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Ocio y Cultura

LITERATURA ESPAÑOLA. 'ARTES & LETRAS'

Xesús Fraga: “De las historias de los mayores me fascinaba la desaparición de mi abuelo materno”

El escritor y periodista gallego publica en Xordica el relato de su familia: 'Virtudes (y misterios)', que ganó el premio Blanco Amor de novela

Xesús Fraga publica en Xordica la historia de su familia.
Xesús Fraga alterna el periodismo cultural con la literatura.
Ana Couceiro.

Xesús Fraga (Londres, 1971) se dedica al periodismo desde 1996, y es uno de los periodistas culturales más reconocidos de España desde las páginas de 'La Voz de Galicia'. Como escritor cultiva el relato, la narración juvenil, la novela y, además, es un reconocido traductor al gallego y al castellano de Julian Barnes, Vladimir Nabokov, Roald Dahl o Sylvia Plath. Con portada de Alberto Gamón, publica en Xordica 'Virtudes (y misterios)', una novela familiar que mereció, en su versión original en gallego, el premio Eduardo Blanco Amor de novela. La traducción es suya. Es una indagación en su propia familia.

¿Qué le inquietaba o incomodaba de su historia familiar?

De niño me encantaba escuchar las historias que contaban los mayores en las comidas familiares. Creo que esas narraciones, sumadas a los muchos libros que leía, dejaron un poso en mi imaginación y han ido fermentando hasta desembocar en mi propio relato. Ya entonces había cuestiones que me fascinaban, como la desaparición de mi abuelo materno o que uno de mis bisabuelos paternos no hubiese bautizado a sus hijos. Más tarde me enteré de que había sido anarquista, un buen ejemplo sobre cómo en las vidas de los más próximos encontramos aventura, emoción y, en buena medida, pistas sobre quiénes somos nosotros.

¿Decidió desde el primer momento que fuese, también, una novela sobre su identidad, saber quién es, de dónde viene, sus vínculos con el inglés?

Sí, a pesar de que el protagonismo lo asume la historia de mis abuelos, junto con la de mis padres, al final emerge una especie de retrato indirecto de las circunstancias que desembocan en mí. A fin de cuentas, yo nací en Londres porque mis padres estaban emigrados allí, y ellos a su vez siguieron a mi abuela, que se había instalado unos años antes, y todo porque mi abuelo se había ido a Venezuela sin dar más señales de vida. Esa cadena de decisiones y omisiones marcó al menos a tres generaciones de nuestra familia.

¿Es claramente una novela de la emigración? ¿Qué significa eso, sobre todo en Galicia, ser emigrante?

La emigración es esencial en el libro: a mi abuelo lo extravió, mientras que a su mujer le permitió sacar adelante a la familia. A mi madre le facilitó cumplir con su vocación para la docencia y a mí me situó en una zona de nadie entre varias culturas. En Galicia apenas hay familias que no hayan vivido, de una forma más directa o indirecta, la experiencia migratoria. Quien más quien menos tiene parientes en Buenos Aires, Caracas, Londres o en Zúrich, por citar algunas ciudades. Ahora, son muchos también los que ven cómo sus hijos o sus sobrinos, licenciados, investigadores, buenos profesionales, también se han visto obligados a buscar otros horizontes más propicios fuera del país.

Xesús Fraga publica en Xordica la historia de su familia.
El abuelo Marcelino y la abuela Marcelina con sus dos primeras hijas.
Archivo familiar Fraga.

¿Por qué esa denominación por ‘zonas’, tan poco frecuente? ¿Pensaba también en eso que se llama ‘zona de sombras’?

Durante la fase de 'pensar' el libro y buscar las herramientas para contarlo tuve la idea loca de usar el plano del metro de Londres como soporte para la estructura: cada estación sería un capítulo, cada línea una corriente argumental, con sus intersecciones… algo imposible, vamos. Pero de todo eso sí quedó la división del libro en zonas, ya que el subterráneo londinense se organiza en zonas concéntricas, aunque no excluye otras lecturas de carácter simbólico, como esa zona o línea de sombra tan conradiana.

Todo arranca con su abuela Virtudes: con su biografía, pero ante todo con su estancia en Londres. ¿Qué hacía una mujer como ella en esa ciudad, cómo llega, qué azares se encadenan?

En la emigración de mi abuela hay mucho de azar y mucho de determinación de carácter. Su marido se marchó a Venezuela en 1955. Ya no era un joven idealista: pasaba de los treinta, estaba casado y había tenido tres hijas. Durante los primeros años no mandó nada del dinero que, supuestamente, era el objetivo último de su viaje. Mi abuela intentó la reunificación familiar por todos los medios: le pidió que volviese, se ofreció a ir ella… sin que él accediese a ninguna opción. Al final, la hipótesis más plausible era que él hubiese formado otra familia allá y no quisiese saber nada de quienes había dejado atrás. Ahí interviene el azar: mi abuela encadenaba todo tipo de trabajos sin que le alcanzase el dinero y, al final, se vio tan desesperada que cuando la amiga de una vecina vino de Londres a pasar la Navidad, hizo todo lo posible por arreglar los papeles y emigrar a la misma ciudad: no conocía ni el país, ni cómo era la sociedad ni mucho menos el idioma, pero al menos tenía a alguien de su entorno allí.

