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Ocio y Cultura

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La crisis del coronavirus ataca a las librerías en el peor momento

Los cierres se producen en la antesala del Día del Libro y de las ferias que son fundamentales para el sector.

El Día del Libro es una jornada muy importante para todas las librerías.
El Día del Libro es una jornada muy importante para todas las librerías.
Guillermo Mestre

La crisis del coronavirus está atacando con gran virulencia a un sector cultural que ya emitía con anterioridad síntomas de debilidad. Las librerías, en especial, están sufriendo una tormenta perfecta que amenaza su supervivencia. Su cierre forzoso por motivos sanitarios, sin que pueda determinarse cuándo concluirá esta situación, se produce en la antesala de varias fechas fundamentales en su calendario: el Día del Libro (23 de abril) y la Feria del Libro (entre finales de mayo y principios de junio en Huesca y Zaragoza).

«Los daños económicos para las librerías y para el sector van a ser muy grandes. Jamás se había vivido algo parecido. Con el añadido de que perderemos jornadas tan importantes como el Día del Libro. Además, a pesar de que podemos seguir vendiendo ‘on line’, la realidad es que las grandes plataformas siguen activas y la mayoría de gente las prefiere al pequeño comercio. Si perdemos nuestra única ventaja, que es estar a pie de calle en contacto con nuestros clientes...», sintetiza Óscar Martín, propietario de Siglo XXI, en Zaragoza, y presidente de la Federación Aragonesa de Gremios y Asociaciones de Librerías (Fagal).

Martín, como sus colegas, está a la espera de que se plasme y se concrete el paquete de medidas anunciado el pasado martes por el Gobierno. «Todavía no conocemos la letra pequeña ni cómo puede ayudarnos. Está todo muy reciente y las asociaciones esperaremos unos días para analizar el daño sufrido y realizar unas peticiones colectivas», prosigue.

Un discurso que comparte Julia Millán, de la librería zaragozana Antígona. «Estamos trabajando a puerta cerrada, haciendo inventarios y ordenando los libros. Ni siquiera tenemos activada la venta ‘on line’. Sería poco responsable abrir al público. Habíamos considerado hacer entregas a domicilio pero sería muy egoísta utilizar a los mensajeros. Hay que ser sensatos ya que cualquier contacto es peligroso», apunta.

Esperar y tomar decisiones

El coronavirus ha anulado presentaciones y charlas en una época muy delicada del año. «El Día del Libro es crucial para las cuentas. La cifra que genera es muy importante. En una sola jornada se vende el doble que en toda la Feria del Libro. Queremos esperar estas dos próximas semanas para ver cómo evoluciona todo y tomar decisiones. Aquí trabajamos cuatro personas y estamos contemplando la posibilidad de hacer un ERTE si no podemos hacer frente al golpe para asegurar a nuestros trabajadores que cobren», indica Millán.

En este horizonte tan gris, aparecen rayos de luz a cargo de algunos clientes. «Algunas personas nos han manifestado su deseo de hacernos pedidos anticipados para darnos un poco de oxígeno. Son gestos que agradecemos mucho y que ayudan a que no nos hundamos en la miseria mentalmente», concluye.

Paco Goyanes, de la también zaragozana librería Cálamo, aboga por insuflar tranquilidad en este ambiente tan negativo. «Es cierto que es un palo importante. Pero hay que asumirlo. Tengo una gran confianza en el sector. Cuando todo esto pase, la gente volverá a comprar libros y nos iremos recuperando poco a poco. Todos debemos hacer el esfuerzo. El de los libreros es un gremio ejemplar y en este momento tan duro debemos ser responsables para que se acabe con este virus cuanto antes», asevera.

Lejos de las grandes urbes, se repite la cautela y el temor ante el futuro inmediato. Como ejemplo, la librería Santos Ochoa de Alcañiz (Teruel), que da empleo a tres personas. «Estamos cerrados, efectuando tareas de inventario general y en el almacén. Nos llama gente a la puerta pero no les abrimos. Sí que mantenemos abierta la web y estamos trabajando mucho en redes sociales para mantener algo de actividad. Pero hasta ahora el porcentaje de las ventas ‘on line’ apenas representa el 1%. Vivimos de las compras en la tienda», informa Eugenio Ramo, responsable del establecimiento.

La cancelación de su club de lectura y de presentaciones, como la que debía efectuar la próxima semana la reciente Premio Tusquets de Novela Elisa Ferrer, suponen un notable lastre.

Los libros de texto de la DGA

Ún último factor, que padecen en Santos Ochoa y en otras muchas librerías aragonesas, significa la puntilla. La DGA sigue sin abonar a muchas de ellas el importe de los cheques escolares. A 19 de marzo, siguen sin cobrar unos libros de texto que dieron a los padres en septiembre. La documentación se entregó al Ejecutivo autonómico en octubre y ha transcurrido casi medio año. «El año pasado nos lo pagaron el 15 de marzo. Es una cantidad importante para nuestros parámetros y, si no nos la pagan pronto, tal vez deberemos pedir un crédito para tapar ese agujero», lamenta Ramo.

Una denuncia que corrobora Óscar Martín, representante de los libreros aragoneses: «La demora en el pago supone siempre un problema, pero mucho más en la situación actual. No hemos obtenido respuesta de los órganos competentes y queremos una solución».

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