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Fernando Valls: "Ser crítico literario consiste en leer con atención"

Cuestionario Vivir para leer. Hoy: Fernando Valls. Diálogo con el nuevo presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios

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Fernando Valls (Almería, 1954) es el nuevo presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios.
Gemma Pellicer.

¿Cuál es el primer libro, o los primeros libros, que le cambiaron la vida?

Tanto como cambiarme la vida, no, pero las primeras lecturas que me interesaron, apenas leí lo que se considera literatura juvenil, fueron ‘Robinson Crusoe’, de Defoe, y ‘Oliver Twist’, de Dickens, que estaban en casa de mis padres. Luego, ya comprados por mí, de adolescente, o regalados: ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘Los funerales de la mamá grande’ y ‘Cien años de soledad’, los tres de García Márquez, y ‘La ciudad y los perros’ de Mario Vargas Llosa.

¿Y el que le reveló los poderes de la literatura?

Sobre todo los hispanoamericanos del llamado ‘boom’ y sus antecedentes, que descubrí a la vez, pues uno me llevó a otros, siguiendo los libros de Luis Harss (‘Los nuestros’) y Andrés Amorós (‘Introducción a la novela hispanoamericana actual’). Además de los citados: César Vallejo, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante...

¿Quiénes son los críticos literarios de su vida?

Entre los españoles, Ricardo Senabre, Robert Saladrigas, Santos Sanz Villanueva, Juan Antonio Masoliver Ródenas, Ángel Basanta, Anna Caballé, José María Pozuelo y José-Carlos Mainer, que ejerce menos de tal de lo que me gustaría. Y entre los más jóvenes, Ángel L. Prieto de Paula, Selena Millares, Domingo Ródenas de Moya y Jordi Gracia.

¿En qué consiste ser crítico literario?

Consiste en leer con atención, conociendo la historia literaria y mostrando cierto gusto, criterio, para analizar, contextualizar y valorar los libros, razonando los juicios, en un texto claro, escrito con soltura, con las dosis justas de pasión, pues debe poder leerse con interés. El crítico debe intentar ser ecuánime, comprensivo y generoso con los que empiezan y exigente con los consagrados.

¿Es el crítico, como dicen algunos, un escritor frustrado?

No me lo parece en la mayoría de los casos. Más triste me parece el que algunos escritores hayan convertido la crítica en un mero ganapán.

¿De quién o de qué aprende un crítico?

De los críticos notables, como los que he señalado, o de ensayistas literarios extranjeros como G. Steiner o H. Bloom, por solo citar dos nombres conocidos, y de algunos escritores que han cultivado el ensayo o la crítica (Cernuda, Borges, Octavio Paz, Ricardo Piglia, Mario Vargas Llosa, Andrés Ibáñez), de las entrevistas con escritores..., o de historiadores de la literatura, como José-Carlos Mainer.

¿Qué libros le acompañan siempre, o casi siempre?

Los clásicos (Fernando de Rojas, San Juan de la Cruz, Cervantes, Shakespeare, Moliére, Goldoni, Balzac, Dickens, Galdós, Chéjov, Brecht, Kafka, Pinter, por solo citar unos pocos) y los contemporáneos españoles que prefiero (Juan Ramón Jiménez, Valle-Inclán, Lorca, Cernuda, Max Aub, Rafael Chirbes...).

¿Qué busca en la literatura, en la que lee y en la que edita?

La complejidad del mundo, la de los sentimientos y conductas, la sorpresa y la emoción, la sutileza del uso del lenguaje, el humor bien traído, la actitud crítica, poco complaciente. En suma, un tono, el acento personal, diferente, aquellos libros que combinan tradición y originalidad y convierten en reales a sus personajes.

¿Qué libro de teoría o de ensayo literarios rescataría del olvido?

El de C.S. Lewis, ‘Crítica literaria’: un experimento, que hace casi cuatro décadas editó Antoni Bosch.

¿Los tres últimos libros, más o menos recientes, que le hayan conmovido?

‘Sur’, de Antonio Soler; ‘Lectura fácil’, de Cristina Morales, y ‘Canto yo y la montaña baila’, de Irene Solà (Premio Cálamo), que quien pueda debe leer en catalán.

"En la literatura busco la complejidad del mundo, la de los sentimientos y conductas, la sorpresa y la emoción, la sutileza del uso del lenguaje, el humor bien traído, la actitud crítica, poco complaciente"

¿Colecciona algún autor?

Intento hacerme con todos los libros de fotos de escritores, así como de los libros de entrevistas.

¿Cuál es el libro (o libros) de su biblioteca que tiene una historia especial, singular o emotiva?

