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Ocio y Cultura

entrevista

Bernabé Martí: "Montserrat Caballé me hizo la vida fácil y he sido un hombre feliz"

Se define como un hombre de campo y un pastor que llegó a la ópera. Triunfó, dio conciertos en medio mundo y enamoró a la soprano Montserrat Caballé (1933-2018)

Bernabé Martí, viudo de Montserrat Caballé, en Barcelona, acaba celebrar sus 91 años.
Bernabé Martí, viudo de Montserrat Caballé, en Barcelona, acaba celebrar sus 91 años.
Antón Castro

Bernabé Martí (Villarroya de la Sierra, Zaragoza, 1928) acaba de cumplir 91 años y recibe a HERALDO en su casa de Barcelona, próxima a la vieja cárcel Modelo. Por allí andan varios amigos, Alejandro Rodríguez y Paco García Salcedo, que son los animadores de su museo en la Fundación de los Alcaínes en su localidad natal, su biógrafo, el barítono Fernando Álvarez, y otros amigos como los operadores de cámara Carles Santacana y Esmeralda Rubireta. Es una de las primeras conversaciones extensas que mantiene tras la muerte de su mujer, la soprano Montserrat Caballé. Confiesa: "No me acostumbro a su ausencia. Entro en su habitación y percibo que sigue por ahí, que respira, si no ella, su fantasma. Me hizo siempre la vida fácil y he sido un hombre completamente feliz", declara.

¿Por dónde empezamos?

Por donde quiera. Por Villarroya de la Sierra. Tengo un sinfín de recuerdos, pero ya quedan pocos paisanos de mi edad por allí. ¡No habrá mucho más viejos que yo! Quedan pocos ya.

¿Le gusta el museo que le han dedicado en su pueblo?

Me gusta mucho, pero si lo acepto y he hecho alguna donación es sobre todo por mi pueblo, por Villarroya de la Sierra. Me sentí en la necesidad de donar algunas de mis cosas. Ahora que nadie nos oye, también lo hago más que nada por ellos, Paco y Alejandro, porque sin ser del pueblo han demostrado un cariño tan grande por Villarroya de la Sierra que ni los mismos del pueblo tienen. Nosotros no hemos sido capaces de hacer lo que han hecho ellos. No sé si lo apreciara alguno o no. Creo que sí lo aprecian, sí.

Creo que sí lo aprecian, sí.

¿Sí? ¿Y qué dicen? ¡Maño! Bueno, ja, ja, es que yo tenía una figura buena, sí.

En los años 50 y 60 estaba muy bien, parecía un galán, con la barba recortada…

Era resultón. Mi madre me decía que era guapo, sí.

Alguna mujer también le habrá dicho algo así…

Estuve enamorado cuando era chico, e iba con las mulas a darles agua, y aunque no tuvieran sed las sacaba porque ella vivía en frente. Raquel, ya ha muerto, pobrecilla, se fue hace poco. Somos quintos. Por ella sentí ese amor indefinible de la infancia, pero en el pueblo ninguna me quería.

¿Le dijo alguna vez que estaba enamorado de ella?

No. Fue mi primer amor soñado, claro. No había salido del pueblo todavía. ¿Dónde iba a encontrar una ilusión como aquella?

¿Ella se daba cuenta de que usted la miraba con cariño?

A lo mejor sí porque su madre tenía una taberna adonde íbamos a tomar café los jóvenes y mucha más gente. ¡Hombre! Apreciar sí que sé que me apreciaba, pero no era una chica para el campo, y yo entonces la salida que tenía, el futuro que me esperaba era el campo, como todos los que estábamos allí. Ahora me acuerdo muchas veces de cosas de la infancia y del pasado.

¿De qué se acuerda?

