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TEATRO. OCIO Y CULTURA

Esteban Villarrocha: "Las políticas culturales persiguen el efecto más que el afecto"

El gerente de Teatro Arbolé, que cumple 42 años, reflexiona sobre la compañía, la memoria, el universo de los títeres y el público teatral de Zaragoza

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Esteban Villarrocha es el gerente del Teatro Arbolé, muy próximo a la obra 'El alma del Ebro' de Jaume Plensa, ante la que posa.
Ana Rioja

¿Desde cuándo le interesa el teatro a Esteban Villarrocha? Si no recuerdo mal, usted venía de Agrupación Cultural Caracola…

Mi interés por el teatro viene de mi participación en el movimiento de renovación pedagógica de los años setenta. En las primeras escuelas de verano, concebíamos el teatro como una herramienta pedagógica. En Caracola trabajamos por todo Aragón realizando talleres de escritura y revistas escolares junto a Grassa Toro y Fernando Lasheras. La revista ‘Caracola Zaragoza Ultramarina’ la recuerdo como uno de los proyectos culturales aragoneses más interesantes de finales de los ochenta. Con ‘Caracola’ pusimos a miles de niños y niñas en contacto con la escritura creativa, los pusimos a escribir. En aquel momento estaba en Zaragoza el maestro titiritero, poeta y escritor argentino Javier Villafañe, de alguna manera él es el culpable de mi dedicación a los títeres. En 1990, Arbolé, junto a Caracola y El Silbo Vulnerado, con Luis Felipe Alegre y Ana Abán, comenzó una programación llamada ‘Más o menos juglares’. Es entonces cuando comienzo a trabajar con Iñaqui Juárez y Pablo Girón, de Arbolé, en los programas didácticos de Ibercaja con las campañas de iniciación al teatro, de la mano de Magdalena Lasala. En aquellos años llegábamos a más de un millón de escolares de todo el país

¿Cómo surgió la idea de fundar Arbolé, del que usted es gerente? ¿Cuál era el equipo?

Arbolé lo creó Iñaqui Juárez y surgió en la Escuela de Magisterio, tras unos cursos de títeres que impartió el desaparecido Julio Michel en la Escuela de Verano de Acción Educativa en Madrid. Esto era en 1976 y, tras juntarse un grupo de maestros, se crea el colectivo La Oca, que se convertirá en Arbolé. Así comienza una aventura que va de la ingenuidad ácrata a la creación de un oficio.

Arbolé fue pionero en contar con un espacio propio de representación para sus funciones y para las ajenas. ¿Es así?

Desde el principio, nuestro empeño fue construir un oficio y en eso siempre estuvimos junto a los compañeros que empezaron con nosotros. Me refiero a Paco y Pilar, de Los Titiriteros de Binéfar. Tener un espacio propio era una prueba de independencia y una manera de compartir y aprender el oficio, nos permitía recibir y acoger a los compañeros de todo el mundo, lo que nos facilitó la formación y nos hizo crecer. La sala nos permitió viajar por todo el mundo e intercambiar experiencias. La compañía empezó a crecer y se convirtió en lo que es hoy: una empresa cultural con doce trabajadores.

"Los títeres son la expresión modesta del teatro, pero tienen una gran versatilidad y permiten expresar emociones con magia y utilizando humildes materiales"

Cuando mira hacia atrás y ve el local de Francisco Ferrer, ¿qué piensas? ¿Qué le dice la memoria, qué imágenes acuden a su cabeza?

