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LECTURAS ESTIVALES. OCIO Y CULTURA

Carlos Bardem: el malabarismo argumental de un asesino

El escritor y actor publica una nueva novela: ‘El asesino inconformista’ (Plaza & Janés), que posee intensidad y turbulencia

Javier y Carlos Bardem, durante la presentación de una novela anterior.
Javier y Carlos Bardem, durante la presentación de una novela anterior.
Efe/Heraldo.

Ese empeño de la genética por destruir hombres sirve en algunas ocasiones para construir novelas cuyo ‘timing’ narrativo alcanza el corazón de la verdad sin obligarla a nada excepto a ejercer como maestra de ceremonias durante toda la narración. ‘El asesino inconformista’ de Carlos Bardem (Madrid, 1963) es una de esas novelas.

Una novela que hace una selección fantástica de las denuncias necesarias y de esas dos realidades, igualdad y respeto,  que si no son tenidas en cuenta taponan de manera irreversible el verdadero sentido del mundo. 

Bardem conduce una polifonía inquietante y unificada que ofrece un cuerpo narrativo poderoso y cínico. Utiliza al sistema como ‘sparring’ hasta dejarlo K. O. Domina a la perfección el estruendoso eco de la intrahistoria emocional de un país, las huellas, la respiración de todas sus generaciones, su falta de aire, las piruetas casi mortales que se le exigen a aquellos que nacen para ser supervivientes.

Bardem posee la clarividencia del cínico y haciendo uso de ella construye inagotables Apocalipsis para lograr centralizar la verosimilitud de esta novela.

Escribe: Crías de un país que siempre está a tres generaciones de educación laica, cultura y ciencia, de sacudirse las moscas y la ignorancia grasienta del siervo que quiere ser amo, no libre”

Hace falta apenas leer cincuenta páginas para darse perfecta cuenta de que ‘El asesino inconformista’ está perlado de inteligencia resiliente al maniqueísmo oficial  y oficioso de la novela negra. Su concreción, el descaro de su ritmo narrativo y la atmósfera incontestable que habilita el autor para construirla me han parecido un hallazgo relevante en el estómago de este historia que ofrece una manera distinta de encarar el ‘noir’ patrio. Bardem habilita página a página una erudición lisérgica que resulta deliciosa y ofrece al lector una novela de hercúlea musculatura. Un diálogo con la realidad que nadie quiere ver, que nadie quiere sostener. La mayoría de la sociedad prefiere jugar a la ruleta rusa metiendo la mano dentro de un lago de agua turbia, Bardem por el contrario prefiere traspasar la superficie de un lago helado y sacar de sus entrañas lo que quede de vida en él. 

Bardem es un narrador despiadado que sin embargo busca el equilibrio en cada reflexión. Jamás provoca sin enunciar la solución o la certeza que hace de su protagonista, Fortunato, un hombre sabio en cultura emocional que trasciende y va ascendiendo hacía la memoria del lector como asciende un alpinista por una montaña que no sabe que  algún día llevará su nombre.

Dentro de Bardem susurra Camus y eso convierte a la memoria de su protagonista  en una laureada y arrebatada plusmarquista. 

Acertadísima es también su manera de aligerar el implacable peso político y social de su protagonista, de humanizarlo a través de la intimidad, con Claudita, la mujer que ama. Bardem ofrece un planteamiento muy realista de la dualidad humana a este respecto. Nos cuenta que lo que somos no los somos por naturaleza sino por la inagotable manipulación a la que nos vemos sometidos: “Confiar es difícil cuando se te pudre el grito, que no gritas para que ella te siga queriendo”.

“Confiar es difícil cuando se te pudre el grito, que no gritas para que ella te siga queriendo”

Fortunato es un asesino porque ya no puede ser el niño que deseó ser, el niño al que asesino la inagotable veleidad de su padre. Fortunato es un cuerpo creado sin improvisación, narrado con una pulcritud indómita , alimentado con pedazos de heterodoxia útil hasta hacer de él un detective sin posibilidad de flaqueza.

Bardem expone un relato generacional desinhibido y al mismo tiempo doliente. El réquiem que ningún compositor desearía incluir en su selección de obras: “Crías de un país que siempre está a tres generaciones de educación laica, cultura y ciencia, de sacudirse las moscas y la ignorancia grasienta del siervo que quiere ser amo, no libre”.

Bardem ha construido a un hedonista que comparte oxígeno. Bardem ha corrido muchos riesgos mientras escribía esta novela. Ha corrido muchos riesgos al hacer gala de un penetrante malabarismo argumental, al mover narradores y tiempos verbales con la destreza y la vivacidad con que lo hace. Fortunato es el asesino, pero también es el objetivo. Él va construyendo frase a frase el sudario de su conciencia para recuperar la inocencia que tan bien saben absorber las raíces de los árboles genealógicos: "La suerte, o el destino, no son más que otros nombres del caos”.

‘El asesino inconformista’ es una novela casi perfecta, pero no les diré donde reside su imperfección, porque es una novela que los buenos lectores deben leer, que deben ofrecerle a las horas lentas de un verano como este que tiene como meta convertirnos a todos en mártires emulando a San Lorenzo. 

No dejen de leer esta novela, que sigue la estela de narradores como el malogrado Rafael Chirbes. Que hace descansar su autenticidad sobre los movimientos de directores de cine como Jean-Pierre Melville. Sin duda, Jef Costelo, el legendario personaje interpretado por Alain Delon en el clásico francés de 1.967, estaría orgulloso de las leales hechuras del regio  Fortunato. 

LA FICHA

'El asesino inconformista'. Carlos Bardem. Plaza & Janés. Barcelona, 2021. 377 páginas. 

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