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Miguel Mena: "Las buenas canciones son eternas, siempre suenan igual de bien"

Publica su novela más extensa, ‘Canciones ligeras’, la historia de un trío musical de la década de los años 60 a través de su vocalista.

El locutor de radio y escritor Miguel Mena, el domingo en Zaragoza
El locutor de radio y escritor Miguel Mena, el domingo en Zaragoza
Oliver Duch

¿Cuál era el objetivo de ‘Canciones ligeras’, contar una aventura musical o una vida de mujer en la música?

Mi primera intención fue escribir una novela de aventuras con el trasfondo de la música y los cambios sociales de los años 60, luego la personalidad de su protagonista, Irene Abós, fue adueñándose del relato y ambas cosas se mezclaron. La vida de Irene, su crecimiento, su transformación van avanzando en paralelo a esa aventura social y musical.

¿Cómo definiría a Irene Abós?

Irene es tan soñadora como somos todos a los 20 años, pero su temprana maternidad, las zancadillas de la vida y el mundo real al que deberá enfrentarse la transformarán poco a poco, sin perder su determinación ni su pasión por la música, pero cambiando de criterio y de objetivos, sin perder la ilusión, encontrando alicientes más realistas.

¿En qué medida quiere ser una novela sobre la condición humana?

Es obvio que la novela habla de la vida, de los vaivenes a los que nos somete, y en esa vida, como en cualquiera, tienen mucha importancia la familia, los amigos y los amores; también el trabajo, que en este caso lleva a la protagonista a viajar de un lado a otro, a conocer gentes diversas y a experimentar la pasión y el deseo, pero también el desconcierto y la duda. Quizá la única certeza de Irene es avanzar siempre.

Luis, Nick, Roberto, Jorge… ¿Los amores del pasado siempre reaparecen?

No todos y no siempre con la misma fuerza. Irene se interroga muchas veces sobre la naturaleza del amor, sobre las diferentes maneras de amar; compara sus amores con los de su entorno: su madre, su amiga Susana, su compañera Encarni. En el amor no hay modelos para imitar; cada cual encuentra su camino o no lo halla jamás.

¿Cuál ha sido la importancia de las bases americanas en la música española?

Em mi caso particular, ninguna. Yo me eduqué musicalmente por otros caminos, pero recuerdo a figuras como Rocky Khan, que se forjó musicalmente en la base americana de Zaragoza, o alguien más joven como Santiago Auserón, que también ha contado lo mucho que le influyó escuchar la emisora de los americanos.

La narración empieza en 1959 y duraría una década. ¿Qué significó ese período en la historia de la música en España?

La novela comienza cuando está a punto de iniciarse la década de los 60 y concluye poco después de que haya finalizado. Es el tránsito de la música melódica, orquestal, un tanto pastelosa y remilgada, al dominio del pop y del rock.

¿Cómo eran y qué buscaban Los 3 del Mediterráneo y que le deben a Los 3 Carino, cuya odisea contó en estas páginas?

Descubrí a Los 3 Carino cuando hacía el programa ‘El desván’, en la programación nacional de Cadena Dial. Años después rastreé su pista hasta localizar a uno de ellos, Joaquín Solanes, y en 2002 escribí un largo reportaje en HERALDO sobre sus andanzas por Oriente Medio. El grupo de mi novela, Los 3 del Mediterráneo, está inspirado en ellos y toma prestadas muchas de las anécdotas que les sucedieron y que me contó Joaquín, pero también bebe de otras fuentes como una persona de mi familia, Mercedes Bóveda, que también formó parte de un conjunto que actúo por todos esos países.

¿Eran frecuentes estas aventuras musicales en el extranjero?

No he descubierto nada nuevo porque Manuel Iborra lo contó muy bien en ‘Orquesta Club Virginia’. Aunque ahora nos parezca insólito, desde los años 50 hasta mediados de los 60, las orquestas, ballets y conjuntos españoles tenían mucho éxito en el circuito de casinos, salas de fiestas y hoteles de lujo de aquellos países. Grupos que aquí no le suenan a nadie hacían largas giras por todos aquellos países y ganaban muchísimo más dinero. Beirut era el centro de todo, la gran ciudad cosmopolita de la zona.

Da la sensación de que la música italiana entonces era tan importante como la norteamericana…

Creo que es una percepción objetiva, después de manejar muchas revistas y libros de la época: antes de la penetración avasalladora de la música norteamericana, los músicos italianos tenían muchísima presencia en nuestro país e influyeron poderosamente en los artistas nacionales. También los franceses, aunque un escalón por debajo. Por lo demás, las buenas canciones son eternas y suenan igual de bien ahora como hace cincuenta años.

¿Qué hay de usted, de sus gustos y pasiones en esta novela?

Me interesan mucho los músicos como personajes, quizá porque los veo desde fuera, porque he conocido a muchos a través de mi trabajo y el suyo me parece un mundo tan apasionante como difícil.

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