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Rafael Álvarez ‘El Brujo’: "El teatro es la mejor forma para descumplir años"

El intérprete andaluz (Lucena, 1950), iluminará esta noche el Castillo de Mora de Rubielos con ‘El Lazarillo de Tormes’, una obra que le acompaña desde hace tres décadas.

Rafael Álvarez ‘El Brujo’ encarnando al Lazarillo de Tormes.
Rafael Álvarez ‘El Brujo’ encarnando al Lazarillo de Tormes.
Beldad/EFE

El Brujo es esta noche la figura en los Festivales de los Castillos de Aragón en la parada de Puerta al Mediterráneo en el Castillo de Mora de Rubielos.

¿Cómo ha pasado estos meses tan dramáticos?

De manera muy extraña. He estado encerrado en plena naturaleza. Tuve la suerte de estar en una casa de campo, y así el confinamiento se me hizo menos duro. He aprovechado para escribir y para preparar un espectáculo sobre Ramón del Valle Inclán.

Siendo usted un animal de escenario, habrá echado de menos las tablas.

Me ha venido bien descansar. Llevo varias décadas trabajando y viajando mucho. Tenía una extraña sensación. Por un lado, preocupación por la situación de incertidumbre y de angustia a todos los niveles. Es muy fuerte lo que hemos vivido, con miles de muertes. Por otro lado, lo he vivido como unas vacaciones. Han sido las vacaciones más caras de mi vida por la cantidad de dinero que hemos perdido toda la compañía.

¿Qué tiene de especial este ‘Lazarillo de Tormes’ para que le acompañe desde hace 30 años?

Tiene una fuerza que yo no podía imaginar. Es una obra que encierra un magnetismo muy especial. Además, la versión de Fernando Fernán Gómez es buenísima. Tiene su espíritu de hombre sabio y gran maestro en la adaptación de textos. Es pura magia lo que siento cada vez que la represento y creo que muchos de los espectadores están de acuerdo.

Fernando Fernán Gómez también le dirigió en la versión cinematográfica.

Fernando Fernán Gómez fue para mí un hombre importante. Admiro su coherencia. Fue un maestro y una persona íntegra, tanto en su actitud vital como en su relación con el mundo, con las personas y con las cosas. Y, sobre todo, en su relación consigo mismo.

¿Recuerda la primera vez leyó el ‘Lazarillo’?

Fue probablemente en el colegio, aunque en realidad en el colegio nadie lee el ‘Lazarillo’ o ‘El Quijote’. En el colegio no se leen esas obras porque son complicadas de digerir. Se las mandan a los chicos, que se limitan a leer un resumen y hacen una redacción, y ahí queda. Lo sé por mis hijos. La primera vez que lo leí atentamente, de verdad, es cuando hace 30 años lo iba a representar.

Es llamativo que, 446 años después que se publicara, siga tan vigente. Sus historias y enseñanzas son fácilmente adaptables a cualquier época, también a la actual.

Totalmente. Sigue muy vigente. Es una obra que trata cosas muy importantes, como la lucha contra la necesidad. Sin ningún tipo de duda, el hambre agudiza el ingenio, como bien define el Lazarillo. Aparece la necesidad como una ley que nos impulsa a evolucionar y a asumir retos. De ahí viene la fuerza de este personaje inmortal. Es un superviviente. Como se dice ahora, resiliencia.

En su carrera en el cine actuó en ‘Pajarico’, bajo la dirección del aragonés Carlos Saura.

Nunca me preguntan por eso. Con Carlos Saura he trabajado muy poco. Fue un papel muy corto en ‘Pajarico’. Pero guardo un recuerdo increíble. Para mí era un mito del cine cuando ya desde mi época de estudiante. Carlos Saura y Luis Buñuel, discípulo y maestro, estaban en lo más alto de mis gustos. Recuerdo ver películas como ‘Peppermint Frappé’ o ‘Ana y los lobos’. Me maravillaban. Cuando logré trabajar con él, recuerdo que cuando llegó al plató, le miraba con muchísima admiración. Era educadísimo y encantador. Un hombre elegante con un talento tremendo.

También trabajó con otro aragonés, José Luis Borau, en ‘Niño nadie’.

Era otro grande, una muestra de la potencia de los cineastas aragoneses. Deberían haberle dedicado monumentos a José Luis Borau en Aragón. Era un aragonés profundo, no había forma de decirle que no. Su personalidad y su carácter eran únicos. Era muy original en su cinematografía, como la película en la que intervine, ‘Niño nadie’. Es una película extraña, arriesgada, que ha ido ganando valor con el paso del tiempo.

En septiembre cumplirá 70 años. ¿Qué piensa cuando mira en retrospectiva el camino recorrido?

Prefiero mirar lo que queda por delante. No cumplo 70. Cumplo 65. Y no sé si incluso 60. No se fíen de la Wikipedia. Mis células no están de acuerdo con eso, ni mi pelo, ni mi tono vital, ni mi entusiasmo. Quédese con le edad que le doy: 60 años.

¿Es el teatro el secreto de esa eterna juventud creativa?

Por supuesto. Es la mejor forma para descumplir años. Gracias a los escenarios, cada cumpleaños es mi no cumpleaños, se resta un año. 

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