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Cuti Vericad: "En la música hay mucho fuego de artificio y poco oficio"

El jacetano, músico cabal y puro rock’n’roll, presenta este sábado en Las Armas de Zaragoza (22.00) ‘El retorno del samurai’, un disco en el que sobresale una canción dedicada a su hijo Theo.

CUTI VERICAD ( MUSICO , CANTANTE Y COMPOSITOR ) / 14/01/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]] [[[HA ARCHIVO]]]
Cuti Vericad posa en el camerino de Las Armas, donde este sábado presentará su nuevo disco.
Oliver Duch

Cuti Vericad presenta este sábado en Las Armas de Zaragoza (22.00) su último disco, 'El retorno del samurai'. Un concierto muy especial en el que contará con colaboraciones como el 'rebelde' Carlos Segarra. En esta entrevista, el músico hace un repaso a su trayectoria vital y profesional. 

¿Cuál es su primer recuerdo musical?

De pequeño, jugando con los discos de mi padre en la casa familiar en Jaca. Los sábados por la mañana, junto a mi hermano y a mi hermana, montábamos una especie de discoteca en el salón, con sus carteles y decoración. Poníamos desde cantantes italianos como Gino Paoli o Jimmy Fontana a cosas más hippys, como Crosby,Stills & Nash. Recuerdo un recopilatorio de Elvis Presley de 1968. Todavía me emociona ese redoble de entrada de ‘Hound dog’. Ylos singles de Joan Manuel Serrat, con quien mi padre hizo la mili. Tenía cuatro o cinco años y quedé atrapado, me volvía loco. Lo tengo grabado a fuego.

¿Y los Beatles no le conquistaron?

Hasta una edad avanzada de la niñez, pensaba que los Beatles se llamaban los Basf. Mi padre tenía cuatro cintas de esa marca grabadas con canciones de los de Liverpool. Hasta que un día, hablando con una prima, le dije: «A mí me gustan mucho los Basf». Y ella me aclaró que en realidad se llamaban los Beatles.

¿Era un buen estudiante?

Hasta el instituto fui un estudiante brillante. Era muy espabilado y con muy buena memoria. Pero, a partir de los 15 años, ya fue todo un desastre. Hice tres años de primero de BUP. Sólo quería tocar rock’n’roll. Estudié Diseño Gráfico en la Escuela de Artes en un momento muy bisagra.

¿Cuándo tuvo claro que lo suyo iba a ser la música?

Desde los 12 o 13 años. Compramos en casa un órgano portátil, un Casiotone 7.000. Y comencé a tocar algunos acordes de guitarra y alguna canción de Springsteen.

¿Recuerda cuál fue su primera guitarra?

La primera acústica que tuve fue una Epiphone de 25.000 pesetas que me regalaron mis padres. El mismo día que me la dieron se la enseñé a un amigo y se le cayó al suelo, haciéndosele un agujero. Todavía la conservo con el agujero. Luego tuve una Samick típica de rockabilly que compré en Musical Guiu. Ahí ya tenía muy claro que iba a dedicarme a la música.

¿Cómo encajaron en casa su decisión, siendo su padre biólogo y su madre profesora de instituto?

Al principio hubo la lógica incertidumbre. Pero tengo que reconocer que mi familia me ha apoyado. Es que soy ‘irreinsertable’. Ni puedo, ni quiero, ni sé hacer otra cosa. Desde el principio tuve claro que el camino no sería fácil. Esto es como jugar a fútbol. Hay miles de niños federados y unas pocas decenas llegan a Primera.

¿Cuál fue su primer grupo?

Mi primera banda seria fueron Los Dynamos, desde finales de 1989 hasta 1995. Fue una experiencia única. Grabamos el primer disco cuando tenía 17 años. Recuerdo que al tenerlo entre las manos sentí una emoción tremenda. No éramos muy buenos, pero caíamos bien a la gente.

¿Ha podido vivir de la música en estas tres décadas?

Puntualmente me he visto obligado a trabajar en cosas tan socorridas como camarero en unos Pilares. También se cruzó el teatro en mi camino. Yhe acompañado a Loquillo, Rulo y ahora a Carlos Segarra de LosRebeldes. Mucha gente que me sigue hace años, no daría crédito si viera mi cuenta corriente. Salvo los primeras espadas, en la música el resto somos ‘currelas’. Los proyectos personales los tiene que sufragar uno, con su esfuerzo y ahorros. Y a mí me gusta hacer las cosas bien.

