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Ocio y Cultura

notas costumbristas (33)

Arabistas aragoneses

El fundador de la escuela arabista en Aragón fue Francisco Codera, nacido en Fonz. 

Francisco Codera, el fundador de la escuela arabista aragonesa.
Francisco Codera, el fundador de la escuela arabista aragonesa.
Heraldo.es

Desde que leí ese gran libro que es Decadencia y desaparición de los almorávides en España de Francisco Codera y Zaidín, seguí siempre con atención a los arabistas aragoneses. Me interesaron mucho su aventura intelectual y la influencia extraordinaria que ejercieron en el mundo académico durante años. Los arabistas formaron un núcleo duro, aguerrido, homogéneo. Tanto, que cuando Andrés Giménez Soler se atrevió a replicar al maestro Julián Ribera y a poner en duda las teorías que éste había defendido en su libro de 1897 Orígenes del Justicia de Aragón, fue expulsado de su seno para siempre. Tanto, que en la oposición a cátedras en la que compitieron José Castillejo, Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios, y el aragonés Severino Aznar, los tres zaragozanos del tribunal (Asín, Ibarra y Gómez Izquierdo) votaron a favor de su paisano, aun a sabiendas de que era un candidato muy inferior al institucionista, vengándose así de una oposición anterior en la que Julián Besteiro había obtenido la cátedra de Lógica frente al propio Alberto Gómez Izquierdo. El fundador de la escuela arabista en Aragón fue Francisco Codera, nacido en Fonz, que se había formado con Pascual de Gayangos y que a su jubilación cedería la cátedra de Madrid a su discípulo predilecto, el zaragozano Miguel Asín y Palacios, quien apadrinaría luego a su sobrino Jaime Oliver Asín y a Emilio García Gómez. También Julián Ribera hizo lo propio y ‘traspasó’ su cátedra a Ángel González Palencia, quien después de la guerra -como ya contó Ignacio Peiró- evitaría la depuración de otro aragonés, Eduardo Ibarra, aliado de los arabistas e íntimo de Ribera, con quien había fundado la “Revista de Aragón” en 1900. Al cumplirse en 1994 el cincuenta aniversario de la muerte de Asín, García Gómez, que todavía recordaba a su maestro con devoción no disimulada, escribió en ABC una “tercera” conmovedora. Y es que unos y otros se debían todo lo que eran.

(Puede consultar aquí todas las Notas Costumbristas y otros artículos de José Luis Melero publicados en Heraldo.es)  

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