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crítica de teatro

Sobre todo teatro: 'Yo, la peor del mundo'

Por
  • Joaquín Melguizo
OPINIÓNACTUALIZADA 15/09/2021 A LAS 05:00
Un momento de la obra 'Yo, la peor del mundo', de Vaivén Producciones.
Un momento de la obra 'Yo, la peor del mundo', de Vaivén Producciones.
Vaivén Producciones

Arranca en el Teatro de las Esquinas Rayuela 21, un festival de artes escénicas, impulsado por 13 compañías estables de diferentes comunidades autónomas, nacido con vocación itinerante. Se inicia en Zaragoza y en años sucesivos se celebrará en distintas ciudades de nuestra geografía. Interesante proyecto que presenta, en esta edición inaugural, una programación verdaderamente atractiva.

La primera propuesta vino de la mano de la compañía donostiarra Vaivén Producciones y su ‘Yo, la peor del mundo’, un musical basado en la vida de sor Juana Inés de la Cruz, escritora y a la sazón monja jerónima, que nació y murió en el siglo XVII, en la entonces llamada Nueva España y cuyo nombre debería ocupar un lugar destacadísimo en el barroco hispánico. Niña prodigio, de portentoso talento, Juana tuvo el atrevimiento de consagrar su vida al estudio y a la escritura, reivindicando la valía de las mujeres, en una sociedad que tenía reservado para ellas su lugar en la esfera de lo doméstico. 

'Yo, la peor del mundo' ****
Libreto: Antonio Muñoz de Mesa
Intérpretes: Itxaso Quintana, Nerea Gorriti, Ana Pimenta, Lara Sagastizabal y Ugaitz Alegría.
DirecciónOlga Margallo

Esa figura protofeminista, se convierte en la columna vertebral del espectáculo. De manera sobresaliente, se adentra en la vida de sor Juana desde nuestra realidad, construyendo un inteligente juego escénico que se mueve entre lo contemporáneo y los histórico; un juego lleno de teatralidad y complicidad con el público; un juego fresco, divertido, descarado, emocionante por momentos, y vitalmente reivindicativo.

Hay un gran texto de Antonio Muñoz de Mesa, una estimable partitura de Iñaki Salvador, una imaginativa y cuidada puesta en escena de Olga Margallo, un acertado diseño escenográfico -minimalista, visual y funcional- de Marcos Carazo muy bien iluminado por Xabi Lozano, sencillas pero efectivas coreografías de Maitane Zulduegi y un excelente trabajo interpretativo. En suma, tiene todo lo necesario para que el teatro musical sea, sobre todo, teatro.

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