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La familia de un coleccionista fallecido entrega al Museo de Zaragoza un casco de Aranda de Moncayo

La pieza, similar a las expoliadas hace décadas en Aranda de Moncayo, ha estado durante años en un trastero y se ha redescubierto ahora

Tres de los cascos celtibéricos de Aranda de Moncayo, cuando fueron recuperados por el Ministerio de Cultura en París.
Tres de los cascos celtibéricos de Aranda de Moncayo, cuando fueron recuperados por el Ministerio de Cultura en París.
Ministerio de Cultura y Deporte

La familia de un coleccionista aragonés de militaria, fallecido hace pocos años, entregó ayer al Museo de Zaragoza una pieza excepcional, uno de los cascos celtíberos expoliados en Aranda de Moncayo décadas atrás. Según ha podido saber HERALDO, la pieza les apareció hace tan solo unos días al hacer limpieza de un trastero al que no accedían desde hacía tiempo, y, tras ver de qué se trataba, decidieron entregarla al museo donde se guardan ya otras siete de similar factura.

El casco, al parecer, presenta un estado óptimo para los especialistas, puesto que no se ha ‘embellecido’ tanto como los que en los últimos años han salido a subasta. Se encuentra en un primer estado de restauración, que permitirá saber sin lugar a dudas qué parte de la pieza es original y qué parte no, y aportará datos valiosos sobre los procedimientos de restauración aplicados a las piezas hoy en posesión del Museo de Zaragoza.

Poco más se supo ayer de este casco, que se suma a los siete ya existentes en el museo y que previsiblemente se someterá a variados estudios y análisis. En cuanto a los otros, no se ha cumplido lo que se dijo cuando recalaron a finales de 2019 en el Museo de Zaragoza y se dio por hecho que se presentarían al público «en las primeras semanas de 2020», cuando estaba previsto que terminaran las obras iniciadas en el interior y exterior del edificio. Las obras se retrasaron, llegó la pandemia, se anunció que se mostrarían a partir de septiembre pero tampoco se cumplió el plazo y, de momento, se está a la espera de que el aficionado a la arqueología pueda contemplarlos.

También se espera para muy pronto la presentación del libro ‘El retorno de los casco hispano-calcídicos’, coordinado por Raimon Graells y Ricardo González, y en el que han participado los especialistas que han hecho posible el retorno de las piezas a Zaragoza. La obra quiere poner al alcance del público en general todo lo que se sabe de los cascos y de su recorrido.

Y no se ha vuelto tampoco a oír nada del anuncio que hizo en esa presentación de 2019 el presidente aragonés, Javier Lambán, de organizar una gran exposición en torno a la cultura celtíbera en Aragón. Dio a entender que iba a ser la gran exposición de tono histórico de esta legislatura, aunque parece que ese papel lo desempeña ahora el Año Goya.

También en aquel acto público el director general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura prometió que, una vez que el Supremo dictara sentencia y los cascos fueran fruto oficial de expolio, según sentencia judicial inapelable, se iniciarían gestiones para recuperar el resto de los que han sido subastados en distintas ciudades del mundo. La sentencia llegó en junio del año pasado, cuando ya había muerto el principal encausado, Ricardo Granada.

El alto tribunal redujo sustancialmente las penas impuestas por la Audiencia de Zaragoza. A Ricardo Granada, el principal acusado del expolio, lo condenó a tres años de cárcel como autor de un delito continuado de daños materiales intencionados sobre yacimiento arqueológico terrestre en concurso con un delito continuado de hurto. Además, condenaba a un segundo acusado, Mariano Ostalé, al considerar probado que recibió varias de las piezas expoliadas por el primero, a 1 año y 9 meses de cárcel por delito de receptación. La Audiencia de Zaragoza les había condenado a seis y tres años de cárcel, respectivamente, y Ricardo Granada había fallecido meses antes, en febrero.

Con la sentencia y la muerte de Granada parecía que el caso de los cascos no tenía más recorrido. Pero la historia tiene nuevos capítulos. 

En julio pasado Christian Levett, propietario del Museo de Arte Clásico de Mougins (Francia), que entregó los siete cascos que hoy están en el Museo de Zaragoza, al saber su ilícita procedencia, entregó otro más, que sería el octavo. Sin embargo, le fue devuelto meses más tarde porque, cuando se le realizaron los pertinentes análisis, se descubrió que era una falsificación realizada a finales del siglo XX.

En 2014 se produjo también la donación al Museo de Zaragoza de otro casco procedente de Aranda de Moncayo, del que al parecer los especialistas también tienen dudas.

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