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Miguel Lago: "Quienes ponen límites al humor no merecen tener un altavoz"

El humorista vigués actúa este domingo en el Auditorio de Zaragoza con su show 'Todo al negro'.

Miguel Lago, relajado en las escaleras de su casa.
Miguel Lago, relajado en las escaleras de su casa.
Enrique Cidoncha

El show que trae a Zaragoza, ‘Todo al negro’, ¿es un guiño al humor de ese color?

Es un guiño al humor negro, pero también al propio espectáculo, ambientado en un casino de Las Vegas en los años sesenta.

Viene con una nueva función, pero entiendo que no prescindirá de ese personaje de ‘sobrado’ que ha sabido construirse.

Esa voz canónica continúa presente e integrado en el que, considero, es el mejor show humorístico que he escrito por el momento. La propuesta es un salto de calidad.

¿Y qué acogida está teniendo?

Fantástica. Estoy muy feliz porque está funcionando de maravilla, se están llenando los recintos y la gente sale muy satisfecha.

Tu humor puede resultar un poco ácido, pero a la vez te muestras como un tipo familiar, participas en causas benéficas. ¿Cuesta cambiar de personaje?

Mis dos caras son auténticas. Está Miguel, el marido y padre de tres niños, y está Lago, el lado humorístico. Todos somos poliédricos y todas nuestras caras son reales. En mi caso es tan verdadera la que se preocupa por la hipoteca o los pañales como la que sale al escenario, el lugar que me confiere la más absoluta libertad.

Algunos de sus chistes han generado cierta polémica. ¿Ha sufrido ataques o denuncias?

He tenido todos los problemas posibles, desde escraches digitales hasta hojas de reclamaciones en los locales donde actuaba.

¿Y cómo se afrontan esas situaciones? ¿Cómo se responde a quienes te atacan?

Mi filosofía es no hacerles caso. No me dirijo a ellos, sino a mi público. Sinceramente, quienes pretenden poner límites al humor no merecen un altavoz, y al menos yo no se lo voy a dar.

Pese a ello, es muy activo en las redes sociales.

Claro, son una buena herramienta si sabes gestionarlas. Te permiten hablar directamente con tu público, pero hay que saber separar a quienes aportan de aquellos que solo buscan el odio. Por eso, ya que las aplicaciones lo permiten, tengo silenciados los insultos y todas las palabras que pretenden acabar con el buen rollo. Busco un entorno agradable.

Siempre dice que sus humoristas de cabecera son los anglosajones Seinfeld o Ricky Gervais, pero seguro que como miembro de la generación EGB tiene ídolos nacionales de los 80 y 90.

¡Por supuesto! He crecido con Martes y Trece, el mejor dúo cómico de este país.

¿Y hay algo de ellos en ti?

Hay mucho de ellos en mí. Fueron pioneros en el uso del absurdo, en la creación de personajes y en la elaboración de situaciones paródicas.

Usted estudió Filología Hispánica pero, lejos de la enseñanza o la investigación, ha acabado siendo humorista.

La formación siempre es útil y, en mi caso, me ha ayudado a escribir mejor, a hacer mejores textos de cara a mis espectáculos. De cualquier modo, ya era humorista antes de licenciarme. Empecé con los monólogos en el año 2000, cuando estaba en la Universidad, y en ningún momento me planteé dejar los libros.

Tirando de tópico, usted, como gallego, tendrá morriña.

Siempre, pero Madrid me acogió de una forma maravillosa. Ese dicho de que todo el que llega se convierte de forma automática en madrileño es completamente cierto.

Pero le dará rabia no poder dedicarse a su gremio en su propia ciudad. En ese sentido, mucho aragoneses y gallegos comparten el sino de tener que emigrar a territorios más prósperos.

Tengo asumido que el trabajo y la industria del espectáculo se mueve, sobre todo, entre Madrid y Barcelona.

¿Suele tirar dardos a los lugares que visita? ¿Tendrá Zaragoza su puya este domingo?

Es algo que forma parte de la naturaleza del show, y hasta aquí puedo leer... Los que vengan, lo sabrán.

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