En el local de Francisco Ferrer, en el Actur, nos visitó Chicho Sánchez Ferlosio, que cantó su canción ‘Gallo rojo, gallo negro’. Años después la interpretaría Silvia Pérez Cruz en el nuevo Arbolé del Parque del Agua. Inolvidables las dos interpretaciones. A la pequeña sala del Actur también vinieron Agustín García Calvo, Esperanza Abad, Mauricio Aznar de Más Birras, que compartió con Arbolé local de ensayo. En él impartimos los primeros cursos para titiriteros con los titiriteros cubanos Rene Fernández Santana del Teatro Papalote, Armando Morales, del Guiñol Nacional de La Habana, con los argentinos Eduardo y Héctor Di Mauro, como el inconformista Roberto Espina. En la antigua sala nos visitaron muchos amigos, escritores y titiriteros que nunca olvidaré, con muchas anécdotas que han contribuido a dignificar un oficio y que también ayudaron a formar mi personalidad.

Iñaqui Juárez y Azucena Roda en 'Don Quijote por La Mancha de Aragón', de Teatro Arbolé.
Iñaqui Juárez y Azucena Roda en 'Don Quijote por La Mancha de Aragón', de Teatro Arbolé.
Archivo Arbolé.

¿Recuerda por qué han elegido los títeres? ¿Cómo definiría su secreto o su poder de comunicación?

Yo no elegí los títeres, los títeres me eligieron a mí. Los títeres tienen la ternura, la alegría y el encanto, además de una fuerza dramática, que es imprescindible para que el espectáculo en vivo tenga la fuerza que siempre requiere el teatro. Los títeres son la expresión modesta del teatro, pero tienen una gran versatilidad y permiten expresar emociones con magia y utilizando humildes materiales.

¿Cabría decir que el gran personaje de la compañía fue Pelegrín?

Por supuesto. Como contamos con cierto punto de ficción, encontramos a Pelegrín por los valles del Pirineo navarro por donde pasa el Camino de Santiago. De Peregrino (Pelegrino) a Pelegrín. Para nosotros ha representado la recuperación de un género tradicional: los títeres de cachiporra, que nos ha situado en el panorama nacional.

¿Qué supuso el traslado al Parque del Agua, a ese teatro negro, moderno, de 200 plazas? ¿En qué ha cambiado todo, cómo se trabaja desde ahí?

Con el nuevo teatro, inaugurado en 2008, pudimos desarrollar un proyecto teatral independiente, a la vez que el nuevo espacio nos abría puertas y nos enfrentaba a nuevos retos. Fue un sueño cumplido, crecimos y nos tuvimos que reinventar con nuevos proyectos, más personal, coproducciones, mayores formatos… También ha supuesto mucho aprendizaje. Hemos crecido como artistas y como personas, creando un equipo equilibrado junto a mis socios y amigos Iñaqui y Pablo.

"Otra cosa son las políticas culturales de fomento del teatro, políticas culturales inexistentes. Tras cuarenta años en defensa de la industria cultural, sigo creyendo que la cultura no forma parte del calendario político, y eso es lamentable"

¿Podría darnos algunas cifras de asistencia, de funciones, de festivales y proyectos que organizan?

Como compañía, al año hacemos unas 250 funciones de media en más de 90 localidades españolas. El año pasado participamos en cinco festivales internacionales. Al año pasan por el teatro alrededor de 40.000 espectadores para asistir a las funciones para público infantil y familiar, y también para las que programamos para público juvenil y adulto, con ciclos pioneros de teatro, música y danza como Les Refusés o el Festival Iberoamericano de Teatro para Niños. Y nuestra campaña de Creación de Audiencias Escolares reúne a más de 7.000 escolares cada curso. En el Teatro Arbolé del Parque del Agua hemos vivido momentos que siempre estarán presentes en nuestra memoria, como escuchar a José Sacristán recitando a Antonio Machado; la actuación de Las Migas con Silvia Pérez Cruz, que nos visitó después en solitario; ver sobre su escenario a Héctor Alterio recitar a León Felipe; o recordar los años noventa con Cristina Lliso, de Esclarecidos. Hay muchos recuerdos con amigos que ya nos están como José Luis Cortés (Panoja), con el que programamos muy buena música.

