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Morante corta una oreja en Calatayud en un agridulce regreso de los toros a Aragón

El cigarrero fue el único en llevarse trofeo del Coso de Margarita, que presentó una elevada asistencia.

Morante de La Puebla dio muestras de su torería durante muchas fases de la lidia de sus dos astados.
Morante de La Puebla dio muestras de su torería durante muchas fases de la lidia de sus dos astados.
JMACIPE

Desde la tarde del 7 de septiembre de 2019, en la arena del centenario Coso de Margarita de Calatayud no se habían dibujado los blancos límites de las tablas, tercios y medios. Ayer se acabó rompiendo la espera con la corrida de toros que protagonizaron Morante de La Puebla, Diego Urdiales y Tomás Campos con los seis astados que puso en liza la ganadería gaditana Ana Romero. Una sola oreja cortada por el cigarrero fue el saldo de la cita, con un tendido entregado en el regreso de los festejos taurinos mayores a Aragón, pero que dejó un sabor agridulce.

Fue el sevillano quien ‘estrenó’ el ruedo, con la polémica por la cancelación de la Feria de Gijón todavía coleando. Lo hizo con cierto retraso, ya que la alta afluencia de público y los controles de acceso hicieron que la organización diera más tiempo para que la gente se acomodase y, posteriormente, al guardar un minuto de silencio por los fallecidos a causa del coronavirus, culminado con una sonora ovación y el himno español.

Empezó sin perder el tiempo y encandiló al público, verónicas y chicuelinas fueron los argumentos para desencadenar olés y ovaciones. La faena únicamente se vio alterada por un pequeño traspiés del diestro cigarrero que se quedó en un susto sin consecuencias. Le dio muerte en el primer intento y, a pesar de los aplausos y la pañolada, saldó su intervención con una sola oreja. En su segundo ‘santacoloma’, Morante se enfrentó a un astado que no le dio oportunidad de lucirse, por lo que acabó con él tras pinchazo y estocada.

Urdiales no quiso quedarse atrás y se ganó al respetable de inmediato, encadenando varios pases seguidos que levantaron al público de los asientos. Así, el de Arnedo acabó abrazado al toro y lo mató al segundo intento, siendo reconocido únicamente con aplausos. Como si de un calco se tratase, tampoco pudo hacerse con el segundo, al que también dio fin, está vez, tras tres oportunidades.

Campos marcó en su primero un cambio de tendencia como se vio en los segundos de Morante y Urdiales. En su caso fue introduciendo más pausa que en las faenas precedentes, que se acabó con un pinchazo y estocada y sin premio. Con su segundo animal, el extremeño se desquitó: se lo llevó a medios con golpes suaves y encadenados. Ya en tablas se creció e hizo que los asistentes despertasen del letargo. Sin embargo, tras una estocada poco certera, al igual que la puntilla, el asalto se saldó sin trofeos.

En las gradas, al 40% de capacidad de unos 8.000 asientos por normativa, el ambiente fue de día grande. "Estábamos de vacaciones por España, como hacemos todos los años. Nos enteramos y vivimos a Calatayud porque Morante es especial", reconocían Luis Gil y Sylbiane Cabanel, asentados en Francia. También del otro lado de los Pirineos, Javier Brousse, importador y exportador de vinos de viaje a La Rioja había aprovechado la ocasión. "Morante une el toreo moderno y el antiguo. Es barroquismo", sentenciaba minutos antes de entrar. Alberto Torcal, de Calatayud, reconocía que "es un aliciente, además que aquí no teníamos toros desde las Ferias de la Virgen de la Peña de hace dos años". A ellos se unían visitantes de Montón, Maella, varios puntos de Andalucía o de Pamplona, como Luisa Martínez: "El cartel era apetecible y nos hemos animado".

Para amenizar el encierro, bajo un intenso sol y soportando más de 30 grados de temperatura, intervinó la banda de la Agrupación Musical Pascual Marquina. El templo taurino bilbilitano presentó un aspecto poco habitual. Al lavado de cara que ha costeado recientemente el Ayuntamiento de Calatayud, para cambios en las carpinterías y pintura principalmente, se añadió la decoración.

A todo eso se añadió la aplicación del protocolo contra la coronavirus, que implicó el uso obligatorio de mascarilla, el lavado de manos con gel hidroalcohólico y mantener la distancia de seguridad, que con pocas excepciones, se cumplió a rajatabla. "Hemos puesto mucha ilusión, trabajo y cariño para que esto salga adelante", subrayaba Ignacio Ríos, empresario natural de Utebo y promotor de la cita. "Han sido meses muy, muy duros. Sin poder trabajar en lo que te da de comer y aguantando todo y más", añadía. 

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