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José Luis López Velilla, un diseñador "de tinta china y couché"

El palacio de Montemuzo dedica a este creador una muestra antológica que recorre toda su trayectoria

El buen diseño es atemporal, inmortal, eterno. Y así son muchos de los trabajos del aragonés José Luis López Velilla (1932-2019), como ese arlequín azul y blanco que es seña de identidad del Tinte de los Alemanes desde hace décadas. Su creador fue uno de esos diseñadores que, desde la humildad del trabajo anónimo y diario, renovó el lenguaje gráfico y publicitario de la España de los 60, 70, 80... Hubiera caído en el olvido si no fuera porque su familia donó su archivo al Ayuntamiento de Zaragoza (943 obras en todo tipo de formatos), y sus técnicos, después de catalogarlo, han querido ahora dar a conocer su trabajo.

Josefina Clavería, especialista en diseño e ilustración, se ha ocupado de las labores de comisariado de una muestra que puede visitarse hasta el 27 de noviembre en el palacio de Montemuzo (calle Santiago, 36).

"Tiene una obra enorme, ingente, porque desde que empezó como diseñador, ya en los años 50, hasta el año 2000, no dejó de trabajar ni un solo día de su vida", asegura Clavería. Con el título de ‘De tinta china y couché’, la muestra reúne trabajos publicitarios, cómics, folletos, logotipos, ensayos y experimentos de color y textura de este ‘dibujante comercial’ (así se les llamaba en la época en la que trabajaron, antes de que se reivindicara su labor), que siempre miró mucho más allá de nuestras fronteras.

"Era un hombre que todo el dinero que ganaba se lo gastaba en libros. En su biblioteca hay obras publicadas en Francia, Italia, Alemania, Estados Unidos, Japón... Eso le permitía estar al tanto de las últimas corrientes de diseño gráfico a nivel internacional y de incorporar a sus propios trabajos  algunas ideas que veía en sus páginas".

Carteles del Stadium Casablanca, calendarios de Cafés El Criollo, folletos del Banco Zaragozano, logotipos como el del PAR y publicidad para Colchones Relax conviven en los espacios expositivos del palacio de Montemuzo con obras en los que López Velilla daba más rienda suelta a su creatividad: carteles para las Fiestas del Pilar, la Feria de Muestras o las Fiestas de Primavera.

"Salvo casos muy concretos, estas obras no se firmaban. Y él, como muchos otros diseñadores gráficos de los años 50, 60 y 70, no daba mucha importancia a su trabajo. Eran gente humilde, que no firmaba sus trabajos, que respetaba y ayudaba mucho a sus compañeros de profesión, quizá más que en la actualidad, y que merecen ser sacados del olvido –subraya Josefina Clavería–. López Velilla, como otros creadores aragoneses de su generación, trabajó al mismo nivel artístico que otros diseñadores de Madrid y Barcelona que hoy son unánimemente respetados y mucho más conocidos".

Se refiere Clavería a estudios publicitarios de la época, como Fontán, donde López Velilla coincidiría con Miguel Navarro Centelles, o Danis. 

El diseñador aragonés, en los 50 años que se mantuvo en activo, pasó del lápiz, la plumilla y la tinta china al diseño asistido por ordenador y los programas CAD. Con naturalidad y sin aspavientos, según sentía que su trabajo lo necesitaba.

Josefina Clavería ha querido presentar al público también trabajos que López Velilla nunca publicó, como sus cómics, o sus experimentos en búsqueda de efectos de color, formas y texturas, indagaciones que incorporó a objetos como la invitación a un concierto de arpa de Nicanor Zabaleta. Solo muy al final de sus días, López Velilla se dejó convencer por Josefina Clavería de que su trabajo tenía interés y podía ser expuesto. Él le permitió entrar en su estudio para catalogar lo que celosamente guardaba y firmó algunas de sus obras.  "Era muy humilde –recuerda Clavería–. Pintó algún óleo, aunque solo para su familia, y nunca pensó en exponer. Pero, íntimamente, creo que él pensaba que, en lo suyo, era un artista". La exposición lo demuestra.

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