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Ocio y Cultura

La última del domingo

Rosa Casas: "El feminismo une, significa igualdad"

Rosa Casas Zalaya (Zaragoza, 1955), que trabajó en varios sectores industriales, es una histórica sindicalista de Comisiones Obreras en Aragón.

Rosa Casas, vestida de verde esperanza.
Rosa Casas, vestida de verde esperanza.
ARANZAZU NAVARRO

Hoy es 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Rosa Casas nos recuerda la trascendencia de esta fecha desde su perspectiva de histórica sindicalista de CC. OO.

De Clara Campoamor a Virginia Woolf, aparecen nombres de mujeres que han abanderado el progreso de la mujer. ¿Qué credo feminista ha seguido usted?

Respaldo a todas las mujeres y los hombres que han empujado con fuerza para llegar hasta aquí. Pero, hablando de feminismo, si una mujer me ha marcado, esa fue mi madre, Agustina, mi mejor ejemplo, también en el feminismo.

Feminismo de cuna…

Crecí en una familia muy implicada en la defensa de la libertad, algo que ahora nos parece normal, pero que en 1955, que es en el año en que yo nací, era muchísimo más arriesgado.

¿Cómo era su familia?

Mi padre, Rafael, trabajaba en el metal, en una fundición. Mi madre, Agustina, era ama de casa; pero, además de cuidar a sus tres hijos, también tenía que ponerse a trabajar cuando a mi padre lo encarcelaban por motivos políticos. Teníamos a la policía político-social todos los días en el pasaje del Vado, en el barrio de Jesús, que era donde vivíamos.

¿Qué recuerdos evoca?

Por ejemplo, cuando lo detuvieron, a finales de los años 50. Crearon unas comisiones obreras en la clandestinidad, aunque como sindicato aún no existían. Mi padre estuvo entrando y saliendo a la cárcel hasta 1972. Siempre defendió la lucha sindical, la lucha por los derechos del trabajador.

Usted no fue menos…

Yo entré como voluntaria en CC. OO. en 1974. La cárcel no la llegué a pisar. Estuve 48 horas en comisaría en el año 75. Fue en una de las asambleas que hacíamos en las iglesias. Mi pillaron en la de San Carlos. Dije que estaba escuchando un concierto de órgano y, evidentemente, no me creyeron. Fue un tiempo que convendría recordar para valorar lo que ahora tenemos.

Aquí lo recordamos, Rosa.

Yo había comenzado a trabajar con 14 años como aprendiza en la industria del cartonaje.

¿Cómo encontró empleo?

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Mira qué bien…

Llamé y me cogieron. Con 16 años dejé el cartonaje y entré en el sector textil. Allí ya fui enlace sindical. También tuve que cuidar a mi madre, que enfermó. Me casé muy pronto, a los 19 años, con Ángel, un compañero en la industria del cartonaje. También lo cogieron en un estado de excepción. Coincidió en la cárcel con mi padre. Tuve a mi hijo Jorge. No he parado de trabajar. Desde 1989 he trabajado en limpieza en el Conservatorio de Música de Domingo Miral. Me jubilé en 2018.

¿Mereció la pena esta lucha?

Sí. Nadie dirá jamás que no lo intentamos. Hay que seguir defendiendo nuestros derechos, pero también hemos conseguido cosas. En mi sector, se realizaron dos buenos convenios. La situación, por supuesto, no tiene nada que ver con décadas atrás.

Hace un año, en una entrevista con el histórico sindicalista Floreal Torguet, afirmaba que en todas partes, a un lado y a otro, hay gente buena y mala.

Por supuesto. Igual en los partidos que en los sindicatos.

Quizá por la hiedra de la Transición trepó demasiado arribista…

Desde luego. En mi caso, estoy muy tranquila con mi trayectoria.

Además de la lucha sindical, también es una ferviente feminista. ¿El feminismo une o separa?

Une. Sin ninguna duda, une. El feminismo significa igualdad.

¿Y el ‘hembrismo’?

Es diferente al feminismo, muy diferente. Y no me gusta. Igual que el machismo, que tampoco me gusta nada.

¿Cómo va a celebrar el 8-M?

Ya comenzamos a celebrarlo ayer, cantando en la plaza de las Aguadoras. Hoy desayunaré en mi barrio, en Torrero, y, después de varios actos, asistiré a la manifestación. Todas las manos serán pocas para llevar la pancarta de la mujer trabajadora.

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