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Ocio y Cultura

Raquel Casanovas: "Es muy complicado hacer accesible un museo al ciento por ciento"

Especialista en gestión cultural, ha estudiado en su tesis doctoral las condiciones de 77 equipamientos aragoneses

CULTURA Y OCIO. Museo Pablo Serrano.Entrevista a Raquel Casasnovas. Ha hecho una tesis doctoral sobre la accesibilidad de museos y centros culturales de la ciudad / 17-09-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]
Raquel Casanovas ha centrado su tesis doctoral en la accesibilidad de museos y centros culturales de Aragón.
Guillermo Mestre

Raquel Casanovas (Gerona, 1982) es licenciada en Humanidades y especialista en gestión cultural. Hace unas semanas presentó su tesis doctoral, en la que ha estudiado un tema que preocupa cada vez más en los museos de todo el mundo: la accesibilidad. «Cuando era pequeña fuimos con el colegio al Museo de Arte de Gerona, y había un apartado en el que podías tocar y oler la pintura. Me impresionó. Y desde entonces siempre me ha preocupado saber hasta qué punto las personas con discapacidad auditiva o visual pueden disfrutar de los museos». Alfons Martinell, especialista en gestión cultural y pionero en el estudio de estos temas, ha dirigido la tesis de Raquel Casanovas, que vive en Zaragoza desde hace años y se ha centrado en el ámbito geográfico aragonés. Para elaborar ‘El Derecho a la participación en la vida cultural de las personas con discapacidad auditiva y/o visual. Estudio de caso de la situación en la Comunidad Autónoma de Aragón’, Casanovas contó con la colaboración de la DGA, la Asociación de personas Sordas de Zaragoza y Aragón (ASZA) y la delegación territorial de ONCE. Analizó 77 equipamientos de 13 poblaciones aragonesas.

¿Las conclusiones? «Los equipamientos públicos aragoneses no garantizan por completo el ejercicio del derecho a participar en la vida cultural de las personas con discapacidad visual y/o auditiva –señala–. Lo facilitan en parte, pero no del todo». Raquel Casanovas es meticulosa con el lenguaje e insiste en emplear la palabra ‘discapacidad’. «Todavía hay quien usa el término ‘minusválido’ y se trata de personas con discapacidad, no minusválidos. Hay discapacidades, incluso, que son invisibles».

No quiere tampoco dar una visión excesivamente negativa sobre los centros museísticos, aun siendo consciente de sus carencias. «El problema de la accesibilidad es muy complejo –señala– y para abordarlo con propiedad hay que analizar cada centro por separado. En los últimos años se ha hecho mucho en favor de las personas con discapacidad, aunque también es cierto que queda mucho por hacer. Y lo que me he encontrado en algunos casos es que sí hay voluntad de hacer cambios, pero no hay presupuesto para ello. Adaptar una infraestructura para las personas con discapacidad requiere de una inversión económica de la que a veces no se dispone». Hay, también, algunas disfunciones, como los casos de centros que tienen una rampa exterior de acceso pero luego carecen de ascensor con las dimensiones adecuadas para que quepa una silla de ruedas.

Pero no todos los museos son así; uno en Alicante incluso tiene un bebedero para los perros guías de las personas con discapacidad visual. «Hay quien puede ver en esto un gasto innecesario, yo creo que no lo es», subraya Casanovas. Y es que a veces las personas sin discapacidad no ven algunas necesidades para los que sí las tienen.

Las carencias de accesibilidad se comprueban tanto en los entornos de los equipamientos como en su interior, incluso también en las páginas web o en el propio contenido cultural.

«He constatado también cierta falta de formación en el personal que trabaja en los equipamientos –añade–, especialmente en lo que corresponde a los derechos culturales y a los derechos, en general, de las personas con discapacidad. Los museos deberían formar a las personas que trabajan en ellos en materia de accesibilidad. Todo el mundo necesita formación en este campo, desde los políticos a los propios artistas, pasando por el personal de sala en los museos».

Concienciación, formación y apoyo son las claves para que los museos acaben siendo accesibles. «Con dinero y voluntad no es suficiente –concluye–, porque puedes acabar haciendo mal las cosas. Afortunadamente ya empieza a haber personas especializadas en inclusión». Pero el cambio fundamental es lograr que la mentalidad inclusiva esté en los orígenes mismos de cada museo. «No es lo mismo adaptar un museo o una colección a las personas con discapacidad, que diseñarlos desde el principio pensando en ellas. Lo segundo es más barato y efectivo».

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