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La zaragozana que silba como los ángeles

Marisa Pons es ‘silbatriz’ y hace del silbido un arte. Acaba de ganar un importante premio en California, en un concurso internacional que reúne a los mejores silbadores.

Marisa Pons, una ‘silbatriz’ que gana premios.
Marisa Pons, una ‘silbatriz’ que gana premios.
Enrique Cidoncha

"Llevo silbando toda la vida. Desde muy pequeña. ¡Era una tortura china para mis padres!", dice entre risas Marisa Pons (Zaragoza, 1976). Aunque lo de silbar, para ella, ya no es a estas alturas ninguna broma: "Con los años, me di cuenta de que nunca en mi vida había dejado de silbar, que eso era lo que me distinguía". Y tanto es así que acaba de volverse de Los Ángeles con tres de los más importantes premios internacionales que se dan entre los mejores silbadores de todo el mundo. Pons obtuvo el pasado mes de agosto en el Masters of Musical Whistling, que se celebra cada dos años, tres medallas por sus interpretaciones silbadas de ‘El cisne’, pieza emblemática de ‘El Carnaval de los animales’, de Saint-Saëns; y el ‘standard’ de jazz ‘But not for me’, de George Gershwin.

El reconocimiento supone para Marisa Pons un gran hito en un camino largo que le ha llevado de silbar a convertirse en ‘silbatriz’. Un término inventado al que se ha acogido para describir cómo ha llevado al terreno público y artístico una actividad que, para la mayoría, es algo "cotidiano y circunstancial, algo que llevas en el bolsillo".

En ese recorrido artístico y personal, lo primero fue buscar referentes. Que para Marisa era el mismo que para muchos cuando piensan en alguien que hace música silbando: Kurt Savoy, el jienense afincado en Francia, que silbó las famosas bandas sonoras que Ennio Morricone compuso para algunas de las películas de Sergio Leone.

Cuenta Marisa: "Mi único referente al principio era Kurt Savoy, que formaba parte de mi imaginario silbante. Contacté con él en 2006 y fue un encuentro bonito. Conocerle fue fascinante, él lo es. Pero para lo que yo quería no me dio mucha perspectiva. Él es músico y tiene el silbido muy asociado a la música y a la balada pop. Pero para mí entonces era importante aislar el silbido de todo lo demás. Yo tenía la idea purista de que el silbido no necesitaba de otras cosas".

Licenciada en Literatura Hispánica, Pons estudió después Bellas Artes, una formación que le abrió las puertas a conectar su faceta de silbadora con el arte: "Decidí que el silbido iba a ser mi práctica artística", como para otros lo es la escultura o la pintura.

Historias sin palabras

Para desarrollar esta idea, buscó complicidades en géneros "que no tienen la palabra como principal agente, pero sí la capacidad de evocar estados de emoción, de construir paisajes, de contarte una historia sin haber mediado una palabra".

Porque, para Pons, el silbido es una manera de comunicar, de contar. Fue el mundo del circo el que le proporcionó un vehículo ideal para esta idea. Con las maneras de hacer del circo moderno vio que "podía articular mi presencia en escena de una manera en la que el silbido formara parte de una propuesta escénica con dramaturgia y trabajar mi presencia frente al público".

Como explica Marisa, "no es nada fácil ponerte a silbar delante de la gente". Para empezar, "no puedes sonreír y se abre distancia con el público", explica. Además, "es algo poco común y solo te expresas con el silbido y con tu cuerpo. Me preocupaba el extrañamiento que creaba en el público, que se quedaba estupefacto». "Construir una relación amable con público" era fundamental. A juicio de Marisa, silbar musicalmente «rompe menos», pero llevarlo al terreno teatral o del silbido desnudo es algo muy diferente "de lo que habitualmente esperamos encontrar". Cuenta que en sus espectáculos, entre el público, hay "estupefacción por una propuesta insólita, pero nunca hay disgusto".

De esa exploración del mundo del circo nacieron sus dos primeros espectáculos como ‘silbatriz’: ‘Episodio 08’ y ‘Cosa Negra’, que describe como "más ambicioso en la parte melódica y música"».

Vencer miedos

Estas experiencias han ayudado a Marisa a "vencer muchos miedos". Incluido el que le tenía a la unión de silbido y música, ya que "no tengo fomación musical, no sé leer partituras y le tengo mucho respeto". Pero Marisa tiene oído. Y, dice, "la música forma parte de las personas antes que de las partituras".

Su pulsión silbadora, pero sobre todo, la necesidad de conocer a más silbadores, la llevaron a finales del mes pasado hasta Pasadena (Los Ángeles, Estados Unidos) para presentarse al Masters of Musical Whistling, una competición que reúne a los mejores del mundo. «Ahora que conozco a más silbadores, veo que una de las cosas que sentimos es la soledad», cuenta Marisa. "Te puedes encontrar con gente que silbe muy bien, pero de manera pública es más difícil", reconoce. Pons sintió "esa emoción de estar con gente a la que acabas de conocer, pero con la que compartes mucho".

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