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Rosalía: el nuevo paradigma de la música se hace presente en la gran gira del verano

La artista reivindica su poderío con un espectáculo sin músicos ni colaboraciones. Las pantallas y las cámaras son un elemento fundamental en las dos horas de ‘show’. 

Rosalía, el pasado miércoles en el concierto celebrado en Baracaldo.
Rosalía, el pasado miércoles en el concierto celebrado en Baracaldo.
Europa Press

Negar, esconder o rebajar la grandeza y la trascendencia de Rosalía resultan un aburrido ejercicio que la realidad descalifica y neutraliza. A sus 29 años, ya habita en la cima artística y se ha erigido en la cantante española más universal de la historia. Un icono válido y adorado en Sevilla, Madrid o Barcelona, pero también en Londres, Milán, Los Ángeles, Sao Paulo, Buenos Aires o Tokio. Un triunfo que bebe de un talento salvaje y puro y una voz privilegiada, aderezados por la audacia, la intuición, el trabajo y un carisma escénico abrumador.

La gira de presentación de su tercer disco, ‘Motomami’, grita al mundo que la ‘era de Rosalía’ está muy vigente, que esta elegida convierte cualquiera de sus conciertos en un acontecimiento para los miles de privilegiados que llenan los recintos noche tras noche. Tras arrancar el itinerario en Almería el 6 de julio, le han seguido otros diez ‘shows’ en España, un periplo nacional que concluirá el próximo lunes en Palma de Mallorca para dar el salto a América a mediados de agosto y cerrar el año en suelo europeo en noviembre y diciembre. Tal y como sucedió con su anterior álbum, ‘El mal querer’, Aragón ha vuelto a quedarse fuera del mapa.

En contraposición a la exuberancia de medios en forma de músicos e ilustres colaboradores que exhibe C. Tangana en la otra gira del momento, Rosalía se abona al minimalismo y confirma que, en ocasiones, menos es más. Sin una banda de respaldo, con la música pregrabada, con un escenario desnudo, con tres pantallas y ocho ágiles bailarines, demuestra que se basta y sobra para gobernar a una multitud y para activar el resorte de la emoción. No precisa de intermediarios ni de potenciadores para impactar.

Una coreografía muy medida

Durante dos horas protagoniza una perfecta coreografía en la que todo está medido y planeado con la precisión de un cirujano sin sacrificar la frescura ni la naturalidad. Un lenguaje musical y escénico hijo de estos tiempos en los que los dispositivos electrónicos y las redes sociales marcan la pauta. El partido se disputa en dos campos a la vez: en el escenario y en las pantallas. Dos visiones diferentes pero complementarias y sumamente estimulantes. Al principio puede sorprender que un operario con una ‘steadycam’ irrumpa e incluso se interponga entre el público y la artista, pero en seguida se asimila el juego, esa dualidad.

Y se producen milagros como que una canción inédita, ‘Despechá’, sea coreada de forma íntegra tras haber sido interpretada solo en los conciertos precedentes (de nuevo la preponderancia de las redes y Youtube), que Rosalía anuncie esa misma noche su lanzamiento y que en unas horas bata récords millonarios en las plataformas.

Pero más allá de estas sabrosas guindas, lo que trasciende y conmueve es la imponente presencia y profundidad de una artista-unicornio, una entre millones, que sublima cuanto se propone. Perrea al son del reguetón, destila las mejores esencias de los sonidos urbanos y se mimetiza con los latinos. Una versatilidad que palidece cuando se cita cara a cara con el flamenco, ese patria irrenunciable que lleva incrustada en la piel y en el corazón. Justo allí, en ese coso implacable, se enfunda la trascendencia y una falda de volantes kilométrica, y ejecuta un ‘De plata’ de muchos kilates y mucha verdad. La era de Rosalía.

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