De cómo empecé: canté algo de jota, poco, aprendí solfeo, fui a Zaragoza y estuve un año entero con los Infanticos. Vivía en la casa de mi hermana. Esta noche mismo recordé una pensión en la que estuve en Milán, cuando fui a estudiar allí una temporada. Conocí a Alfredo Kraus y él y José Campó, que era un bajo gallego que murió hace años, eran muy amigos. Kraus me llevó a su misma profesora, Mercedes Llopart, que había sido soprano. Vinieron a verme a la pensión para que fuera a cantar unas ‘marinas’ en Valencia; lo hacían un jardín precioso. Kraus cantaba una o dos piezas, y yo otra, no lo sé. No me sentía preparado entonces, algo que me ha pasado a veces. Pensaba que había cosas que me llegaban demasiado pronto. Por otra parte, siempre he tenido un gran cariño hacia Kraus.

¿Llegó a cantar en Valencia?

La ‘Marina’ la canté solo por aquí, por Cataluña, por algunos sitios.

Creo que en Zaragoza también. Había debutado en casa con el ‘Trust de los Tenorios’.

¿Ah, también? Es verdad. No lo recuerdo bien. Lo que sí me acuerdo de Zaragoza era de ‘Tosca’… Me hicieron repetir un lance tres veces. Se la habían escuchado tanto a Miguel Fleta, era una maravilla como la cantaba, que aquello era un sueño. La gente la conocía y a mí me decían que la cantase y la repitiese, aunque yo no tenía nada que ver con Fleta ni con sus registros. Miguel Fleta fue algo grande, inmenso; era de aquellas personas que salen de cuando en cuando y lo iluminan todo. Como ocurría con Monserrat.

¿Que pasaba con ella?

Montserrat Caballé, en lo demás de la vida, era una mujer sencilla, cotidiana, sin complicaciones, pero en el canto era algo sensacional. El carisma que tenía, aquella belleza de voz…

Le interrumpo un segundo. Los críticos decían que Bernabé Martí tenía una voz muy bonita, de impresionantes agudos.

Lo mejor mío eran los agudos. Y sin ser ‘spinto’ era heroico, sí, aquella cosa que tenía Richard Tucker también…

Dice su biógrafo Fernando Álvarez, barítono, que por eso en el Teatro Colón de Buenos Aires le pusieron a alternar con Richard Tucker. Añade que había una expectación muy grande cuando usted cantó ‘Manon Lescaut’, en una función del propio Tucker y su esposa Montserrat Caballé.

Sí, pero ‘Manon Lescaut’ no la canté con Montserrat, la canté con una argentina. ¡Qué teatro el Colón de Buenos Aires! Me pareció impresionante, qué acústica. El Principal de Zaragoza también tiene, tenía, una estupenda acústica. El Colón tenía más de 3.000 plazas y el de Zaragoza menos de 1.000. Vuelvo un poco atrás: yo no sé si era orgulloso o no. Creo que era muy consciente de mis limitaciones y nunca quise que Montserrat dijera una palabra por mí. Nunca fui, ni en la ópera ni en la vida, de marido de Montserrat Caballé porque con lo que ganaba ella, entonces, no necesitábamos más. No he sabido nunca lo que es la envidia.

¿Está seguro, ja ja?

Del todo. Nunca. Creo que esa es, a lo mejor, la única virtud que tengo y he tenido. Cuando cantaban Giuseppe Di Stefano, Mario del Mónaco, Franco Corelli o Josep Carreras –con aquella voz tan maravillosa que tenía, plena, abría la boca y era todo belleza–, yo sentía una envidia sana porque había oído a tantos cantantes y ellos habían sido mi escuela.

¿Fueron ellos su escuela?

En cierto modo. Uno aprende de todos, con sus propias limitaciones. Aprendí de Kraus y de Plácido Domingo, todo un fenómeno porque es un hombre que, aparte de la voz que ha tenido, que no es que fuese la más bella, lo hacía todo. Era y es un hombre tan musical, con tanto talento. Además, yo tras cada actuación estaba tan nervioso que, después de cantar, lo que más me gustaba era marchar a conducir. Hasta el día siguiente, a las tres o cuatro de la tarde, no venía el sueño. He pasado muchos nervios, claro.

¿Cuándo?