¿En qué consiste «hacer las cosas bien»?

Hoy en día la tecnología permite grabar discos casi a coste cero. Pero mi música no está concebida para eso. Me gusta ir a estudios tradicionales y pedir la cuenta cuando acabo. Ojalá pudiera grabar en casa. Pero un disco no se graba todos los días y mola sentirse grande. No vas a ser miserable contigo mismo.

Lo suyo es pura pasión y militancia.

Si no hubiera sido por la pasión, lo hubiera dejado hace muchos años. Es un oficio más complejo de lo que la gente cree. Evidentemente es más simpático que estar en la mina picando o en el andamio. No voy a ir de mártir. Pero hay mucha inestabilidad económica, muchos callejones sin salida. No me gusta la actitud de algunos músicos que sólo piensan en cobrar. Los músicos estamos para tocar, somos como los ‘marines’. No me gusta que esté todo tan monetizado. Me cuesta poco pagar porque hay que dignificar el oficio. También es cierto que, cuanto más arriba, más estafas. A veces, músicos de primera línea te hacen creer que formas una familia, pero luego no se traduce en la realidad.

¿El mundo de la música que imaginaba de adolescente era mejor o peor que el real?

Me ha ido bien a nivel kármico. He sido feliz. Hay una canción en mi nuevo disco que se titula ‘Nadar entre tiburones’. Falta mucha poesía y mucho romanticismo en este oficio. Extraño más vocación suicida de lanzarse a la piscina. Hay muchos tiburones en el agua. Hay gente que vendería a su madre por enrolarse en tal gira. Yo no funciono así. Me cuesta callar. No tengo la mentalidad pragmática en la que ves esto como un trabajo en el que fichas. Hay excepciones. Por ejemplo, tocar con Carlos Segarra es un lujo, todo amor por la música. Por eso nos entendemos tan bien.

Se le nota escéptico.

Todos mis discos, excepto el primero con Los Dynamos, los he autoproducido y pagado yo. Yo no soy un artista ya que eso me queda muy lejos, sino un artesano, un currito. Hay muchos que se autoproclaman artistas y no lo son. Al final lo que aquí cuentan son las canciones. Me dan igual tus pintas, tu sombreraco y tus melenas. Vales lo que valen tus canciones. Hay mucho fuego de artificio y poco oficio.

¿Qué le sugiere su nuevo disco, ‘El retorno del samurai’?

Es el segundo disco de una trilogía. El primero fue ‘El camino del samurai’, el segundo es ‘El retorno del samurai’ y el tercero será ‘La venganza del samurai’. Suena mucho a mí, a lo que soy. La retórica, el lenguaje y la música son 100% Cuti. Un día, Mauricio Aznar me dijo:«tú imita y encontrarás». Yo siempre estoy emulando a los músicos que me gustan. He creado un superhéroe propio con trocitos de otros. A base de imitar a los grandes, he creado un personaje propio. Mis canciones están llenas de homenajes y mensajes entre líneas a mis ídolos de la música, del cine y de la literatura.

Brilla con luz propia la canción ‘Las aventuras del astronauta Theo’, dedicada a su hijo, que fue un bebé primerizo.

Cuando cuentas una historia de verdad y te abres en canal para transmitir un mensaje de amor y esperanza, la gente conecta y se emociona. Muchos padres y niños se han sentido identificados. Ese es el auténtico premio.

¿Cómo ha sido la vida de Theo y cómo le ha cambiado la suya?

Theo fue un bebé prematuro de medio kilo. Y cuando tenía dos años y medio le diagnosticaron trastorno del espectro autista. Nos ha tocado asumir una realidad que va a durar para siempre. Ha sido y será muy duro. Es una canción que tardé un par de años en componer, hasta que tuve el cuajo de hacerla. No podía ni tocarla en casa. En el fondo, la canción es un mensaje de fe en el ser humano, a su capacidad de supervivencia y de cogerse la mano. Mi lucha va por ahí. Yo soy un experto en detectar belleza en estercoleros. A mí, el rollo del orgullo, de la soberbia, de esos personajes que se monta alguna gente del rock, no va conmigo. Prefiero la ternura y la generosidad.

Seguro que sonará este sábado en el escenario de Las Armas.

Sonará junto a otras muchas canciones épicas y monumentales. Me acompañará una banda potente, muy engrasada. Y habrá algún invitado especial. El sonido será perfecto. Todo lo que depende de mí se va a cumplir con matrícula de honor.

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