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Ocio y Cultura

Soledad Puértolas: "No me gusta la palabra empoderamiento. Viene de 'poder'. Es un término que define esta sociedad"

Premios Planeta, Anagrama de Ensayo y de las Letras Aragonesas, académica de la RAE y presidenta del Real Patronato de la Biblioteca Nacional, ‘Chicos y chicas’ es el sugerente título de su último trabajo literario.

Llegar a donde usted ha llegado no es fácil. La pregunta parece obligada: ¿qué ha dejado por el camino?

No me he planteado la vida como un camino para llegar a una meta, al éxito. Solo he buscado algo que le diera sentido a todo. Aún sigo buscando.

Y ¿cuántas veces se ha quedado a las puertas por ser mujer?

Lo que más he envidiado de los hombres es su capacidad de ir solos por la calle, de entrar en un bar, en un restaurante… Siempre he encontrado a alguien que me ha valorado, y eso me ha asombrado profundamente. ¿Hasta qué punto me ha afectado el hecho de ser mujer? En el ámbito en el que me muevo, es difícil decirlo. Lo que sí es cierto es que lo que escriben las mujeres no suele obtener la misma valoración que lo que escriben los hombres. Y me parece incomprensible.

Son muy pocas académicas (8 de 46). Harán piña…

Soy amiga de las académicas, de una en una y, a veces, de dos en dos, o de tres en tres… Pero cada una es un mundo, como sucede con los académicos. En unas cosas estoy de acuerdo con unos y en otras con otros.

Las conductas sexistas rebrotan con fuerza en las aulas, entre los más jóvenes...

Vivimos en una sociedad donde los valores que predominan son de tipo material. El éxito es el baremo. Eso es terrible. La fuerza, la superioridad, el estar por encima de los otros… Todo eso es un terreno de cultivo para el machismo.

Supongo que en el ambiente literario el machismo brilla por su ausencia... ¿O también lo contamina?

A la hora de valorar lo que escriben las mujeres, el machismo es evidente. En el trato personal, depende de las personas. Los hombres y mujeres con los que me relaciono no son machistas.

El empoderamiento de la mujer, el de las niñas... ¿No tenemos una palabra más nuestra? Desde luego, suena mejor en inglés...

No me gusta la palabra. Viene de ‘poder’. Es un término que define esta sociedad.

Usted defiende eliminar el significado sexista de las palabras. Me viene a la cabeza ‘cocinillas’... ¿Nos estamos obsesionados con el lenguaje inclusivo? ¿No nos quedamos en la forma mientras se nos escapa el fondo?

La primera acepción de la palabra ‘cocinillas’ –hombre que se entromete en las tareas de la cocina…– presupone que es la mujer quien se hace cargo de ellas. Es un juicio de valor. El reto del actual diccionario es eliminar los juicios de valor. Me parece importante. Hay que hacer un esfuerzo por definir bien las cosas.

No puedo evitarlo. ¿Qué es un ‘machirulo’? Usted quería incluir esta palabra en el diccionario.

Propuse que se estudiara la palabra porque la había oído –y leído– varias veces. Según me han informado algunos hablantes, la palabra se ha aplicado a las chicas que tenían un comportamiento masculino y se pronunciaba en tono afectivo. En la actualidad, algunas jóvenes la emplean para referirse a chicos que presumen y alardean de ser hombres, machos. Ha ampliado su significado. A lo largo de la historia, ha sucedido con muchas palabras.

¿Está igual de bien vista la ambición en un hombre que en una mujer?

La ambición se ha considerado un valor masculino. Está dentro del tipo de categorías que están evolucionando. Hay hombres que carecen de ambición. Hay mujeres ambiciosas. Debemos ser mucho más complejos a la hora de categorizar, de definir.

‘Chicos y chicas’ es el título de su última obra...

Era algo que, en mis tiempos, se decía mucho. Me hace gracia, porque es un desdoblamiento perfectamente instalado en la lengua.

Lea el resto de las entrevistas del Especial "Aragonesas de presente y futuro"

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