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entrevista

Cecilia Giménez: "Después de todo, me siento muy feliz con el cariño de la gente"

Su nombre dio la vuelta al mundo en el verano de 2012, cuando quiso restaurar una pintura en el santuario de Borja. Hoy, a sus 91 años, Cecilia repasa todo lo sucedido en el décimo aniversario de aquella intervención.

Cecilia recibe un beso de Marisa Ibáñez, su sobrina, en el jardín de la residencia del IASS de Borja, donde vive con su hijo José Antonio
Cecilia recibe un beso de Marisa Ibáñez, su sobrina, en el jardín de la residencia del IASS de Borja, donde vive con su hijo José Antonio
Oliver Duch

En la residencia de Borja donde ahora vive con su hijo José Antonio se respira tranquilidad. Y eso que en los últimos días ha recibido un goteo constante de visitas de periodistas que han acudido a entrevistar a su residente más célebre, Cecilia Giménez, la autora del repinte del eccehomo del Santuario de Misericordia hace una década. Hoy, a sus 91 años, Cecilia se siente y vive feliz. Pasa sus días en este retiro junto a su hijo José Antonio y, pese a que su salud y su memoria no son las de antes, sigue atendiendo a los medios de comunicación con la ayuda de su sobrina Marisa, quien participa en esta conversación para apuntalar sus recuerdos.

¿Qué tal está y cómo está viviendo este aniversario?

Bien, muy bien. Estamos aquí muy bien cuidadicos y todo muy bien. Y muy agradecidos al personal de la residencia.

El santuario se ha salvado del incendio. ¿Ha seguido lo ocurrido estos días?

Desde luego. El susto fue grande. Daba miedo, imponía. Lo que tienen que hacer ahora es ayudar un poco a ponerlo como estaba porque es un sitio de recreo muy bueno y ha sufrido algo por la lumbre.

Para usted, ¿qué ha sido lo mejor que le ha aportado la historia del eccehomo?

Desde luego fue una cosa inesperada. Cuando lo hice no pensaba yo que ocurriría esto. Recibí mucho cariño de la gente. Borja se volcó y la gente en general, de todo el mundo.

Si no lo hubiera restaurado, ¿habría desaparecido para siempre?

No existiría. Se habría perdido –interviene su sobrina–. Ella llevaba 20 años arreglándolo. Pero esta última vez llevaba más tiempo sin hacerlo y se había deteriorado tanto debido a una filtración que cuando mi tía lo fue a arreglar estaba prácticamente borrado, peor de lo que salió en las imágenes que circularon en la prensa sobre cómo se encontraba originalmente.

A sus 91 años, estos días no ha parado de atender visitas
A sus 91 años, estos días no ha parado de atender visitas
Oliver Duch

Al principio, la señalaban por haber hecho una intervención así, pero muy pronto empezó a recibir muchas muestras de cariño. ¿Ocurre lo mismo a día de hoy?

Sigo recibiendo mensajes de personas de todas las partes del mundo que suben a ver el eccehomo y preguntan por mí, para verme.

Toda la prensa se ha portado muy bien –apunta su sobrina–. Se dio la vuelta y lo que empezó como una mofa se transformó en afecto hacia mi tía. La gente empatizó enseguida con ella. Me di cuenta del alcance que había tenido cuando fuimos a televisión por primera vez. Era nuestro deber y nuestra manera de agradecer que la hubieran apoyado. Nunca pedimos ni recibimos ningún dinero por vender la historia. No era la intención.

¿Nunca? ¿Ni siquiera cuando dio las campanadas en Neox?

Aquella fue la única vez –reconoce Marisa–. Ese dinero se empleó para comprarle una silla de ruedas eléctrica a José Antonio, mi primo, porque mi tía ya se hacía mayor y así lo podría llevar sin tener que empujarla.

El eccehomo recibe visitantes de todos los rincones del planeta.

Es que sube cantidad de gente. Cuando vivía allí los coches paraban en la puerta de mi casa. Me pedían que saliera. Es muy de agradecer. Era así continuamente. No sé la de gente que habrá subido. Muchísima.

¿Qué significa para usted el Santuario de Misericordia?

Todo. Me casé en esa iglesia, uno de mis hijos comulgó también allí. Queremos mucho al santuario, es nuestra casa.

«Sigo recibiendo cartas y mensajes de personas de todas las partes del mundo que suben a ver el eccehomo y preguntan por mí, para verme»

En 2012 se llevó tal disgusto que le costó volver a entrar en la iglesia...

La primera persona que convenció a mi tía para entrar en la iglesia fue Corita Viamonte –recuerda Marisa–. No se atrevía a ver el eccehomo, no podía porque sufría enormemente. Cuando llegó Corita al santuario dijo: «Vas a entrar conmigo de la mano a la iglesia». Y así fue. La queremos mucho –subraya Cecilia–.

Cuando Corita Viamonte se despidió en el Teatro Principal de Zaragoza, en 2020, dijo que vendría a cantarle. ¿Lo hizo?

Claro que sí. Vino y estuvo aquí cantando, y siempre nos manda muchos vídeos para que los pongamos. Y también es muy majo el de la ópera.

¿Andrew Flack, uno de los creadores de la ópera sobre el eccehomo de Borja?

Ese. Fue impresionante –agrega Marisa–. Le conté a Andrew (el libretista de la ópera ‘Behold de man’ sobre el eccehomo de Borja) que le iban a hacer aquí un homenaje a mi tía el próximo 10 de septiembre y no tuve que insistirle. Al día siguiente ya se había sacado los billetes de avión. «Queremos ver a tu tía, lo demás da igual, que haya prensa, que no haya, que se diga o no si voy, me da igual. Lo que quiero es ver a tu tía». Y además viene Paul Fowler, el compositor de la ópera.

¿Ha merecido la pena?

Sí, lo volvería a hacer, por Borja –dice Cecilia, pero su sobrina discrepa–. Por Borja, sí; pero a nivel personal, no –razona Marisa–. He visto sufrir tanto a mi tía y a mi primo que nada en este mundo merecería la pena que ellos lo volvieran a pasar como lo pasaron. Es que yo soy su sobrina, la que la ha visto llorar, sufrir, perder 13 kilos, darle dos ataques de ansiedad que creí que no lo contaba. Eso lo hemos vivido quienes estamos a su lado.

Cecilia, ¿cómo le gustaría que la recordasen?

Con mucho cariño. Todo el mundo. Desde luego, me lo han demostrado desde el principio. Despues de todo, me siento muy feliz con el cariño de la gente.

Noticia viral
Antes y después del cuadro dañado
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El 21 de agosto de 2012, HERALDO publicó la noticia sobre la intervención realizada por «una particular» (Cecilia Giménez) en una pintura mural, obra de Elías García Martínez, en el Santuario de Misericordia de Borja que había acabado en «chapuza». La información publicada por Elena Pérez Beriain en las páginas de este periódico corrió como la pólvora y en cuestión de horas se propagó por medios nacionales e internacionales.

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