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Depedro: "Me cuesta muchísimo componer y quedarme satisfecho"

El proyecto musical de Jairo Zavala regresa a Zaragoza para presentar en la sala Oasis (21.00) las canciones de ‘Máquina de piedad’, su último disco.

Jairo Zavala
Jairo Zavala
JUAN PEREZ-FAJARDO/EP

Acostumbra a crear composiciones a partir de influencias y sonidos de diversas latitudes. ¿Entiende la música como un viaje, como una búsqueda constante?

Sí, es la manera que tengo de aprender cosas que luego acaban en una maleta que siempre intento llevar vacía. En ese viaje puedo conocer personas de las que luego surge un diálogo y así puedo sacar, a veces, si tengo mucha suerte, una canción.

Regresa a Zaragoza con nuevo disco bajo el brazo tras su concierto del pasado año. ¿Ha sido complicado gestionar fechas durante la pandemia?

Ha sido algo horizontal en mi gremio. No solo me ha pasado a mí. El único sentimiento que tengo es el de agradecimiento ante la paciencia de la gente y la oportunidad que tengo de volver.

A lo largo de su carrera ha pisado distintos escenarios de la ciudad. ¿Recuerda especialmente alguna de sus actuaciones en la capital aragonesa?

Me acuerdo de muchas, por ejemplo en La Casa del Loco, o la primera vez que llenamos el Teatro Principal. Fue maravilloso ver la culminación en ese momento de todo un trabajo que había hecho, y recoger esa siembra emocional que siempre me han dado los aragoneses.

¿Qué similitudes o diferencias tiene este último álbum con respecto a sus anteriores trabajos?

Es un elepé más optimista y más esperanzador. A nivel de color, de sonido, creo que es un disco más musculoso, más directo, con menos capas.

¿Con qué colaboraciones ha contado en ‘Máquina de piedad’?

Como he mencionado, el diálogo es parte fundamental de mi trabajo y en este caso me han ayudado a construir tres de las canciones del álbum Iván Ferreiro (‘Entre el cielo y el barro’), Guille Galván (‘Máquina de piedad’). y Lucas Álvarez de Toledo (‘Noche oscura’). El disco tiene un tono más coral, ya son muchos elepés y necesito beber de otras fuentes, sobre todo para encontrar otras inspiraciones y otros puntos de vista porque es muy aburrido tirar siempre del mismo saco.

En la nómina de artistas con los que ha compartido canciones figuran los zaragozanos Santiago Auserón y Enrique Bunbury...

Aragón es una tierra muy generosa y culturalmente muy importante. Santiago Auserón y Enrique Bunbury son dos constructores de carreteras por las que luego hemos transitado o intentado transitar de la manera más digna mucha gente. Sin ellos, a lo mejor no estaríamos haciendo esta entrevista.

Bunbury deja los escenarios. ¿Lo echará de menos?

He oído que es por problemas de salud. Evidentemente, eso es lo primero. No creo que sea una cosa definitiva. Somos humanos, parece que tiene que tener siempre esa presión de trabajo, pero se merece la pausa que él necesite, y aquí estaremos nosotros con nuestro agradecimiento entre todo lo que nos ha dado y lo que nos dará en el futuro.

¿Le de muchas vueltas a los temas cuando compone o los tiene claros desde el principio?

Me cuesta muchísimo componer, sobre todo quedarme satisfecho y creerme el trabajo realizado. Por muchos motivos: no tengo la habilidad suficiente para hacerlo rápido, tengo dilemas morales entre poner cosas autobiográficas o no en las canciones… Son cosas muy obvias, pero hace que dé muchas vueltas a las palabras, a los sonidos. Al final tengo un método que me lleva a buen puerto, que es el de descarte. Quito lo que no me convence y lo que queda será lo que me guste.

En el mundo digital, es más fácil perderse probando cosas, añadiendo efectos, pistas de instrumentos a las canciones...

Sí, pero una canción, al final es una estructura armónica, una melodía y una letra. Eso lo puedes hacer con un ukelele, una guitarra o un piano. Qué más da.

Lo primordial es el talento.

¿Habría tocado peor Paco de Lucía con una guitarra de 50 euros que con una de 10.000 o de 3 millones? Da igual, seguiría siendo Paco de Lucía. En ese sentido, menos mal que no se puede comprar el talento, es algo que tiene que estar ahí, y trabajarse.

¿Por qué escogió Depedro para dar nombre a su proyecto?

No tengo un superpoder para los nombres y la música que hago no es de vanguardia ni he inventado la pólvora. Todo el mundo sabe o conoce de algún Pedro. Es algo que me suena familiar, cercano. Por eso fue. Ojalá tuviera una historia mejor que contarle (ríe).

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