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Ocio y Cultura

LITERATURA. OCIO Y CULTURA

Miguel Ángel Hernández se refugia en la oscuridad en 'El don de la siesta'

El escritor murciano, autor de 'El dolor de los demás', muestra en este breve libro de Anagrama las entretelas y bambalinas del oficio de escribir

Miguel Ángel Hernández escribe sobre la siesta.
Retrato del escritor murciano, autor de la inquietante noved 'El dolor de los demás'.
Archivo Anagrama.

Al igual que sucedía en 'El dolor de los demás' o en 'Aquí y ahora. Diario de escritura', Miguel Ángel Hernández vacila en las primeras páginas de 'El don de la siesta': muestra al lector las entretelas, las bambalinas del oficio de escribir contándole cómo, durante el confinamiento, tomó una serie de notas para escribir un ensayo sobre la siesta. Y lo hace, no como parte de dicho ensayo, sino en el prólogo al mismo: una suerte de relato autobiográfico tejido de reflexiones.

Cuando comienza la obra, el autor duda de nuevo: ha tratado de dar forma a una serie de tuits satíricos que utilizan la siesta como leitmotiv, escritos a lo largo de los años y referidos a la actualidad. Pronto advierte que la literatura de las redes sociales es un arte de la inmediatez y que los libros, en cambio, son otra cosa: están sujetos a una temporalidad distinta.

De modo que, siguiendo su peculiar método de prueba y error, abandona los tuits y vuelve a las notas y a las lecturas de los meses del confinamiento, a libros como: 'Por qué dormimos', de Mathew Walker; 'El arte de la siesta', de Thierry Paquot o '¿Por qué no podemos dormir (…)', de Darian Leader. En ellos se da cuenta de cómo el capitalismo ha transformado el concepto de la siesta. De considerarla una forma de vagancia, pereza y falta de rigor ha pasado, de pronto, a capitalizarla como un modo de ser más productivo mediante el descanso.

El autor rechaza tanto el desprecio como la vindicación de la siesta con fines productivos y defiende una concepción distinta: la siesta como interrupción de la realidad, como espacio de descanso, de reflexión y de encuentro con uno mismo. Sestear, para él, no equivale tanto a dormir como a desconectar, a liberarnos del estrés, del ritmo desenfrenado que nos impone la realidad; más aún desde el comienzo del estado de alarma, cuando internet se ha enseñoreado de la realidad e imperan las videoconferencias, el teletrabajo que invade nuestras casas y la confusión entre lo laboral y lo familiar.

Sestear, para él, no equivale tanto a dormir como a desconectar, a liberarnos del estrés, del ritmo desenfrenado que nos impone la realidad; más aún desde el comienzo del estado de alarma.

La exposición resulta tan fluida que las ideas parecen relatarse; en particular cuando el autor da un giro hacia la autobiografía y torna a su huerta murciana natal para recordar cómo, durante la niñez, no quería dormir la siesta y debía soportar que los adultos lo hicieran. Las persianas se bajaban, era de mala educación llamar o visitar a los amigos y no había nadie por las calles ni por los campos: todo parecía sumido en una lentitud irreal. No dormían solo las personas, también dormían los objetos, el mundo. Uno solo podía ver en la televisión 'El coche fantástico' y aguardar a que esa suerte de ciencia ficción terminase.

Hoy, Miguel Ángel Hernández se pone el pijama a las tres de la tarde, baja la persiana de su dormitorio y se mete entre las sábanas. No le obsesiona dormir para trabajar más por la tarde, ni se angustia en caso de no lograrlo. Como afirma Hannah Arendt en 'La vida del espíritu', “para pensar es necesario retirarse del mundo y adentrarse en las sombras. Encontrarse allí con uno mismo”. 

"Hoy, Miguel Ángel Hernández se pone el pijama a las tres de la tarde, baja la persiana de su dormitorio y se mete entre las sábanas. No le obsesiona dormir para trabajar más por la tarde, ni se angustia en caso de no lograrlo".

A este estado existencial, que Arendt denominó 'solitud' (solitude), se opone la 'soledad' (loneliness), en la cual el sujeto se siente privado, no solo de la compañía de los demás sino de la propia compañía. Hoy, por desgracia, esa solitud casi ha desaparecido –afirma el autor. En un mundo donde prima la transparencia y la sobreexposición, necesitamos más que nunca espacios ensombrecidos, capaces de resguardar al sujeto para reconectar con la materialidad de nuestro cuerpo y tomar el control de nuestra interioridad.

LA FICHA

‘El don de la siesta’. Miguel Ángel Hernández. Cuadernos Anagrama. Barcelona, 2020. 119 páginas.

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