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POESÍA ARAGONESA. 'ARTES & LETRAS'

Enrique Villagrasa, de cómo Burbáguena es la poesía de la vida y la vida de la poesía

​El crítico y poeta turolense, traducido a varios idiomas, publica un nuevo poemario en Igitur donde lo poético transforma lo biográfico

Enrique Villagrasa publica 'La poesía sabe esperar'.
Enrique Villagrasa, escritor que vive en Tarragona, en uno de sus regresos a Zaragoza.
José Miguel Marco

La poesía ofrece el reencuentro esperado con la vida, al revivir todo lo que se disfrutó, sin mirar la realidad, viviendo del sentir y no del pensar. Ha llegado lo poético para ofrecerle otra mirada de la belleza que vislumbra lo más cotidiano, la libertad de la infancia, los paseos por el río. Es la compañera que vuelve tras la muerte de todo, regresa del ayer con la antorcha que porta el fuego del tiempo, que queda fuera de sí mismo, para recubrir nuestra oscuridad de un presente continuo en el que la mirada se ilumina de lo inicial de la juventud.

Con su llama permite ver la luz del instante como una eternidad que el futuro siempre preservará como momento infinito que nos constituye: “Con prados silenciosos, en la orilla / de mi siempre Jiloca avanzo libre, / por lenta seda del ribazo oscuro /a beber en la fuente del regreso”.

“Con prados silenciosos, en la orilla /
 de mi siempre Jiloca avanzo libre, / 
por lenta seda del ribazo oscuro /
a beber en la fuente del regreso”

Burbáguena le permite dialogar a Enrique Villagrasa (Burbáguena, Teruel, 1957), en ‘La poesía sabe esperar’, con quien fue, regresando a aquel yo perdido, para formar parte de un río, cuyas aguas son el tiempo que huyó y al que se le superponen capas de otros momentos, pero que llevan siempre en su caudal lo que fue y en parte siempre será: “Desde Burbáguena a Tarragona / te ilumina la inmensidad del mar. // Ese mar que noche tras noche /está en y con los recuerdos idos…”.

El lenguaje del silencio conecta con los grandes espacios inabarcables del cosmos, con lo que se expande más allá de lo imaginable. La poesía encuentra sintonía con esos infinitos que van más allá de lo inexplicable en los agujeros negros que borran en sus curvaturas el espacio-tiempo. De ahí que, en un proceso de auscultación de su vida desde lo poético, desdoblándose en un tú que es su yo silenciado, nos diga que “Tus versos impregnan todo el espacio tiempo…/ La materia oscura de la poesía / en llamas”. Al preguntarse dónde anida el poema, se duda de la posibilidad de alcanzar su origen infinito: “¿En el lenguaje sereno o en los ecos que le permiten llenar el espacio y el tiempo, cual kilonova?”

El poeta se mira en el espejo de la “metapoesía” para verse a sí mismo desde dentro de lo poético y desde allí conocer también al otro, al lector que él también es cuando está al otro lado y su lectura ilumina el mundo del poema: “El poema no deja de ser el escenario / en miniatura que el lector ilumina”. Son también poemas de “metavida” al tematizar lo poético como parte de lo vital: “Tu vida es la poesía. / Tu poesía es su vida”. El poeta define su existir desde lo poético y la poesía se nutre de lo que su vida genera desde la mirada de quien ama la belleza que sobrepasa los límites de infinito: “Belleza entre el cielo y la tierra / de mi poesía que te anhela, /cuál límite infinito, / buscando su norte.

“Belleza entre el cielo y la tierra / 
de mi poesía que te anhela, /
cuál límite infinito, / 
buscando su norte"
Enrique Villagrasa publica 'La poesía sabe esperar'.
Portada del volumen, publicado en el sello Igitur de Rosa Lentini y Ricarco Cano Gaviria..
Jesús Soria Caro.

Hay una ontología en la que el poema es consciente de que existe en la medida de que el lector le da vida, lo crea al dar forma a sus imágenes con su lectura, con su creación como lector: “El espacio y el tiempo fílmico: guión / creado por el espectador lector”. Es como en el cine, la cámara es la lectura poética en la que es tan creador el que interpreta como “voz lectora” el poema como el que lo escribió, tal vez más, ya que sin él no existe el verso.

Requiere la luz de su lectura que imagine los paisajes de los signos, que ruede la vida de las metáforas cual director que dirige a los actores. Cada palabra tendrá su papel en la escena de lo leído: “El lector es siempre el que escribe /el poema y su decir significado. / Tú te (re)inventas en los versos. / Tú te (des)cubres en sus palabras. / Conjunto de encuadres en el / cierzo frío del pueblo. ¡Silencio / se inicia una toma más!”. La poesía hace al poeta superar la intensidad de la vida, ser más que lo que se puede sentir, la lectura equilibra, su identidad se refleja en los dos lados del espejo de la escritura: “La poesía es más que la vida: / es la resurrección, toda sabiduría. / El ser poeta triplica el existir. / El ser lector es la balanza”.

LA FICHA

‘La poesía sabe esperar’. Enrique Villagrasa. Prólogo de Nacho Escuín. Igitur. Castellón, 2019. 89 páginas.

*Jesús Soria Caro es profesor y poeta.

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