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Paco Paricio: "Correríamos un grave riesgo si paráramos"

El cofundador de Los Titiriteros de Binéfar ha sido uno de los artífices de que la actividad de esta compañía haya proseguido. Este fin de semana vuelve a actuar en Abizanda.

Paco Paricio, en la Casa de los Títeres de Abizanda.
Paco Paricio, en la Casa de los Títeres de Abizanda.
Oriach

¿Cómo han vivido Los Titiriteros de Binéfar estos meses tan complicados?

Muy desconcertados por la situación. Afortunadamente, los primeros días tuvimos la idea de hacer las 39 funciones a las diez de la mañana por internet. Visto con perspectiva, nos ayudó mucho porque nos mantuvo activos. Era un medio que no controlábamos y tuvimos que aprender el lenguaje ‘on line’.

Sus intervenciones en Youtube tuvieron mucha repercusión.

Fue una barbaridad. El vídeo que hicimos para el lanzamiento superó el medio millón de visualizaciones. Tuvimos unos 35.000 seguidores y muchas visitas en la web. Nos escribieron de muchísimos lugares y países agradeciéndonos la labor. Incluso nos enviaban regalos por correo electrónico.

En su agenda de agosto están presentes bastantes actuaciones, casi una rareza en un sector tan tocado como el de las artes escénicas.

Creo que somos una excepción dentro del sector, en parte por ese regalo que hicimos durante las primeras semanas de confinamiento. Tenemos bastantes actuaciones este mes de agosto. Además de las que hacemos en Abizanda, la próxima semana vamos al Festival de las Merindades en Burgos, a Zaragoza, Loarre, Brizuela, Frías… Para nosotros, agosto es tiempo de cosecha. Pero claro que se nota el coronavirus. Nos hemos especializado mucho en verbenas y teatro de calle. Si antes hacíamos 50 actuaciones, en este agosto haremos la mitad. Pero no nos quejamos, el resto de compañías han bajado un 80% o incluso más. Estamos esperanzados y positivos, que es lo que toca.

¿Infunde miedo el futuro?

Sí. Sobre todo tengo miedo a parar porque creo que sería muy difícil retomar después. Estoy forzando para hacer cosas, aunque no sepamos si van a ser rentables. Más que la economía, lo que más temo es que estamos en la raya de lo no necesario, de lo no imprescindible. Aunque considero que somos una actividad esencial que nos hace humanos y sociales, veo que está cambiando todo, comenzando por las relaciones sociales. Si nos detenemos, creo que corremos un grave riesgo de quedarnos fuera porque están surgiendo otras prioridades.

En una situación tan extrema como la actual, se ha revelado un gran acierto haber levantado la Casa de los Títeres en Abizanda, donde están actuando todos los fines de semana desde julio.

Somos una compañía que hemos viajado mucho y habíamos visto en algunos países pequeños teatros a los que la gente acude. Y nosotros hicimos algo parecido en plena naturaleza, en Abizanda. Este espacio, al aire libre, nos ha servido desde julio para representar nuestras obras. En estas funciones estamos explicando nuestros trucos y cómo hacemos los títeres. Si no tuviéramos esta sede, todo sería mucho más complicado. La iniciativa está funcionando y por eso seguimos en agosto. Está gestionado por artistas, para bien y para mal. Valoramos más el rito que la rentabilidad. Es verdad que eso nos hace depender un poco de las subvenciones, pero lo que prima es lo teatral, le damos una personalidad especial. Hicimos esa inversión en las vacas gordas, cuando actuábamos por todo el mundo. Ahora estamos recogiendo esos frutos.

Han actuado en más de 40 países. ¿Extrañarán no poder hacerlo a medio plazo?

Seguro. Pero ayer mismo me llamaron del festival Manuelucho de títeres en Bogotá (Colombia), que quiere que hagamos un función ‘on line’. Parece complicado que a corto y medio plazo podamos salir al extranjero. Va a haber un replegamiento hacia el propio territorio.

Hoy representarán en Abizanda uno de sus clásicos, ‘Cómicos de la legua’.

‘Cómicos de la legua’ es, junto a ‘Dragoncio’, el espectáculo más histórico de nuestro repertorio. Estamos los dos fundadores, Pilar Amorós y yo, junto al músico oscense Quiri Aquilué. Es una metáfora de nuestra vida de cómicos. Todas las semanas haremos unas cuatro funciones, dos de los Titiriteros de Binéfar, que somos los anfitriones, y dos de otras compañías invitadas. Como el titiritero aragonés Víctor Biau, que ha regresado tras mucho tiempo en Latinoamérica; Títeres Sin Cabeza, que es una agrupación muy joven; los ‘Cuentos colorados’ de la PAI, y unos titiriteros veteranos de Murcia llamados Teatro Los Claveles.

¿Cuándo y cómo surgió esta pasión por los títeres que derrocha?

Nació cuando tenía 12 años. Estaba en el salón parroquial de Binéfar, que era como el club de tiempo libre en los bajos de la parroquia. Allí veíamos películas, hacíamos juegos y catequesis. De tanto en tanto venía un titiritero de San Esteban de Litera que se llamaba Gerardo Duat. Posteriormente ingresó en la residencia de mayores de Binéfar y allí seguía haciendo títeres. Cuando murió nos donó el retablo y algún títere, pero quiso que su personaje principal, llamado Pepet o Perico, lo enterraran con él. Ese es el espíritu. 

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