Esteban Villarrocha en el teatro negro de Arbolé. Siempre a pie de obra, de reflexión y de fantasía.
Esteban Villarrocha en el teatro negro de Arbolé. Siempre a pie de obra, de reflexión y de fantasía.
Ana Rioja.

Arbolé también es un sello editorial. ¿Qué publican y que quieren seguir publicando?

Este es el gran sueño que me une a mis orígenes en Cultural Caracola. Ese proyecto editorial es producto del amor al libro y a la escritura. Siempre he pensado que el teatro también se lee. Ya son 46 los libros editados, tanto para títeres como teatro contemporáneo aragonés, con autores como Mariano Cariñena (ya fallecido), Mariano Anós, Luis Merchán, Rafa Campos, José Luis Esteban, Alfonso Plou, Joaquín Melguizo, Ricardo Joven, Iñaqui Juárez, Paco Paricio…

¿Cómo vive Zaragoza el teatro, y en particular el teatro infantil y el de las marionetas? ¿Se valora, hay respeto, responde el público?

El teatro de títeres en Aragón goza de una estupenda salud. Contamos con talentosas compañías internacionales como Titiriteros de Binéfar y estudiosos del arte del títere fundamentales como Adolfo Ayuso. Otra cosa son las políticas culturales de fomento del teatro, políticas culturales inexistentes. Tras cuarenta años en defensa de la industria cultural, sigo creyendo que la cultura no forma parte del calendario político, lamentable. En estos momentos, en Zaragoza hay tres salas privadas realizando una programación variada y alternativa: Teatro de la Estación, Teatro de las Esquinas y Teatro Arbolé. El público es reflejo de los tiempos. A nivel general, en Zaragoza el público responde, aunque siempre queremos más. Ahora asistimos a un cambio del modelo de ocio y todavía no sabemos cómo afectará al sector del espectáculo en vivo. La trasformación digital cambiará el modelo cultural que conocemos y seguro que sabremos adaptarnos una vez más.

Usted es un hombre reflexivo y un defensor constante de la cultura más transversal. ¿Cómo estamos, qué nos falta? ¿Qué le conmueve y qué le decepciona?

Gracias por lo de reflexivo, mucho he vivido en el sector cultural de Zaragoza y Aragón, pero pocas veces he visto esas reflexiones compartidas con las instituciones políticas culturales. Siento desazón al ver las políticas culturales que persiguen el efecto más que el afecto. Efecto que se traduce en políticas de grandes eventos y punto.

¿Cómo sueña el futuro, cómo lo imagina?

Imagino un Teatro Arbolé siendo referente nacional en la programación para la infancia y la juventud. Seguro que el futuro nos obliga a generar nuevos proyectos y adaptarnos a los nuevos modelos de ocio.

"Puedo decir que he sido feliz rodeado de creadores, dramaturgos, poetas, pintores… que han satisfecho todas mis expectativas. Ahora que he visto la muerte de cerca, confieso que he vivido"

Ha pasado por momentos complicados, casi límites, y aún sigue recuperándose. ¿Qué le ha enseñado el dolor y la vecindad de la muerte?

Estos últimos dos años han sido muy difíciles. Sufrí un ictus que me acercó a la muerte, pero que me ha hecho valorar lo que de verdad importa: la familia, mi familia a la que tanto agradezco que no me haya soltado de la mano en estos duros momentos. La enfermedad, la pandemia, las recientes muertes de mi hermano Vicente -el pintor que escribía pintando- y de Pedro Rebollo -mi amigo y cómplice en muchos proyectos- me han hecho ver las cosas con otra mirada. Pero me siento un privilegiado al repasar todas las personas que me han rodeado y que me han permitido vivir emociones inolvidables. Puedo decir que he sido feliz rodeado de creadores, dramaturgos, poetas, pintores… que han satisfecho todas mis expectativas. Ahora que he visto la muerte de cerca, confieso que he vivido.

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