, somos solidarios; en ese sentido creo que España es un país ejemplar. La mujer escala peldaños, empieza a dominar al hombre, si no lo domina del todo ya…, dicho sea con ternura, humor y un poco de ironía. Pero, pese a todo, el racismo está en nuestras calles.

Tras esta entrada brusca, vayamos con el libro y sus circunstancias. Le ha costado documentar y armar la historia.

Padezco un cáncer desde hace algún tiempo y he escrito el libro en un período digamos convulso. Con mucho esfuerzo. Con períodos de desolación y desánimo. Me han operado cuatro veces. Y aún así he seguido adelante. He leído crónicas, biografías, mucha documentación, he rastreado en internet… Me han sido de mucha utilidad los libros de Moreno Fraginals, me han acompañado los libros de música de Alejo Carpentier, y estudios de diversas universidades, entre ellos los de la Universidad de Alicante.

ILDEFONSO FALCONES ( ESCRITOR ) / 28/09/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
ILDEFONSO FALCONES ( ESCRITOR ) / 28/09/2022 / FOTO : OLIVER DUCH[[[FOTOGRAFOS]]]
Oliver Duch.

¿Cuál es la importancia de la música en el libro?

Le doy la importancia que tiene, sin exaltación, porque no es lo mismo la música que te obligaban a cantar y a tocar, entre latigazos, que la que forma parte de una tradición, de una visión del mundo. Está bien eso de imaginarse eso de que estos afrocubanos llevan o inventan el blues y otros ritmos, pero conviene recordar cómo lo hacían, convertidos en animales a menudo. Intento escapar de los estereotipos y de ese halo de romanticismo de la esclavitud. Era algo extremadamente duro.

¿Estuvo en Cuba?

No. Ya tenía el libro bastante avanzado, pero quería recorrer algunos espacios. Iba a hacerlo en 2020, y llegó la pandemia. Y luego la enfermedad. Así que no he podido hacerlo. Pero tampoco creo que sea determinante.

¿En qué sentido lo dice?

La historia de la joven Kaweka, que llega de África a un ingenio colonial, a un campo de caña, transcurre en el campo, en una de esas fábricas. Y eso, con la documentación y lo que he podido averiguar, lo conozco bien. La Habana aparece más bien poco, vagamente. Si hubiera podido habría estado sobre el terreno, pero no ha podido ser. No creo que invalide nada. Y menos una historia como esta de denuncia de la esclavitud.

La historia de la esclava parece desmesurada e inhumana.

Así es, y aún peor fue la historia. Los hombres eran tratados como bestias. Tenían más derechos los bueyes –a los que no les pegaban– que los hombres, que recibían 25 latigazos por cada fallo. La aristocracia colonial, en este caso el marqués de Santadoma, como se ve en la novela, les hacía vivir en el horror de la esclavitud y la arbitrariedad. Y eso también le pasaba a mi heroína Kaweka, llamada a parir hijos. Ella se rebela.

Y no solo eso: lidera la rebelión.

Sí. Ama, tiene una hija, tiene una relación especial con la diosa yoruba Yemayá. Es una heroína.

En ‘Esclava de la libertad’ hay un folletón clásico, al modo de Dumas o Dickens, una historia de amor romántico, denuncia social, suspense y un halo fantástico.

No le diré que no. Cada día aspiro a escribir con mayor llaneza y sencillez. Quiero ponérselo fácil al lector en un sentido estilístico, pero en esta novela hay muchas cosas: por ejemplo es capital la religión yoruba. Intento escaparme de la santería y centrarme en los dioses primitivos de Cuba, que son frívolos y caprichosos, demasiado humanos, y conectan con esa heroína que tiene una misión. Esa vertiente es la parte esotérica y mágica del libro.

Sí, y está conectada con la que sucede en Madrid, más de un siglo después. Ha escrito dos historias claramente simétricas.

Sí. Esta parte es la historia de Lita, otra joven negra, con otro amor imposible como Kaweka, formada, pero en su evolución, llena de complicaciones, todo salta por los aires. Y se queda sola ante la injusticia y el maltrato, con su espiritualidad y con su vínculo con sus antepasados.

Ildefonso Falcones es barcelonés y reside allí. ¿Por qué lleva esta segunda historia a Madrid?

En Barcelona desde hace un tiempo me siento muy extranjero. Se ha convertido en una ciudad violenta, con continuos enfrentamientos, en la que no me siento demasiado cómodo. Esta ciudad vitalista ha cambiado tanto que ahora, a las diez y media, salvo en algunos lugares clásicos, ya no hay nadie en la calle. Se ha instalado la tristeza. Hace poco uno de los concejales de Ada Colau dijo: «El Ermitage se va y la cultura se queda». No me lo podía creer. ¡Por favor! Y en cambio Madrid me parece una ciudad magnífica, viva, extraordinaria.

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