Despliega el menú
Ocio y Cultura

Literatura. cuentos contra el virus / 13

Fernando Sanmartín ofrece tres fragmentos de 'Os contaré la verdad'

Cuando acabe la pandemia y reabran las librerías, Xordica publicará esta novela que sucede en París y narra una una historia de amor a tres bandas

Fernando Sanmartín. Cuentos contra el virus / 13
Una ilustración para los 'tres relatos' de Fernando Sanmartín.
Víctor Meneses.

Relato I

Su madre quería que todas las noches, al regresar de su despacho, rezara unas oraciones. No era consciente de que las oraciones encajan mal cuando uno deja de ser niño y se convierte en abogado. Y le daba objetos religiosos para que lo protegieran: el escapulario de una cofradía a la que se negó a pertenecer; un crucifijo anclado en un pedrusco de basalto, para la mesa de su despacho, que solo una vez lo colocó porque su madre fue con una amiga; fotos de santa Teresa de Calcuta, en soledad o junto a niños enfermos; y un retrato de san Francisco de Asís hecho con acuarelas. ¡Cuántos regalos inútiles que guarda en una caja de madera, junto a otros objetos que no desea destruir porque forman parte de su pasado!

Ha conocido a personas buenas, que abrazan la religión como se abraza a un niño extraviado en la nieve. Pero también ha conocido a gánsteres, gente dada a la eliminación física de otros, que rezaban oraciones con una devoción llamativa, y que tras la oración daban, si era necesario, las instrucciones precisas para que alguien dejara de respirar. Hace unos meses tuvo que defender a un cliente de esas características. Son personas que lo entienden todo cuando se les explica un proceso judicial, que no hacen preguntas innecesarias y que aportan pruebas que los alejan de la culpabilidad. Son clientes que no se asustan porque el susto se lo dan ellos a otros. El gánster al que defendió estuvo poco tiempo en la cárcel. Una apelación bien preparada, una sentencia endeble y algo de suerte, lo llevaron de nuevo a la inmensa finca en la que llevaba una vida sin lujos, qué curioso, dedicado a la cría de canarios y a su jardín de orquídeas, tópicos que comprobó son hechos reales. Aquel gánster le dijo que lo quería fijo como asesor, pero él le respondió que no era posible. Y no se tomó a mal la respuesta porque le regaló un reloj de pulsera, que era feo y algo caro. Lo guarda también en la caja de madera. Y la última vez que lo vio, junto al escapulario, se había parado.

Relato II

El pasado tiene botes de azúcar y bolsas de basura. Sin el pasado resulta imposible comprender cómo llega uno a convertirse en un prohombre o en alguien orillado. Su pasado es una pista de atletismo por la que ya no corre, misas con su madre en la parroquia, partidos de fútbol, cervezas en Le Télégraphe y una pluma Parker, de su abuelo, con la que firmaba las primeras demandas. En el pasado también está Mario, un primo suyo, que tuvo una enfermedad que ya no se contrae, meningitis, que cojeaba y tenía un brazo colgando, como un títere, con una inteligencia fuera de lo normal, que enamoraba a las chicas con sus frases, sus relatos, sus chistes, y que jugaba con él al fútbol, jugaba como podía, renqueando, cayéndose más de lo debido, y que fumaba y bebía como un capitán de barco al llegar a puerto. De Mario aprendió que Dios puede ser un marcapáginas.

Relato III

En Arcachón está por su trabajo. Es abogado. Y aquí asesora a uno de sus clientes sobre la venta de un bloque de pisos. Su abuelo también fue abogado. Y coleccionista de arte. Y filósofo que leía a Séneca. Y místico a ratos, solo a ratos, como él, aunque frecuentaba, ya viudo, barras de alterne y más de un cabaret donde bebía whisky.

Su madre, cuando no le hablaba del infierno, le ofrecía siempre el mismo consejo: usa al abuelo como ejemplo. Desconocer algunos hechos, alejarse del matiz, descartar el detalle nos llena, a veces, de inocencia. Y la inocencia es una maleta con harina que solo mancha si se abre.

*Estos textos pertenecen a la novela ‘Os contaré la verdad’ (Xordica, 2020), que llegará a las librerías

cuando pase el coronavirus.

Etiquetas
Comentarios