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"En Ixo Rai! nos divertíamos tanto que se nos olvidaba el público"

Alfonso Urben, fundador del grupo musical, publica un libro lleno de anécdotas en el que recorre toda su trayectoria

Concierto de despedida de Ixo Rai! en el Auditorio de Zaragoza en abril de 2002.
Concierto de despedida de Ixo Rai! en el Auditorio de Zaragoza en abril de 2002.
Juan Carlos Arcos

Catorce años de aventura artística, cinco discos y cientos de actuaciones en vivo (parece que nadie llevó la cuenta exacta). Estas son las cifras de Ixo Rai!, el inclasificable grupo musical que durante toda la década de los 90 hizo disfrutar a todo Aragón y buena parte de España. Casi 20 años después de su disolución (el concierto de despedida fue a finales de abril de 2002), uno de sus componentes, Alfonso Urben, acaba de publicar un libro en el que repasa la trayectoria del grupo al tiempo que revela un sinfín de anécdotas. El testimonio, en primera persona, es también el retrato de una época y de una forma de vivir la música, de fiesta en fiesta, a salto de mata y furgoneta.

El lector de ‘Ixo Rai! ¡Bendita fue la hora!’ descubre en sus páginas, por ejemplo, que en los contratos para sus actuaciones Ixo Rai! estipulaba que se le sirviera fruta, pan, agua, dos botellas de whisky y... una maza de jamón.

"El whisky nunca nos lo terminábamos –recuerda ahora Urben– y nos lo llevábamos al local de ensayo. Hoy puede parecer pintoresco lo de la maza de jamón pero tiene su explicación: después de los conciertos no queríamos comer el clásico sandwich de gasolinera".

Con el libro, publicado por Rolde de Estudios Aragoneses, Alfonso Urben aprueba con nota una asignatura que tenía pendiente frente a los miles de seguidores del grupo. ‘Ixo Rai’ es una expresión en aragonés que significa algo así como ‘no importa’ o ‘qué más da’. Y el propio nombre del grupo ya da idea de cómo fue su gestación: "Nacimos en la Cincomarzada de 1988. El Ayuntamiento de la capital aragonesa tenía previsto contratar a La Orquestina del Fabirol, pero resultó que varios de sus componentes tenían que actuar en Francia –relata Urben–. Así que decidimos hacer un grupo ‘puente’, con componentes de La Orquestina y de otra formación, Los Gaiteros de Castellar. La idea era disolver el grupo al día siguiente de aquel concierto, pero nos salió mal". En las fiestas del Pilar de ese año el Ayuntamiento les volvió a llamar y el grupo ya dio señales de su irrepetible personalidad: repartió entre el público porrones con vino de Alfamén.

Al año siguiente el grupo, hasta entonces integrado por Jesús Acero, José Juan Lanuza, José Prieto, Eugenio Gracia, Fidel Vicente y el propio Urben, fichó al baterista Juan Ferrández y poco después al guitarrista José Luis López.

"Fue en otra Cincomarzada (la de 1990) cuando vino a vernos José Antonio Labordeta a un concierto. Le gustó mucho lo que hacíamos, él nos llevó a su discográfica y todo cambió. Firmamos contratos para tres discos".

Aquello les catapultó. Aunque podría considerarse a Ixo Rai! un grupo fundamentalmente festivo, lo cierto es que las letras reivindicativas, cuando no combativas, eran una de sus señas de identidad. "Apostamos por la ironía, por las metáforas –asegura Alfonso Urben–. Entiendo perfectamente a los grupos punkies, que van un poco ‘a cuchillo’ en sus letras. Pero nosotros queríamos decirlo todo, denunciarlo todo, a través de la ironía".

Y en ese marco crítico e irónico hay que encuadrar la canción más conocida del grupo, ‘15 de agosto’, que en cierta medida fue también hija de la casualidad. "Estábamos grabando un disco (‘Pasa pues?’, 1995), nos faltaba tiempo y, para acabarlo, dijimos: 'Vamos a meter la ranchera'. Y es que entonces el tema lo hacíamos instrumental. Pero enseguida Jota (José Juan Lanuza) propuso ponerle letra. Y salió una crítica a las fiestas que se hacían en los pueblos del Bajo Gállego, entonces sosas y siempre con lo mismo: vaquillas, orquestas... mientras que las fiestas en el Pirineo eran más animadas. Total, que la canción no iba a entrar en el disco, la metimos por casualidad, y ya en las primeras audiciones que hicieron los amigos, antes de que se publicara, vieron algo especial en ella. El disco apareció en mayo y en apenas dos meses todo dio un vuelco: en agosto ya la cantaban todas las charangas. Ahora es del pueblo en general, que se la ha adueñado. Lo que no quita que, de entre nuestras canciones, sea una de las que menos me gusta".

Crearon un estilo musical propio, el ‘mondongo’, vocablo que le venía al pelo a un grupo que bebía en fuentes tan dispares como la música tradicional, el ska o el reggae, y cuyos componentes lo mismo se subían al escenario disfrazados de monaguillos que empuñaban una gaita de boto o o una flauta travesera. No encajaban en ninguna etiqueta, así que se crearon la suya.

Hubo conciertos multitudinarios, aunque quizá no sean ahora los más recordados. "Nos gustaba actuar en pueblos pequeños, como Cofita o Arro, en Huesca, de 30 o 50 vecinos, y desbordarlos, meter a 1.500 o 2.000 personas. El secreto del éxito de Ixo Rai! era que nos divertíamos mucho... Tanto, que casi siempre nos olvidábamos hasta del público".

Ixo Rai! duró lo que duró. "Lo dejamos por cansancio –resume Alfonso Urben– No queríamos acabar mal o tocando de mala manera. Llevábamos mucha carretra encima, estábamos cansados, lo dejamos y ahí se quedó. La gente se sorprendió mucho, pero con el tiempo hemos visto que fue la decisión más acertada".

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