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José Antonio Bernal: "El humor gráfico es ideal para el somardeo"

Nacido en Zaragoza en 1979 cumple 15 años como dibujante y lo celebra con una exposición en el Centro Joaquín Roncal. Es el aperitivo del Salón del Cómic.

José Antonio Bernal, en la muestra ‘Quince años de monigotero’, en el Centro Joaquín Roncal.
José Antonio Bernal, en la muestra ‘Quince años de monigotero’, en el Centro Joaquín Roncal.
Guillermo Mestre

¿De qué se ríe Bernal?

Procuro reírme de todo. Siempre he sido el graciosete del grupo y sudo la gota gorda cuando tengo que hacer cosas serias. Intento tomarme la vida con humor aunque las penas... ahí están.

¿En usted el humor es vocación o devoción?

El cachondeo lo llevo dentro desde que nací.

¿Cuál es el recuerdo más antiguo que tiene vinculado al dibujo?

Me cuentan que de pequeño me ponían en el orinal, me daban una caja de pinturas y me pasaba las horas muertas allí. Pero hay un recuerdo, rigurosamente verídico, que me gusta. Y es que en un descuido de mi madre cogí un rotulador y ‘decoré’ el pasillo de la casa de mis padres. Recuerdo eso, y que me echaron una bronca a medias. Tendría unos dos años, como mucho tres, lo justo para andar.

Usted es ‘hijo’ de los tebeos de Bruguera.

Mi abuela por parte de padre tenía montañas de tebeos en casa y con ellos pasaba los domingos. Con esas historietas fui creciendo.

En su dibujo se nota esa herencia, aunque ahora están de moda grafismos más sofisticados...

Yo me considero a mí mismo un ‘monigotero’, que es una expresión muy de la época del tebeo. Le doy mucha importancia al dibujo: para mí, cuanto menos trabajado, más impacto tiene. Con un dibujo muy elaborado, que lo podría hacer, el mensaje se acaba diluyendo un poco.

Cumple 15 años como dibujante profesional y lo celebra con una exposición...

Miro hacia atrás y lo que veo es muchas horas de trabajo. He dibujado toda la vida, pero mi primer trabajo remunerado fue en HERALDO, donde publiqué viñetas del Real Zaragoza. Era un pipiolo. Ser dibujante en España es muy sacrificado porquenunca desconectas. Pero me considero superafortunado por poder vivir contando historias con monigotes. De hecho, me lo tatué en un brazo.

¿?¡!

Sí, en el brazo izquierdo y en japonés. Fue mi primer tatuaje, pero me cercioré antes de que esos caracteres significan ‘hombre afortunado’.

¿Cuál es el secreto de una buena viñeta?

Ningún humorista gráfico puede darlo porque nadie lo sabe. Las que crees que van a ser un petardazo no lo son, y viceversa. El éxito está cuando consigues que mucha gente se sienta identificada con lo que cuentas, pero la fórmula exacta no la tiene nadie.

Usted ha asegurado en alguna ocasión que estaba destinado a trabajar en ‘El Jueves’.

¡Tanto como destinado... ! Era mi sueño y me fui preparando para ello. Al final, mandé una viñeta a una sección en la que pedían colaboraciones a los lectores, me la publicaron; mandé una segunda, también... Y me empezaron a pedir trabajos. Para un dibujante es como si a un futbolista lo ficha el Madrid o el Barça.

Usted es muy zaragocista.

Abonado y sufridor.

¿Este año, sube a Primera?

Hay dos tipos de zaragocistas, el negativo, que siempre lo ve todo negro, y el positivo, que se agarra a un hilo de esperanza. Yo soy de los segundos: equipo hay, no estamos tan mal. Veremos qué pasa.

Fuera de aquí, aún se sorprenden del humor aragonés.

Somos somardas y eso es así. ¿Un poco brutotes? Quizá, pero a mí me gusta ser algo bruto en según qué circunstancias. Todas las comunidades tienen su peculiaridad y, para el somardeo, el humor gráfico es ideal.

Hoy, el humor ofende.

El humor gráfico en prensa es cada vez más difícil, porque resulta imposible hacer una viñeta sin ofender a nadie. Pero creo que cada dibujante debe hacer lo que considere. No soy partidario de los límites. ¿Quién los pone? Que cada autor se ponga los suyos.

¿Cómo se ve dentro de 15 años?

En este oficio pero con más canas. Pero, si le digo la verdad... ¡No me planteo ni lo que voy a hacer la semana que viene!

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