"En Galicia apenas hay familias que no hayan vivido, de una forma más directa o indirecta, la experiencia migratoria"

La segunda zona, en el fondo, quizá podría haber sido la primera: es la historia del noviazgo de su abuela Virtudes con Marcelino, la boda, y la partida de él a Venezuela. ¿Por qué emigraba en realidad, huía de la familia, era un soñador ensimismado?

Las razones que lo llevaron a emigrar pertenecen a esa zona de misterios a la que alude el título y desentrañarlos, que no juzgarlos, era parte del cometido del libro. Supongo que, como todo en la vida, fue una mezcla de factores: un poco de candidez, otro poco de inocencia, deseos de independencia, un carácter soñador, reivindicarse como posible triunfador…

Xesús Fraga publica en Xordica la historia de su familia.
Isabel, apasionada por la docencia y autora de un diario, madre del autor.
Archivo familiar Fraga.

¿Qué le dicen, qué le han dicho las fotos del disperso álbum familiar?

Las fotos me han valido para estudiar los contextos, pero, sobre todo, los gestos y las miradas del pasado y tratar de interpretar a quienes ya no están aquí, aunque también era consciente del riesgo que entraña elevar a verdad fundamental lo que pudo ser un hecho azaroso y fortuito y, como tal, pasajero, por la cámara.

¿En qué medida esta novela es deudora del periodismo y, sobre todo, de la narrativa oral familiar?

El periodismo me facilitó herramientas para hallar e interpretar aquello que era relevante y diferenciar la anécdota de los hechos con trascendencia. A la vez, aspiraba a crear un relato sobrio, porque en una historia así, mi propia historia, era fácil dejarse arrastrar por las emociones y lo que necesitaba era contención: eso me lo proporcionó también el periodismo. Y narrar como si hablase era una aspiración a la que uno es consciente de que nunca llega pero que no por ello debe dejar de intentarlo.

"Aspiraba a crear un relato sobrio, porque en una historia así, mi propia historia, era fácil dejarse arrastrar por las emociones y lo que necesitaba era contención: eso me lo proporcionó también el periodismo"

Otra zona decisiva es la historia de sus padres: Isabel y Antonio. ¿La conocía con esta minuciosidad o está también llena de hallazgos?

Esa minuciosidad es deudora de la prodigiosa memoria de mi padre, capaz de acordarse de cuánto cobró en su primer trabajo o de historias domésticas en apariencia triviales pero que iluminaban con fuerza el relato: a mí me parecían hallazgos, epifanías. Conversamos durante unos meses con frecuencia de sus recuerdos vitales, hasta que le diagnosticaron un tumor cerebral y la enfermedad deterioró con una rapidez igualmente asombrosa sus recuerdos.

Conmueve la vocación pedagógica de su madre y la afición a las lenguas. ¿Cómo son esos diarios que escribía en Inglaterra?

Mi madre siempre quiso ser maestra, pero para una familia pobre como la suya resultó una vocación imposible, porque no disponían de los medios imprescindibles y ella tuvo que ponerse a trabajar muy joven para contribuir al sustento del hogar. Pero la emigración le dio esa llave que representó un idioma, el inglés, al que acabaría por dedicarse, aunque fuese dando pasantías en casa, y la cultura a la que le dio acceso, desde la literatura hasta los grandes museos londinenses, por ejemplo.

Xesús Fraga publica en Xordica la historia de su familia.
Virtudes, sentada en primera fila, con enfermeras del Guy's Hospital Branham Gardens, años 60.
Archivo familiar Fraga.

¿Qué ha descubierto de usted mismo que no sabía? ¿Para qué le sirve al periodista y escritor ese viaje?

Empecé a escribir sobre mis abuelos y mis padres como un intento de entenderlos y entenderme también a mí mismo, aunque cada pregunta que trataba de responder formulaba dos o tres más para las que tampoco tenía contestación. Supongo que en el fondo no podemos aspirar a más que levantar acta de esos hechos, siendo conscientes de que siempre será una visión parcial, y dejar constancia de unas vidas que precisamente por humildes merecen la pena ser contadas. Muchos lectores me cuentan, a raíz de la lectura del libro, cómo les ha recordado a algún pariente o cómo en su familia se vivieron situaciones similares y me conforta saber que a través de las peripecias de unas personas muy próximas a mí se estimulan los recuerdos y sentimientos de otras que a veces son completos desconocidos.

No podemos avanzar nada…, pero se diría de nuevo que la realidad ofrece el desenlace más inesperado. ¿No?

Antes de empezar a escribir dudé mucho acerca de cómo encarar el relato, si escribir una novela que de alguna forma disfrazase los personajes reales bajo un velo de ficción o si narrar desde los hechos en sí, sin ocultamientos. Al final opté por esta segunda vía porque en la historia había elementos tan poderosos que sentí que no precisaban de artificios literarios más allá de los que imponen el recuerdo y el estilo. La forma en la que concluye la historia de mis abuelos es un ejemplo de ello, un regalo que la vida le hace al escritor, y que no podía desaprovechar.

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