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Luis Landero: "¿Un imposible? Querría que mi padre volviese a la vida 5 minutos"

El novelista extremeño, nacido en 1948, autor de obras inolvidables como ‘Juegos de la edad tardía’, presentó en Zaragoza ‘Lluvia fina’ (Tusquets).

Luis Landero investiga los odios ocultos de una familia.
Luis Landero investiga los odios ocultos de una familia.
José Miguel Marco

'Lluvia fina' nace de una noticia de periódico. Una tragedia familiar. Eran cuatro líneas. Sencillamente, una familia se había reunido para celebrar una fiesta y aquello había acabado con muertos y heridos. Malamente. De pronto, no sé qué pasó, algo tuvo que ocurrir dentro de mí, andaba con otro proyecto, y se me reveló la novela. “¡Qué historia, qué historia!”, me dije", dice Luis Landero, que presentó su nueva novela en el IAACC Pablo Serrano.

¿Qué se dijo, qué vio ahí?

Una familia que se reúne para celebrar algo, una familia que se ve poco, sus miembros andan por ahí desperdigados, y de golpe empiezan a surgir todas las pequeñas cositas, que estaban ahí desde la infancia, desde la adolescencia, los pequeños agravios, ofensas y heridas que no acaban de curar, deudas que no aciertan a saldarse. Todo esto empezó a crecer a crecer, y se me ocurrió el título: la acción y el drama me parecieron como una ‘lluvia fina’.

El título es mucho más poético que el contenido del texto, porque este es un libro sobre el rencor, la mala sangre.

Efectivamente. Es un libro sobre la mala sangre, pero ‘Lluvia fina’ parece que es un título que da cuenta de lo que ahí ocurre, ¿no? Esa ‘lluvia fina’, que también existe en las parejas, pertinaz, inquietante, invasora. Me planteé una madre, de 80 años, con un hijo varón y dos chicas. Me surgió el personaje de Aurora, que es fundamental: ella es el filtro a través del cual se puede contar la historia y desbrozar la conciencia de todos. Es como una voz delegada de escritor que ha investigado mucho, clave para la estructura.

¿Cree que en las familias existe ese arsenal de rencores?

Quizá no. Pero en una obra de ficción, en una novela, hay que subrayar, hay que exaltar, hay que cargar un poco las tintas. Es natural. Hay que exagerar un poco para conseguir una historia, aunque a veces los traumas están ahí. Si a eso se suma el victimismo, que está tan de moda ahora...

¿Hay algo que Luis Landero no haya perdonado todavía?

No, no. Ya tengo una edad. Aunque no olvide, puedo perdonar o eludir el rencor y la mala sangre. Por ejemplo, sí me ensombrecen las relaciones con mi padre, que fueron muy agrias a veces…

Su padre, si no me equivoco, estuvo en la batalla de Teruel.

Sí. Lo cuento en ‘El balcón de invierno’. No nos entendíamos porque mi padre quería que yo (era el único varón y tengo tres hermanas) fuera médico, abogado, que fuese alguien en la vida. Puso en mí todas las esperanzas y todas sus frustraciones, también. Se esforzó mucho. Me mandó interno a un colegio para que yo fuese un gran hombre.

¿Llegaron a reconciliarse?

No. Mi padre se murió cuando yo tenía 16 años. Ya no nos hablábamos. Yo era un auténtico macarra de barrio, un golfo, me gustaban las motos, las chicas, el tabaco rubio norteamericano. Lo que no me perdono a mí mismo, no a nadie, es no haberle agradecido a mi padre todo lo que hizo por mí.

¿Qué sabe de él?

Vino a Zaragoza y estuvo en la Compañía de Tanques y Carros de Combate. El bando nacional lo condenó a muerte; mi abuelo, con cartas de recomendación, entre ellas una de Queipo de Llano, logró salvarle la vida.

¡Vaya historia!

La agria relación con él es una de la penas que arrastro. Es algo imposible de cumplir, pero querría que mi padre regresase a la vida cinco minutos y que hablásemos. Lo de Teruel no me lo contó nunca. Lo supe por sus cartas y por lo que me dijo mi madre.

Pero luego se hizo guitarrista.

Sí, aprendí a tocar más o menos bien. Toqué dos días en El Oasis. Llevábamos de estrella a Carmen de Veracruz, mexicana. Vinimos aquí, y contratamos a una jotera y luego fuimos a Calatayud.

¿Y después qué pasó?

Apareció Paco Lucía y me retiró. ¡Qué manera de tocar!

¿Esa familia a la deriva, violenta, sería una imagen de España?

Soy un escritor, alguien que busca su voz y su estilo, un contador de historias de seres humanos que defiende los valores de la literatura. Los libros los completa y los enriquece el lector.

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