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Miguel Mena: "Zaragoza es mi ciudad y me ha dado una vida plena"

Miguel Mena publica una novela familiar, ‘Puente de Hierro’ (Pregunta), con la capital del Ebro de escenario y tapiz histórico

Miguel Mena cruza a diario el Puente de Hierro. O, al menos, lo cruzaba en dirección a la radio.
Miguel Mena cruza a diario el Puente de Hierro. O, al menos, lo cruzaba en dirección a la radio.
José Miguel Marco.

Miguel Mena Hierro (Madrid, 1959) publica ‘Puente de Hierro’ (Pregunta) y la presenta el jueves 2, a las 19.00, en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, en colaboración con la institución y la librería Antígona. 

Lleva casi 40 años escribiendo, si partimos de ‘Parafernalia’. ¿Cuál es el balance?

‘Parafernalia’ era un libro de textos urgentes, escritos para un programa diario de radio, con la velocidad que eso imprime. Lo que vino después lo escribí con calma, sin prisas ni presiones, disfrutando del proceso. Son veintiún libros ya. Mi balance es muy positivo.

¿Qué le debe esta novela a algunas revelaciones de ‘Canciones tristes que te alegran el día’, su libro anterior?

En ‘Canciones tristes que te alegran el día’ hay varios textos relacionados con mis orígenes familiares y algunos de ellos sirven de sustento en distintos pasajes de la novela.

¿Ha descubierto en el interior de las familias, de la suya por ejemplo, materia narrativa de primer nivel y no quiere que se pierda?

No sé si es de primer nivel, pero sin duda en mi familia, y yo creo que en la mayoría de las familias, se han vivido situaciones que por su emotividad son un buen material literario.

¿Existe lo inconfesable?

Claro, y no creo que sea algo malo. No hay por qué confesarlo todo. La privacidad, lo íntimo, lo que queda para uno mismo también es necesario en la vida.

¿Por qué un libro tan escrupulosamente cronológico, medido en sus tiempos y en los hechos? ¿Le resulta más cómodo de redactar o es así de ordenado?

La novela cuenta la transformación de su protagonista, de su familia, de su ciudad y, si me apuras, de su país. Esa transformación me pedía un relato cronológico; seguir el cambio según el orden de los acontecimientos.

Podría dar la sensación de que la biografía de Miguel Mena, escritor y locutor y ciclista, se enmascara tras la vida de Carmen, la protagonista. ¿Es así o solo es una falsa impresión?

La protagonista comparte conmigo generación y algunas vivencias. Digamos que le he prestado algunas experiencias, sobre todo de infancia y juventud, pero el resto es ficción y una vida adulta muy distinta a la mía.

¿Quién es más determinante en la infancia: los padres o esos tíos y tías que ofrecen pequeñas aventuras o secretos?

Los padres son más determinantes, pero gracias a los míos yo contaba con trece tíos y tías, más sus respectivas parejas. Una red familiar muy extensa que dejó una importante huella en mí.

¿Qué tiene de fascinante el mundo de los primos y las primas, por qué parece más cautivador que el mundo de los hermanos y hermanas?

Con los primos se establece una relación intensa pero intermitente, sobre todo cuando viven lejos, como era mi caso. Discutes menos que con los hermanos. Se crea un curioso lazo de cariño que pervive a través del tiempo, aunque dejes de verte. Al menos esa es mi experiencia.

Zaragoza, de nuevo, y quizá casi más que nunca, es el trasfondo del libro. ¿Cómo dialoga con la ciudad, qué le pregunta y qué le da?

Zaragoza es mi ciudad. En Madrid, donde nací, solo me siento identificado con mi barrio, Carabanchel Alto; el resto me resulta lejano, mientras Zaragoza es una ciudad que, por mi trabajo, he recorrido palmo a palmo, a la que he visto transformarse y que me ha dado una vida plena, mucho mejor de lo que podía imaginar siendo un chaval. No puedo estar más agradecido.

Miguel Mena se ha retirado a Trasmoz y desde allí sigue produciendo ficciones.
Miguel Mena se ha retirado a Trasmoz y desde allí sigue produciendo ficciones.
José Miguel Marco.

¿Qué caracterizó más la ciudad: la pasión por la música y sus grupos, o las desgracias: los atentados, tapicerías Bonafonte, el incendio del Corona de Aragón?

La ciudad que yo viví más intensamente fue la de la música, los grupos, toda aquella energía de los 80, como luego he vivido también la de un fuerte impulso cultural en otros órdenes. Los sucesos están ahí, son momentos muy puntuales, tragedias con las que hay que cargar, pero no caracterizan la ciudad. Todas las ciudades grandes sufren desgracias similares: Madrid, Barcelona, París, Londres, Mánchester, Nueva York, ninguna se ha librado de grandes atentados y otros graves sucesos.

¿Ha tenido en la cabeza su libro ‘Una nube de periodistas’? Lo digo porque Carmen, la protagonista, acaba siendo archivera en un diario, nada menos que en HERALDO…

La verdad es que no. Ese era un libro de textos más bien cómicos y aquí me he tomado el periodismo muy en serio.

Ha trabajado casi 40 años en la radio, pero aquí le da casi todo el protagonismo a la prensa. ¿Por qué razones?

No quería introducir nada relacionado con mi vida profesional. No hay ningún guiño al respecto. La protagonista se mueve en un ambiente muy distinto al mío. Yo jamás he trabajado en un periódico, trabajo que respeto mucho porque soy un lector voraz de prensa desde mi adolescencia.

¿Por qué ha escrito una historia de amor entre Carmen y Nacho tan desmayada de pasión?

Como decía una cita en un libro de Daniel Gascón: «Hay algo muy excitante en la vida cotidiana». El amor de Carmen y Nacho está pegado al día a día. Hay algo hermoso en un amor sin prisas ni grandilocuencias. Ahora tengo la impresión de que se confunde la pasión con el exhibicionismo. Todas esas peticiones de mano en público y esos alardes de amor en las redes sociales tienen algo de irreal, de postizo. Mis protagonistas viven un amor verdadero, sin alharacas ni altavoces, con sus complicidades y sus altibajos.

¿Conoce a alguien que haya guardado de verdad las cenizas de su madre en el trastero, como ocurre en ‘Puente de Hierro’?

Conozco a gente que ha tenido que guardar durante meses las cenizas de un familiar antes de poder trasladarlas al mar, a una montaña u otro de esos lugares lejanos que figuran en tantos testamentos, y no todo el mundo está cómodo con una urna cineraria en el dormitorio o en el salón.

Da la sensación de que ha aligerado el estilo a la máxima transparencia. ¿Por qué?

Busco la claridad. Intento armar las frases más dignas dentro de mis posibilidades, pero sobre todo intento que el relato fluya y el lector lo entienda.

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