Unas primeras ediciones de Galdós que me regaló el maestro Alberto Blecua, cuando casi recién licenciado me pidió que lo sustituyera en algunas clases, aunque me temo que no debieron ser muy buenas. Y aquellos libros dedicados, y algunos también dibujados, por escritores que aprecio.

¿Ha hecho más locuras por amor o por la literatura?

Las amorosas no son para contarlas aquí, aunque sean pocas y modestas, quizá no lleguen a locuras; por otro lado, no sé si considerar locura, o mero fetichismo, mi afición a visitar las tumbas de los escritores y artistas que aprecio.

¿Hay una cita, un fragmento o un microcuento de un libro que le definan o que le gusten especialmente?

Sí, el párrafo final del prólogo que Cervantes le puso al ‘Persiles’: «Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo me voy muriendo y deseando veros presto contentos en la otra vida». Lo recuerdo siempre en la voz de Alberto Blecua que le gustaba recitarlo de memoria.

¿En qué consiste leer?

En recogerse, concentrarse y dejarse llevar por el libro, intentando comprender para poder valorarlo.

¿Cuál es el momento actual de la crítica literaria en España?

Creo que en los medios escritos hay críticos buenos y me parece mejorable en Internet.

"El crítico literario debe intentar ser ecuánime, comprensivo y generoso con los que empiezan y exigente con los consagrados"

Recientemente Javier Cercas, en el EPS, decía que la crítica literaria ya no le importaba a nadie. ¿Tiene razón?

Les importa a algunos lectores curiosos, y a casi todos los escritores, empezando por Cercas.

¿Qué es peor: el crítico que abusa del ditirambo o el crítico suficiente que perdona la vida al escritor?

Ambos son malos. El crítico debe intentar ser ecuánime, comprensivo y generoso con los que empiezan y exigente con los consagrados.

En el mismo suplemento, Javier Marías era demoledor con los premios literarios. ¿Se venden los críticos?

Me imagino que hay de todo, pero en los jurados que yo he estado, nunca he visto a un crítico que defienda intereses que no sean estrictamente literarios, y en los pocos casos que no ha sido así, tampoco han conseguido lo que se proponían.

Siempre ha reivindicado autores que han caído en el olvido. ¿A quién lo haría ahora más que nunca?

A Miguel Espinosa, el autor de ‘Escuela de mandarines’ y La ‘fea burguesía’, y a aquellos escritores del exilio republicano que no conocemos todavía como se merecen (Tomás Segovia, José de la Colina, Angelina Muñiz-Hubermann...), aunque se ha hecho mucho en los últimos años.

¿Qué querría conseguir al frente de la Asociación Española de Críticos Literarios?

Me gustaría que siguiera manteniendo la independencia y el acierto en la concesión de los premios, que deben darse a libros ambiciosos y que aporten novedades, a aquellos que nos hagan sentir mejor el mundo en que vivimos. En este sentido, la labor de mi predecesor ha sido impecable. Y en el aspecto práctico, necesitamos una página web para volcar allí la historia del premio, los datos y documentos gráficos que guardamos.

Ha sido editor durante años de Menoscuarto, sobre todo de cuento. ¿Somos un país de cuentistas?

Creo que en el siglo XX hemos tenido grandes escritores de cuentos, pero con una tradición discontinua.

¿Qué cuatro o cinco libros de cuentos nos recomendaría?

Voy a centrarme en autores españoles, en nombres, más que en obras concretas, que hicieron gran parte de su obra tras la guerra civil: Manuel Chaves Nogales, Francisco Ayala, Max Aub, Ignacio Aldecoa, Juan Eduardo Zúñiga, Luis Mateo Díez, José María Merino, Cristina Fernández Cubas y Javier Marías.

¿Ha pasado de moda el microrrelato, que tanto le ha interesado?

Sí, ha pasado la moda para asentarse como un género que debe ir normalizándose, como una forma narrativa más, junto al cuento, la novela corta y la novela. Pero lo importante es que ya tenemos buenos libros y antologías, tanto españolas como hispanoamericanas.

¿Cómo ve, desde Barcelona y desde Alemania, el momento de las letras aragonesas? ¿A quiénes sigue de cerca?

Hay buenos editores (Jekill&Jill o Xordica), una gran revista (‘Turia’), y ha habido grandes escritores en las últimas décadas, de Sender a Ramón Gil Novales, Antonio F. Molina, Javier Tomeo y José Luis Borau, y en la actualidad, además de los nuevos nombres de interés (Cristina Grande, Carlos Castán, Ismael Grasa, Daniel Gascón, Miguel Serrano Larraz...), sigo sobre todo a Ignacio Martínez de Pisón. Hay otros, muy presentes en los medios, cuya obra siento no conocer bien. Y me da pena que se muriera Fernando Aínsa, ensayista y autor de ficción, sin que se le hubiera concedido el Premio de las Letras Aragonesas.

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