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LITERATURA. 'ARTES & lETRAS'

Clarice Lispector: la escritura de fuego y deseo que veneran en Brasil y el mundo

Tal día como hoy se cumple un siglo del nacimiento de la autora de 'La pasión de G. H.' o 'Un soplo de vida', que nació en Ucrania y murió en 1977

Se cumple un siglo de Clarice Lispector (1920-1977).
La escritora de la intimidad y de la identidad, del deseo, del lenguaje y del corazón salvaje.
Archivo Siruela.

Tal día como hoy, hace exactamente cien años, nacía en Chechelnik, Ucrania, Clarice Lispector (1920-1977), y lo hacía en tiempos de convulsiones y guerras civiles. Su madre había sido violada varias veces por soldados bolcheviques y entonces se creía que el nacimiento de un hijo podría detener la amenaza de la sífilis. Sus padres, humildes, hablaban yíddish y le pusieron de nombre Haía, que en hebreo significa ‘vida’. No tardaron en salir del país y se instalaron en Brasil, primero en Maceió, luego en Recife (vivieron en la calle Aragón) y finalmente en Río de Janeiro, donde residió muchos años aquella niña especial, tenía dos hermanas más, que ya fabulaba con siete años. Adoptó el portugués, aunque habló y tradujo varias lenguas.

Su vocación literaria se despertó de inmediato: la marcaron maestros de su país como Machado de Asís, Graciliano Ramos, Joao Guimaraes Rosa, al que conocería años después. Clarice lo recordaría así: «Guimaraes Rosa entonces me dijo algo que jamás olvidaré, tan feliz me sentí en ese momento: dijo que me leía, “no por la literatura, sino por la vida”. Citó de memorias frases y frases mías y yo no reconocí ninguna».

Hesse, Mansfield, Woolf

Y junto a ellos cabría citar dos o tres libros más: ‘El lobo estepario’ de Hermann Hesse, ‘Felicidad’ de Katherine Mansfield, el primero que adquirió con su dinero, y posiblemente alguna de las obras de Virginia Woolf. En 1944, casi a la vez que se casaba con un compañero de Universidad, Maury Gurgel Valente, publicó su primer libro: ‘Cerca del corazón salvaje’, que revolucionó el panorama literario del país y suscitó diversas polémicas: rara vez se había contado la vida interior de una mujer con esa belleza y extrañamiento, con ese coraje, ese pensamiento poético y esa ráfaga de imágenes.

Ahí ya había muchas cosas que no le abandonarían jamás: su peculiar escritura, abisal y enigmática, brillante y compleja a la vez, su pasión por la lengua y su aspiración a habitar, de modo directo o elíptico, el corazón de las tinieblas, el manantial de una sensibilidad exacerbada, doliente, rabiosa, aguzada de escalofríos. A la vez que alimentaba su obra, cuentos y novelas especialmente, pero también libros infantiles porque se los demandó su hijo Paulo, colaboraba en la prensa, especialmente en ‘Jornal do Brasil’, donde hizo de todo: opinión, reportajes, creación, hasta notas de flores, Nórdica ha publicado ‘De Natura Florum’, ilustrado por Elena Odriozola. Y por aquí y por allá, iba dejando rastros de su arrebatada manera de sentir: «Soy frágil, incierta, incontrolada», anotó. Y, a propósito de su vocación y de su anhelo, dijo: «Muchas veces escribir es recordar lo que nunca existió»,

Tras su boda, su marido Maury Gurgel Valente se dedicaría a la carrera diplomática: vivirían en Nápoles, Berna, Tusquay (Inglaterra), Washington y finalmente, en 1959, se separaron. Clarice decidió regresar a su Brasil con sus hijos. Dijo en varias ocasiones que lo más importante para ella, más que la literatura, era su condición de madre de Paulo y Pedro. En 1963, apareció la que algunos consideran su obra maestra: ‘La pasión según G. H.’, otra mirada a una intimidad femenina, al amor y al deseo. Las mujeres, en sus novelas y en sus relatos, son las grandes protagonistas: ahí está Lucrecia Neves en ‘La ciudad sitiada’, y tantas y tantas criaturas que pueblan sus ‘Cuentos reunidos’, que publicó Siruela, donde se agrupan libros como ‘Lazos de familia’, su mirada al núcleo familiar, ‘La legión extranjera’, ‘Felicidad clandestina’, otro de sus grandes libros, ‘El viacrucis del cuerpo’, ‘¿Dónde estuviste anoche?’ y ‘La bella y la bestia’, donde hay piezas muy varias, narrativas, ensayísticas, digresivas, pero siempre llenas de audacia, de turbulenta poesía y de fantasmas, pero también de mitos, de carnalidad y de soledad.

Vida y muerte de una pantera

Clarice Lispector fue una mujer llena de sombras. Y no le sobró nada para vivir, ni siquiera desgracia. Era hermosa, atractiva, Rosa Chacel la definió como «una pantera». A mediados de septiembre de 1966, tras beber y fumar, se quedó dormida de madrugada y el cigarrillo le provocó un accidente que le ocasionó graves quemaduras. Vivió hacia dentro, tuvo algunos amores, el más importante con el poeta Manuel Bandeira, y acabó acogiéndose a la soledad y a la literatura. En España conocemos al menos cuatro biografías de ella: dos de Laura Freixas, una en Omega, y otra en La Esfera de los Libros; la de Nádia Battella Gotlib, ‘Clarice, una vida que se cuneta’ (Adriana Hidalgo), y la de Benjamin Moser, ‘Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector’, en Siruela, que cuenta con una biblioteca de la autora desde 2013, que actualiza siempre su bibliografía.

Poco antes del adiós, diría: «Muero y renazco. Incluso yo ya morí la muerte de otros. Pero ahora muero de embriaguez de vida. Mi futuro es la noche oscura». Poco después de su muerte, por un cáncer de ovarios, aparecía su novela ‘Un soplo de vida’. Había dicho: «Escribir es intentar comprender, es intentar reproducir lo irreproducible, es sentir hasta el final el sentimiento que de otro modo permanecería vago y sofocante. Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida».

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