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Ocio y Cultura

Triunfo menor de Luque en la corrida de San Jorge

El coso zaragozano abría temporada con una nueva empresa explotadora. El aforo se llenó a la mitad.

El diestro sevillano Daniel Luque, que paseó la única oreja de la tarde, obtuvo un triunfo de escaso calado en la corrida celebrada en la plaza de toros de Zaragoza con motivo de la festividad de San Jorge, Patrón de Aragón.

La forzosa caída del cartel de Morante de la Puebla, anunciado en principio para estoquear mano a mano con Finito de Córdoba una corrida de tres hierros distintos, generó durante los días previos no pocos temores sobre la asistencia de público a la corrida del día de San Jorge, con la que abría temporada la nueva empresa del coso zaragozano.

Se pensaba que la ausencia del sevillano restaría público en las taquillas y en los tendidos de la Misericordia, pero a la hora de la verdad, ya antes de que arrancara el paseíllo se produjo una de las mejores noticias del festejo: el aforo de la plaza se veía cubierto en su mitad, un dato positivo si se tienen en cuenta los desoladores precedentes de la pasada temporada.

Y además se trataba de un público con ganas de fiesta y con una actitud amable y receptiva para con los toreros, hasta el punto de que jaleó y quiso premiar con generosidad las dos únicas faenas de mediano lucimiento que se vieron en toda la tarde, ambas con la firma de Daniel Luque.

Al joven espada de Gerena, que sustituía junto El Cid al también sevillano Morante, le correspondió en primer lugar, tercero en el orden de lidia, el mejor toro de la corrida, un ejemplar de Juan Pedro Domecq de gran clase en sus embestidas.

"Garrafa", que así se llamaba el astado, tuvo en cambio calidad de "gran reserva" en su comportamiento, aunque algo limitado por sus no sobradas fuerzas.

Pedía el toro de Juan Pedro Domecq que se le toreara con pulso, temple y trazo limpio, lo que no siempre encontró, pues Luque estuvo más brillante en el toreo complementario que en el fundamental.

Fueron buenos los remates de cada tanda, con trincherillas, desdenes y cambios de mano de bella factura, pero no tanto los naturales y los derechazos, que no apuraron como merecía la calidad del astado.

Aun así, tras unos pases de adorno de su invención, bautizados como "luquesinas", Luque hubiera cortado una oreja de no haber pinchado en el primer intento con el acero.

Sí que la cortó del sexto, un manso en permanente busca de la salida, hasta que el matador por fin lo sujetó con muletazos por abajo en el inicio de una faena en la que, a tiro hecho y confiado en la nobleza del animal, se metió en la cortísima distancia para resolver una labor tan efectista como efectiva, pues le valió el único trofeo de la tarde.

Finito de Córdoba, el único torero anunciado originalmente en el cartel, puso más técnica que entrega en dos trasteos a toros de Cuvillo y Domecq en los que no se le vio cómodo, tanto por la aspereza de uno como por la corta arrancada del otro. Aun así, dejó para saborear un majestuoso inicio de faena al cuarto.

Al Cid le cupieron en suerte dos toros manejables, un primer de Cuvillo muy noble y justo de fuerzas y otro de Vellosino grandón y mansote, ante los que mantuvo casi las mismas precauciones y con los que dejó ver una palpable y preocupante falta de confianza.

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