En muchas ocasiones. Por ejemplo, en las dos únicas óperas que hemos hecho juntos Montserrat y yo. Además de algunos dúos, de zarzuela y de ópera, cantamos en ‘Madame Butterfly’ y ‘El Pirata’. Montserrat no quería grabar ‘Butterfly’ con nadie porque nos conocimos en esta ópera.

Montserrat Caballé y Bernabé Martí en una foto de agosto de 1989.
Montserrat Caballé y Bernabé Martí, en una foto de agosto de 1989.
Carlos Moncín

¡Y de qué modo se conocieron! Con ese beso ya legendario.

¡Que inconsciencia, qué ignorancia la mía! No sabía ni lo que era la ópera ni la zarzuela. Había estado "¡arre burra, pasa allá!". A los nueve años estaba cuidando cabras, hasta los 20 estuve en el pueblo y, de repente me dicen que tengo voz, y no sé… Le decía que nos habíamos conocido Montserrat y yo en ‘Madame Butterfly’. Yo entonces estaba viviendo en casa de Miguel Fleta hijo, en Barcelona, casi un año, con sus suegros, y nunca vi una mala cara. A Miguel le gustaba el canto, y yo creo que su padre lo engendró después de cantar ‘Carmen’, y así salió él, con aquella euforia.

Iba a contarnos el beso...

Sí, sí. Un día en el que yo había salido a andar un poco, al volver me dijo: "Tienes que ir a cantar a La Coruña ‘Madame Butterfly’". Yo dije: "Pero si no me la sé". Me convenció, me dijo que era poca cosa, que ya la dominaba, etc. Le pregunté: "¿Tienes la partitura?". No la tenía. Aquella fue la primera vez que fui en avión de Barcelona a Madrid. Compré la partitura en la Carrera de San Jerónimo, en la casa Ricordi. Estudié toda la noche en el tren a Galicia.

¿Por qué lo llamaron a usted?

Me habían llamado porque el tenor titular se había puesto enfermo. Y Montserrat Caballé dijo que me había oído en el Teatro Calderón en un ‘Rigoletto’ y que tenía buena voz. Me invitaron a comer Montserrat, su madre y su hermana, y la soprano me dijo: "¿Oye Bernabé, tú has hecho muchas veces ‘Madame Butterfly?". Le conté la verdad. Al final del primer acto, cuando teníamos que darnos un abrazo, yo no había estado muy bien.

¿Qué pasó luego?

Llegué a Barcelona y fui a hacerme unas botas, para el teatro, en Perilla o Pereira, no recuerdo bien, y se ve que Montserrat había ido por allí. Y le había dicho al dueño: "Bernabé tiene buena voz, pero es muy tímido". Yo ya tenía firmado contrato para otra ‘Madame Butterfly’ y me alternaba con un italoamericano. Hicimos la función, bajó el telón y al final del primer acto, oí una voz que decía: "Hacia la caseta. Hacia la caseta". Y allí nos quedábamos dándonos un beso. Un beso largo, impresionante. Ocho meses después estábamos casados. ¡Lo que es el destino!

Insisto: es el beso es más famoso de la historia de la ópera.

Montserrat se enamoró de mí y yo no quería casarme, no tenía un real, vivía casi de limosna en casa de Miguel Fleta hijo. Y luego grabamos ‘El Pirata’, ópera de la que no había una grabación íntegra, sino una parte amplia, con Franco Corelli y María Callas, dos voces increíbles.

¿Cuál es el balance que hace de su carrera, qué piensa?

Durante años no le he dado importancia. Pero ahora, gracias al trabajo de Fernando Álvarez, descubro que no fue tan malo. Y veo siempre que he tenido miedo, que he sido inseguro y que lo dejé a tiempo. Un día ya no podía cantar y Montserrat fingió una dolencia, y dijo que quien se sentía mal era ella en la función.

¿Cómo ha vivido este año sin su esposa Montserrat Caballé?

Ha sido duro. Tengo la sensación de que no se ha ido. Que sigue por ahí, en su habitación. Ella fue siempre de una gran categoría humana. No la puedo olvidar.

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