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música

Bombo y Platillo, una década de prodigioso éxito minoritario

El prestigioso ciclo de conciertos, nacido hace diez años, inaugura este domingo en el Centro Cívico Delicias su trigésima edición con Lorena Álvarez. 

Lorena Álvarez y sus Rondadores actúan este domingo en Zaragoza.
Lorena Álvarez y sus Rondadores actúan este domingo en Zaragoza.
Jesús García

Cuando el 5 de diciembre de 2011 el estadounidense Ryan Francesconi inauguró la primera edición de Bombo y Platillo en el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, poco podían imaginar sus organizadores la buena salud de la que gozaría el ciclo una década después. Lo que nació como un “club de conciertos selectos para gente selecta” sigue aferrado a esa filosofía de reclutar al talento musical nacional e internacional que pasa por debajo del radar mediático y este domingo desprecintará en el Centro Cívico Delicias su trigésima edición con la asturiana Lorena Álvarez, que se unirá a la nómina de los más de 200 artistas que han actuado bajo este paraguas.

La cita dominical será el punto de partida de la trigésima edición de esta programación que se divide en tres capítulos anuales: invierno, primavera y otoño. Una cifra que plasma la constancia y el buen trabajo realizado. “Este tipo de cifras nos ayudan a percatarnos de la magnitud que paso a paso ha ido alcanzando el proyecto. No somos nostálgicos ni miramos demasiado hacia atrás, pero alcanzar números como estas treinta ediciones nos ayudan a tener una visión global del proyecto y valorar mejor lo andado”, resume su responsable, Eduardo Pérez Bona.

Ni las crisis económicas y ni siquiera la pandemia han hecho descarrilar este convoy cargado de variados y desprejuiciados sonidos, que se ha tornado en un referente. ¿Cuáles son las claves de esta salud de hierro? Su creador no vacila: “Lo principal es la perseverancia y el trabajo constante, pero también combinar con ello la capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes. Otra clave ha sido dotar al proyecto de una identidad única, basada en tres factores: la calidad, la diversidad y la originalidad de las propuestas artísticas. Asimismo, que esta programación sea complementaria a la de la ciudad, hacer al público una oferta distinta”.

Pero, sin duda, el más poderoso factor que explica y da sentido al camino recorrido es la creación de un público fiel. Es habitual que se cuelgue el “no hay entradas” en muchos de los recitales. “Cuando comenzamos sabíamos que Zaragoza era una ciudad especialmente difícil en lo que respecta a públicos. Es algo que salta a la vista cuando se comparan los datos de asistencia a conciertos con el de otras ciudades homólogas tanto a nivel nacional como internacional. Sabíamos que además nuestra propuesta era (y es) arriesgada. Pero el número de asistentes ha ido creciendo de manera continuada, acompañado por el apoyo de las instituciones que han creído en lo que hacemos. La suma de estos factores es lo que hace de Bombo y Platillo un proyecto excitante para nosotros”, enumera Pérez Bona. Debe añadirse el componente social, con las bonificaciones para parados o la gratuidad para los mayores de 65 años y los menores de 25.

La utilidad de un ciclo como Bombo y Platillo ha quedado todavía más refrendada en la situación pandémica actual, con prácticamente todas las salas sin actividad. Supone una bocanada de oxígeno ante un desierto sonoro al que no se vislumbra un futuro feliz a corto y medio plazo. “El coronavirus ha golpeado muy fuerte a las salas, están pasando por un momento durísimo y queda más patente que nunca su importancia capital. Creo que todavía no somos conscientes del grave impacto que esta crisis está provocando en este ecosistema de salas así como en los hábitos del público. Con el esfuerzo colectivo de salas y promotores se había conseguido dinamizar una audiencia estable en la ciudad y construir una realidad cultural vibrante, la pandemia está suponiendo un impacto muy duro y demasiado largo”, constata.

Las seis propuestas que integran este Ciclo de Invierno de 2022 son, por primera vez en estos diez años, todas femeninas y sintetizan las virtudes que acompañan a esta audaz programación. A la mencionada Lorena Álvarez le seguirán el pop de la vasca Mursego (6 de febrero), la dulce sensibilidad de la irlandesa Anna Mieke (13 de febrero), la reinterpretación de la tradición extremeña de Ruiseñora (20 de febrero), la fusión de los chilenos Emilia y Pablo (27 de febrero) y el pop experimental de las baleares Joana Gomila & Laia Vallès (6 de marzo).

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