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Ocio y Cultura

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1.500 conciertos perdidos en Aragón por la pandemia

Las salas aragonesas se aproximan cada vez más al abismo. Denuncian que no han recibido ninguna ayuda extraordinaria.

Tomás Gómez (Sala López), Pablo Cano (Rock & Blues), Chema Fernández (La Casa del Loco) y Javier Benito (La Lata de Bombillas).
Tomás Gómez (Sala López), Pablo Cano (Rock & Blues), Chema Fernández (La Casa del Loco) y Javier Benito (La Lata de Bombillas).
Francisco Jiménez Photography

Desde que el pasado 14 de marzo se declarara el estado de alarma por la pandemia de coronavirus, la actividad musical en las salas de Aragón se ha reducido a la mínima expresión. La inmensa mayoría de locales llevan más de siete meses cerrados y únicamente los espacios públicos han acogido recitales.

El panorama es aterrador. Según Aragón en Vivo, la asociación que aglutina a 19 salas –el 95% de las existentes en la Comunidad–, en este tiempo se han dejado de programar unos 1.500 conciertos, lo cual supone que se han quedado sin trabajo más de 200 personas entre camareros, profesionales de la seguridad, técnicos de sonido, DJ y programadores, además de los propietarios, que en la gran mayoría de casos son autónomos. El lucro cesante –la pérdida de una ganancia– que estiman supera los tres millones de euros.

Siendo graves estos antecedentes, el presente y el futuro se atisban todavía peor ya que la situación sanitaria se está agravando. Si no se habilitan medidas para paliar el agujero económico, muchos de estos escenarios emblemáticos podrían cerrar.

Más allá de las cifras, se esconden personas que están atravesando su peor momento profesional. Como en el caso de Javier Benito, que regenta La Lata de Bombillas, uno de los templos del pop y del rock de la noche zaragozana, desde 1999. «Nuestra situación es muy difícil. Estamos cerrados y no podemos realizar nuestra actividad. Queremos aguantar, pero es difícil mantener el ánimo ante la crisis sanitaria y el abandono de las instituciones. Tenemos una trayectoria de 21 años y una licencia para ejercer la actividad, nos impiden trabajar pero no nos compensan con ayudas que garanticen la supervivencia de la sala hasta que podamos volver», expone.

Pese a tener la persiana bajada, está soportando –al igual que sus colegas– el gasto corriente: luz, agua, seguros, tributos, alarma, seguros sociales, gestorías laboral y fiscal, internet, amortización de las inversiones... «En nuestro caso tenemos la suerte de contar con la comprensión de la propiedad del local, pero aún así también hemos tenido que afrontar gastos de alquiler», aduce.

Benito reclama una implicación mayor de las instituciones para salvar un sector a la deriva. «Sin ayuda directa de las instituciones podremos aguantar lo que cada propietario decida endeudarse. Cada mes el agujero aumenta y es decisión de cada uno hasta donde puede llegar para salvar su negocio. Solo se ha recibido la ayuda ordinaria del Ayuntamiento de Zaragoza por la programación efectuada, pero es la habitual y es de escasa cuantía», asevera.

Desánimo y poca sensibilidad

La Casa del Loco es otro de los enclaves más emblemáticos de la escena zaragozana. Desde 1997 han desfilado por su escenario grandes bandas nacionales e internacionales. Una tradición que se ha roto abruptamente por el coronavirus. «La situación ahora mismo es de desánimo. Tras siete meses cerrados, no tenemos un horizonte: no sabemos cuándo se podrá abrir, pero tampoco en qué condiciones, porque estas van variando; siempre sin consultarnos ni compensarnos por ello, algo que evidencia la falta de sensibilidad y de conocimiento de cómo funciona un negocio por parte de nuestros gestores públicos», denuncia Chema Fernández, su programador.

Ante la imposibilidad de retomar su actividad, apunta directamente a la clase política para obtener un bálsamo. «Ninguna institución ha creado una línea de ayudas extraordinarias. Veremos si el Gobierno de Aragón cumple su palabra y si el Ayuntamiento de Zaragoza se acuerda de las salas para algo, cosa que hasta ahora no ha ocurrido. Ni para las ayudas ni para contar con nosotros para colaborar en sus programaciones, a pesar de que se les ha ofrecido en repetidas ocasiones», concluye.

Falta de empatía

El Rock & Blues, abierto en 2004, se ha erigido desde 2016 en uno de los grandes dinamizadores de la programación en la capital aragonesa. En su caso, ha podido trabajar como cafetería pero con más del 50% de la plantilla en ERTE. «La situación es delicada. Yo llevo siete meses sin cobrar y acabamos de solicitar el nuevo cese de actividad pues desde el lunes volveremos a cerrar y está claro que las perspectivas del trimestre son las de facturar menos del 75% del año anterior», relata Pablo Cano ‘Patxi’, propietario y presidente de Aragón en Vivo.

Desnuda su impotencia ante la realidad: «Es increíble que se suspenda una actividad y se le obligue a pagar gastos endeudándose para ello. Entiendo que lidiar con esta situación es complicado, pero no comprendo la falta de empatía cuando no es uno el que no cobra a fin de mes. Queremos las actividades que en circunstancias normales eran viables sigan a flote cuando esto pase y para ello hay que protegerlas».

Plan de rescate integral

Eduardo Tolosana regenta La Campana Underground –anteriormente La Campana de los Perdidos– desde 2016. Su diagnóstico es un calco de sus compañeros. «No creo que el sector pueda aguantar mucho. En cuestión de semanas se termina este 2020 y el balance será terrible. El impacto está provocando cierres y enormes daños estructurales. Muchos empleos se quedan en el camino. La sensación es de tremenda impotencia y tristeza», sintetiza.

Tolosana comparte su receta para minimizar los daños: «En primer lugar, hace falta coherencia al aplicar las normativas y restricciones. Lo importante son las medidas sanitarias pero hay que evitar los cierres preventivos injustificados. Y debe ofrecerse un apoyo económico en las actividades que no se pueden desarrollar con normalidad. Somos un sector que aporta economía, cultura y emociones».

Completa la exposición Tomás Gómez Perry, programador de la Sala López, inaugurada en 2010. «Si continúan las cosas así, las salas podremos aguantar muy poco. Urge un plan de rescate integral, que asuma parte de las grandes pérdidas que ha supuesto la decisión de impedirnos trabajar», apostilla.

Un malestar que mañana domingo mostrarán en la protesta que realizarán los empresarios de locales nocturnos en Zaragoza.

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